Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"Pensamientos de Primavera en el Otoño"


por el Sr. Obispo Mons. Blase J. Cupich

(Del edición 17 noviembre 2011 del Inland Register)

Este Otoño ha sido llamado “la primavera Árabe,” y ha dominado los noticieros este año pasado. Ha sido emocionante ver como dictarías en Egipto, Yemen y Libia han terminado. Algunos se preguntas si Siria es la siguiente en caer. Todavía no se sabe si estos movimientos políticos transformarán la región en estados que garantizarán la dignidad de las personas humanas y la libertad religiosa. ¿O la primavera Árabe se convertirá en un invierno lleno de violencia y desorden?

Hace 20 años con la caída del Muro de Berlín y el final de la guerra fría, vimos una primavera similar en Europa Central y Oriental. El bendito Papa Juan Pablo II le pidió a los católicos de Estados Unidos y de Europa Occidental proveer ayuda para reconstruir la Iglesia en esos países que habían sufrido años de represión. A través de la colecta anual para la Iglesia de Europa Central y Oriental los católicos de los Estados Unidos han proveído más de 100 millones para este esfuerzo.

Hace un año el Cardenal Justin Regali, quien es la cabeza del subcomité de la conferencia de Obispos de los Estados Unidos que cuida de esta colecta, me invitó para servir como miembro y para planear una visita anual a cualquiera de los 28 países que ayudamos.

Este Otoño visité Polonia y Ucrania. La Iglesia en estos dos países han avanzado extraordinariamente en la reconstrucción de sus edificios y sus recursos humanos por la generosidad de los católicos Americanos.

Nuestros esfuerzos en Polonia se han enfocado más en apoyar la educación de los Sacerdotes y el desarrollo de liderazgo. La Iglesia en Ucrania necesita ayuda financiera para seguir construyendo lugares de oración, seminarios, y otros edificios porque toda su propiedad fue confiscada por el gobierno Soviético. En realidad la Iglesia Católica Griega de Ucrania fue prohibida y se les forzó a vivir escondidos por 45 años. Obispos y sacerdotes fueron arrestados y muchas veces martirizados. Los Obispos y los sacerdotes fueron ordenados a escondidas. Los fieles se reunían para hacer oración en casa privadas también a escondidas. Estos católicos tuvieron un invierno que duro casi la mitad de un siglo.

Regresé de mi viaje con memorias muy bonitas pero hay una que me impresionó de manera especial. Un Obispo joven de una diócesis pequeña me invitó a visitar su centro pastoral. El edificio fue alguna vez el centro de la KGB, la policía secreta de la Unión Soviética. Cuando el gobierno de Ucrania le regresó el edificio a la Iglesia, se recomendó que se usara para una escuela, pero el Obispo tenía otros planes. El me dio un tour del primer y segundo piso que han sido renovados con nuestra ayuda. Después él me llevo al sótano. Ahí él me enseñó las celdas donde la KGB encerraba y torturaba a sus prisioneros. Fue sorprenderte ver esas puertas tan gruesas con unos pequeños agujeros para la comida y pasar mensajes. Fue sorprendente leer escritos en las paredes de las celdas y oler ese aire tan pesado.

El Obispo me dijo que él quería dejar el sótano tal y como lo encontró. El quería que las generaciones futuras supieran que si la Iglesia podía continuar su trabajo en las oficinas pastorales era por los sacrificios y la represión de las personas que fueron encarceladas en el sótano. El no quería que nadie se olvidara de estas personas que habían pagado un precio tan grande para mantener la fe viva y por la libertad que ahora se goza.

Las situaciones en estos países han mejorado en las últimas dos décadas; sin embargo, me es claro que ninguno de nosotros debe dejar de valorar estas cosas. El peligro de perder la libertad religiosa existe todavía. Hay fuerzas interiores y exteriores que ponen en peligro el progreso que se ha hecho. Es por eso que el Obispo ha querido dejar el sótano como está para recordarle a la gente que la libertad no es gratis.

Se me ocurrió que el reporte de mi viaje a Polonia y Ucrania sería una manera apropiada para darnos cuenta de lo que celebramos en nuestra fiesta anual de Acción de Gracias. Claro que nosotros damos gracias por la cosecha del Otoño, por la tierra y las bendiciones que recibimos. Pero esta fiesta Americana es un recuerdo que nunca debemos olvidar el valor de la libertad que nosotros tenemos. La Primavera que otros están experimentando en este momento, nosotros la tenemos todo el tiempo. Por eso nunca se nos debe olvidar ser agradecidos.

- Tradujo Padre Miguel Mejia


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