Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"Semana de las Escuelas Católicas: Un tiempo para reflexionar sobre una noble y rica herencia"


por el Sr. Obispo Mons. Blase J. Cupich

(Del edición 13 enero 2011 del Inland Register)

¿”Porqué los católicos tienen sus propias escuelas? Porqué tener todos los problemas y gastar todo ese dinero en algo que es dado sin costo a cargo del estado”?

Un estudiante de la escuela secundaria me propuso esta pregunta hace algunos años durante una de mis visitas a su escuela católica. Fue una buena pregunta. Con ella, el marco un buen punto. El estado asigna sumas grandes de dinero cada año para la educación pública y proporciona un sólido programa académico a todo nivel. ¿Por qué la Iglesia católica debe molestarse en hacer algo igual tratando de reproducir o competir con estos esfuerzos?

Mi respuesta para él fue simple: “nosotros entendemos que las escuelas católicas son parte de nuestra misión; han existido mucho antes que hubiera un sistema escolar público, y además, somos muy hábiles en él.”

Las escuelas católicas son parte de nuestra misión.

La Iglesia católica ve las escuelas como algo más que instituciones que conceden grados a los estudiantes de manera que puedan trabajar en algo. Se evalúa la educación más allá de una ganancia económica, más que una contribución a rentable. Las escuelas según nuestra rica tradición mantienen “en confianza” todo el conocimiento acumulado a través de los siglos, sobre cómo vivir la vida que Dios nos ofrece y cómo promover una cultura que refuerza nuestras vidas unidas en la sociedad. Como guardianes sagrados de esta herencia, nuestras escuelas apuntan a preparar a nuestros estudiantes no sólo para un trabajo, sino para vivir aquí en la tierra, y para la vida eterna. Apuntamos a educar a la persona entera, que está llamada a amar a Dios con “todo su corazón, su mente, su alma, y sus fuerza y amar al prójimo como a sí mismo.”

Hemos estado en esto por largo tiempo.

Las Escrituras del Nuevo Testamento dan una evidencia clara, que la Iglesia en los primeros tiempos se vio como una comunidad educativa, organizada para pasar la fe, completo con maestros, plan de estudios, y una pedagogía. Esta tradición educativa eventualmente dio lugar a las primeras universidades, instrucción que ofreció un gran rango en artes y ciencias. Así también antes que el estado tomara y ofreciera la educación pública, las órdenes Religiosas en una sociedad dominada por varones promovieron la educación para niñas y mujeres, los pobres y los que no poseían privilegios. De nuevo, la Iglesia tomó esta tarea convencida que la educación de la persona en su totalidad era parte de su misión, para traer a las personas a Dios.

Somos muy buenos en esta tarea.

Una revisión de las pruebas anuales, en la admisión a las universidades el recuento y totales de beca han sido otorgadas fácilmente a estudiantes de escuelas católicas en un gran numero en los más altos niveles. Éste no es para reducir el buen trabajo que hacen las escuelas públicas, pero hay una consistencia en las escuelas católicas que no se producen en otra parte. Las escuelas católicas mantienen una tabla de normas muy altas, y lo hace así a un fragmento de los costos, cuando se compara a otros sistemas escolares. Muchos de estos bajos costos son debido a la generosidad y sacrificio de nuestros maestros y empleados. Nunca debemos pasar por alto que cada año éstos dedicados mujeres y hombres contribuyen a la educación de nuestros niños aceptando sueldos más bajos y asumiendo además muchos deberes que les son agregados. Ellos de muchas maneras sirven en la tradición de las Religiosas y Religiosos, que construyeron la tradición escolar católica en nuestro país.

Todo esto me lleva a sugerir que todos durante este mes tomemos un momento para darle gracias a Dios por todo lo que hemos recibido, a través de nuestras escuelas católicas y los maestros especializados y empleados que los han operado. Es también un tiempo para considerar el envió de una nota de gracias, con un generoso cheque, a la escuela católica en nuestra ciudad o parroquia, para hacerles saber que cuentan con nuestro apoyo. Es también un recordatorio para nosotros, que nuestras Escuelas católicas son un recurso compartido del que todos nosotros somos beneficiados, cuando ellos sostienen “en confianza” una larga y orgullosa tradición de enseñanza que viene desde el envió de Jesús a los apóstoles, “vayan, enseñen a todas las naciones.”

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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