Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"Manteniéndose Civil "


por el Sr. Obispo Mons. Blase J. Cupich

(Del edición 15 marzo 2012 del Inland Register)

Al pie de esa cruz, adentro de miles de Iglesias en toda la ciudad, me imaginé historias comunes de los negros combinándose con las historias de David y Goliat, Moisés y el Faraón, los cristianos en la guarida del león, y el campo de huesos secos de Ezequiel. Esas historias – de sobrevivencia, y libertad, y esperanza – se convirtieron en nuestra historia, mi historia; la sangre que se había derramado era nuestra sangre, las lágrimas nuestras lágrimas; hasta que esta iglesia negra, en este día brillante, parecía una vez más, un buque cargando la historia de un pueblo hacia futuras generaciones y a un mundo más grande.

— Sueños De Mi Padre, por Barack Obama

El 10 de Febrero el Presidente Obama anunció lo que funcionarios administrativos están llamando una “adaptación” a la decisión anterior del Departamento de Salud y Servicios Humanos (H.H.S., sus siglas en inglés) de los Estados Unidos de definir estrictamente la exención de la conciencia de las entidades religiosas que ofrecen cobertura de seguro a sus trabajadores. Al tiempo de escribir estas líneas, los detalles de esa “adaptación” no han sido completamente estudiados. Se requiere de cuidado para examinar lo que esta mayor articulación de la política del gobierno va a significar en la práctica.

La reacción inicial de los líderes de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (U.S.C.C.B., sus siglas en inglés) a las observaciones del presidente ha sido comprensiblemente cautelosa pero optimista, señalando que este desarrollo representa una oportunidad para el diálogo para resolver las dificultades. Parte de ese optimismo puede provenir de lo que el Sr. Obama no dijo. Es notable que él no hiciera referencia alguna a la distinción hecha anteriormente por el H.H.S. entre “empresarios sin fines lucrativos basados en creencias religiosas” y “empresarios religiosos.” Parece que se ha evaporado. El presidente sólo mencionó “instituciones religiosas,” incluyendo inequívocamente en ese término a las entidades que están “afiliadas” con una iglesia, “como los hospitales y universidades católicas.” La importancia de colapso de los términos originalmente distinguidos por la H.H.S. no puede ser exagerada. Aunque los Obispos de Estados Unidos con razón se opusieron a la imposición del gobierno de cobertura de seguro y procedimientos que son moralmente inaceptables, la cuestión central a raíz de la decisión del 20 de enero de la H.H.S. fue que el gobierno – hasta ahora específicamente ha evitado hacerlo por la Constitución y por más de 230 años de precedentes de corte –no decidiría lo que significa para cualquier iglesia ser iglesia y lo que define el ejercicio lícito de la religión. Al final, como lo puso un editorial reciente de América (2/13), las iglesias se verían obligadas a “funcionar como sectas, limitadas a la celebración de sus propias devociones en los márgenes de la sociedad.”

Claramente, como lo señala la U.S.C.C.B., el anuncio que hizo el viernes el presidente da la oportunidad de resolver la dificultad presente. Pero yo creo que una oportunidad más grande está frente nosotros – es decir, tener un diálogo fundamental que es más profundo y de una manera más prolongada sobre el papel de la religión en la sociedad en general y la naturaleza de la libertad de religión en particular, especialmente cuando se aplica a los ministerios de caridad, salud y servicio social basados en la fe en los Estados Unidos. Yo también creo que el presidente, basándose en su experiencia personal con las iglesias, las que él citó una vez más el 10 de febrero, no sólo tiene el potencial, sino también la responsabilidad de hacer una importante contribución a este debate más sostenido y expansivo.

Cuando Barack Obama, como candidato, abordó el tema del racismo en un discurso histórico titulado: “Una Unión Más Perfecta,” dado en el National Constitution Center en Filadelfia el 18 de marzo, 2008, se basó en las conmovedoras palabras de su libro Sueños De Mi Padre, citadas arriba. Por supuesto, el contexto era los comentarios controversiales de su antiguo pastor, el Rvdo. Jeremiah Wright, un hombre de quien, el Sr. Obama dijo, “me ayudó a introducirme en mi fe cristiana, un hombre que me habló de nuestras obligaciones de amarnos los unos a los otros; de cuidar a los enfermos y ayudar a los pobres...y quien por más de treinta años ha dirigido una iglesia que sirve a la comunidad haciendo el trabajo de Dios aquí en la Tierra – dando hogar a los desamparados, prestando servicios a los necesitados, dando servicios de cuidado de niños y becas, y los ministerios de la prisión, y acercándose a los que sufren de VIH/SIDA.”

Lo que los católicos y otros creyentes que se oponen a la sentencia de H.H.S. estaban diciendo, en efecto, fue simplemente esto: La Iglesia que dio la inspiración para la fe cristiana al Sr. Obama ya no sería considerada como una iglesia que califica para una exención concienzuda si continúa sirviendo a “la comunidad haciendo el trabajo de Dios aquí en la Tierra – dando hogar a los desamparados, prestando servicios a los necesitados, dando servicio de cuidado de niños y becas, y los ministerios de la prisión, y acercándose a los que sufren de VIH/SIDA.” La iglesia que cautivó la imaginación del Sr. Obama podría ser limitada en la forma en que funciona como “un buque cargando la historia de un pueblo hacia futuras generaciones y a un mundo más grande.”

