Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"El chisme no es el Evangelio"


por el Sr. Obispo Mons. Blase J. Cupich

(Del edición 19 mayo 2011 del Inland Register)

Un escritor nacional muy conocido una vez dijo que “el chisme es la joya brillosa en la corona de la democracia.” Ella dijo que nuestro derecho a hablar no solamente hace el chisme posible sino inevitable.

Cuando escuché este comentario me di cuenta que había algo malo ahí, o que por lo menos a esa inter-pretación de los dere-chos democráticos le faltaba algo.

Mi experiencia como pastor me dice que tal “defensa” del chisme no se fija en el daño que el chisme le causa a la gente, especialmente cuando el chisme difama el buen nombre de las personas. También yo creo que el chisme daña a nuestra sociedad e instituciones.

Claro, hay diferentes clases de chisme. El más serio y malo se llama calumnia. La calumnia es una mentira total, y su meta es destruir o dañar la reputa-ción de otro u otras personas. Esta es la forma de chisme más terrible porque esta mentira le permite a otras personas hacer un juicio falso acerca de la víctima. Reparar el daño de una calumnia es casi imposible. ¿Recuerdan ustedes que las monjitas nos explicaban esto en la clase de catecismo comparán-dolo con lo difícil que es recoger todas las plumas que se han salido de una almohada cuando hace mucho aire?

Una segunda clase de chisme tiene que ver con verdades a medias, o mejor dicho cuando se juzga rápidamente. Esto significa asumir como verdadero que una persona es culpable cuando no se tiene toda la información. Todos nosotros recordamos esos juegos de niños cuando se murmura algo quedito al oído de otra persona y eso que se murmuró se lo van pasando de persona a persona hasta que al final la última persona escucha algo totalmente diferente de lo que se murmuró al principio.

Por ejemplo: John salió a caminar en un día de invierno, John salió y se resbaló en el hielo, John se quebró su pierna, John está minusválido para toda la vida, John nunca va a caminar otra vez.

Pero desgraciadamente esta clase de chisme basado en verdades a medias no es chistoso. Verdades a medias con el tiempo llegan a ser mentiras completas y se daña la buena reputación de una persona.

Pero la clase más común de chisme es cuando se revela sin ninguna razón válida los errores de alguien más a otras personas que no los saben. A esta clase de chisme normalmente se le llama detracción. Nosotros destruimos la reputación de alguien más al divulgar información que a otros no les interesa. Esa información divulgada no va a beneficiar ni a la sociedad ni mucho menos a la víctima.

Tal vez esta es la clase de chisme más común porque las personas se han convencido que esto tiene justificación. Después de todo lo que se le está diciendo a las personas no es mentira.

Pero la pregunta es, ¿esto que se está diciendo es la verdad total de esa persona? ¿Son nuestras fallas y defectos la verdad total de lo que nosotros somos? Me imagino que a ninguno de nosotros nos gustaría poner nuestros nombres al final de estas preguntas.

San Pablo puso esto en una perspectiva diferente cuando él les escribió a la gente de Corinto acerca del chisme. El dijo que el chisme va en contra de la caridad – “el amor no se alegra en los errores de otros.”

El Catecismo de la Iglesia Católica nos ayuda a entender la seriedad de todas estas clases de chisme. El chisme “… destruye la reputación y el honor de nuestro vecino. El honor es el testigo social que se le da a la dignidad humana, y todas las personas tienen el derecho al buen honor y reputación de su nombre y esto tiene que ser respetado. Entonces la detracción y calumnia son ofensas en contra de las virtudes de la justicia y de la caridad.” (CCC#2479)

Así como nosotros defendemos el derecho a la vida, así también nosotros debemos defender el derecho que todas las personas tienen al respeto y la buena reputación. A la larga el chisme daña nuestro sentido de solidaridad humana porque nos convierte en un mundo lleno de “ellos” y “nosotros”.

Tal vez por eso reaccioné negativamente cuando escuché que la escritora se refirió al chisme como la joya brillosa en la corona de la democracia. ¿Qué acaso no los documentos de la constitución de nuestro país ofrecen como razón de la democracia lo siguiente: “para formar una más perfecta unión”?

Cuando el chisme nos divide no da ningún beneficio a la democracia. En lugar de llamar al chisme la joya brillosa, tal vez sería mejor llamarlo la joya sucia que necesita ser limpiada para que la corona de la democracia y nuestra vida de fe en la Iglesia pueda brillar como se debe.

- Tradujo Padre Miguel Mejia


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