Del mismo modo, cuando el Sr. Obama contó el relato de su jornada de fe, los católicos entendieron, porque nosotros también tenemos un relato, una historia. Las historias bíblicas de sobrevivencia, libertad y esperanza, que se convirtieron en su historia, han inspirado a las personas católicas y a las comunidades religiosas a llevar la palabra salvadora de Dios al mundo no sólo a través de obras privadas sino también por el establecimiento de instituciones en donde no hay ninguna. El arco largo de la historia que relata el abrazo de la Iglesia Católica a la gente de diferentes credos y de ninguno proveyendo salud, educación y bienestar en la sociedad es tan indiscutible como impresionante. Continuamos en nuestro día escribiendo el próximo capítulo de esa historia sirviendo a la gente en estas diversas formas que llamamos ministerios, no porque ellos son católicos, sino porque nosotros somos católicos y esto es lo que Cristo quiere.

Hace tres años a la fecha de la decisión de H.H.S., el presidente Obama nos recordó en su discurso inaugural “que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Somos una nación de cristianos, musulmanes, judíos, hindúes, y no creyentes. Estamos formados por cada idioma y cultura.” La iglesia haciendo el trabajo de Dios aquí en la tierra por medio del servicio a la comunidad, no sólo es una gran parte de esa herencia multiétnica, pero muchas veces la ha mantenido unida.

Mi intención al señalar los puntos paralelos entre las palabras del Sr. Obama y aquellos de nosotros que estábamos profundamente consternados por la decisión de H.H.S. es simplemente ofrecer algunos puntos en común que puedan forma tanto al diálogo que debe llevarse a cabo para extraer los detalles tras el anuncio del presidente el 10 de febrero y la más amplia discusión nacional sobre el papel de la religión en la sociedad. Para empezar, ese sistema debe tener en cuenta lo siguiente:

1. El reconocimiento de que el desafío para el libre ejercicio de la religión no proviene solamente de la administración, sino también de las cortes y las legislaturas. Las limitaciones puestas sobre las actividades de las entidades religiosas han sido una preocupación creciente por más de una década.

2. Mientras la decisión de H.H.S. fue un síntoma de lo que está sucediendo en todo el país debido a las acciones de los poderes legislativo y judicial, que fue de mucha importancia, ya que afectó a todas las instituciones religiosas a nivel federal. Debe haber renuencia a hacer una política nacional tan inflexible que no tenga en cuenta la diversidad del país.

3. Relacionado a esto, el estado debería considerar cuidadosamente las contribuciones históricas de las organizaciones religiosas a la sociedad y cómo esta herencia ha marcada su identidad antes de intentar hacer distinciones que descalifiquen a una organización religiosa de una exención de libre conciencia.

4. Un retorno a la civilidad será necesario para que nosotros aprovechemos plenamente las oportunidades que este nuevo desarrollo nos ofrece. Mientras que el ultraje de la decisión de H.H.S. era incomprensible, a lo largo, amenazas y condenaciones tienen un impacto limitado. Los líderes tienen una responsabilidad especial en este sentido. Siempre deben desconfiar de dejar que una situación escale a un grado indeseable, sobre todo si tiene el potencial de causar un daño duradero a la iglesia y a la nación, y peor aún, afecta desproporcionadamente a los más pequeños entre nosotros.

5. Nunca debemos dejar de hablarnos el uno al otro. A pesar de que las garantías dadas el 10 de febrero de que el plan de la administración todo el tiempo fue para que el gobierno y la iglesia trabajen juntos para resolver los conflictos del mandato de la H.H.S., la impresión era que la puerta del gobierno estaba cerrada y que de la iglesia dependía arreglar un problema que ella no había creado. Si eso fue un error de percepción, las conversaciones hubieran podido al menos aclararlo.

6. De igual manera, la iglesia debe hacer todo lo posible para aclarar las tergiversaciones acerca de sus intenciones. Por obvias razones, la iglesia se opondrá a verse obligada a participar directamente en actividades que violan las enseñanzas religiosas, especialmente cuando ya existen vías alternativas. Sin embargo, al hacerlo la iglesia no está tratando de imponer su voluntad a los demás. Comentando sobre el lugar de la doctrina social católica en el debate público, el Papa Benedicto XVI inequívocamente declaró en su primera encíclica, “Dios Es Amor”: “No tiene intención de dar a la iglesia poder sobre el estado. Menos aún si se trata de un intento de imponer a aquellos que no comparten la fe las formas religiosas de pensar y modos de conducta propios de la fe. Su objetivo es simplemente ayudar a purificar la razón y a contribuir, aquí y ahora, al reconocimiento y el logro de lo que es justo.”

7. Finalmente, aunque esta controversia ha sido dolorosa para la nación y para la iglesia, ha puesto de manifiesto la importante contribución que la religión hace al bien común. En una época que ha visto no solo la erosión del libre ejercicio de la religión a través de las leyes, los reglamentos y las decisiones de la corte, como también los intentos de marginar las voces de los creyentes, comentaristas de varias perspectivas y políticos de diferentes tendencias han tenido que lidiar con el papel de la religión en la sociedad. Sería un error dejar que el próximo tópico del ciclo de noticias nos distraiga de explorar más a fondo este importante tema, un tema que amerita el primer lugar en nuestra Declaración de Derechos.

El tipo de vitalidad compartida que inspiró la contribución histórica del candidato Barack Obama al diálogo nacional sobre el racismo podría sernos útil, tanto a corto como a largo plazo. Con la claridad y convicción él declaró convincentemente sus propios principios sobre la religión en la sociedad, con las cuales estamos de acuerdo. Ahora el desafío es tanto para el gobierno y el liderazgo de la iglesia para aplicarlos en ésta y en futuras situaciones de nuevo y con respeto mutuo.

(This article originally appeared in English in America magazine.)

- Tradujo Padre Miguel Mejia


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