Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"Llamados a servir"


por Señor Obispo Blase Cupich

(Del edición 19 abril 2012 del Inland Register)

(Esta es una versión adaptada de la homilía que Nuestro Señor Obispo Cupich dio en la Misa Crismal de este año).

Hace años la comunidad más larga de sacerdotes en el mundo era Priestsblock 25487 y tenía 2,500 sacerdotes. Estaba en el campo de concentración en Dachau. Uno de los presos, el Padre Jean Bernard, documentó en un diario la tortura de los sacerdotes, incluso hasta el punto de relatar cómo los Nazis coronaban a los sacerdotes con alambre de púas en sus cabezas y los crucificaban. En 2004, un director de cine alemán consiguió ese diario y produjo una película llamada El noveno día. En la película el sacerdote autor recibe el nombre ficticio de Abbe Kremer. En un momento dado, se prometió su libertad por el jefe de la Gestapo, el oficial Gebhardt, si él cooperará con los Nazis. Para ganarse la confianza del sacerdote, Gebhardt, que tenía mucho tiempo desde que renunció a la fe católica, confiesa que alguna vez fue seminarista, pero abandonó el seminario dos días antes de su ordenación sacerdotal para entonces retomar su carrera en la administración Nazi. “Fue su deseo de mi madre,” reveló el oficial de la SS, “el querer ser un sacerdote, a fin de tener un dignatario en la familia”.

Abbe Kremer le respondió: “Pero, señor, los sacerdotes son siervos, no dignatarios, y mi madre lo sabía”.

Abbe Kremer y su madre, Madame Kremer, sabían sobre el Jesús de quien oímos hoy en el Evangelio de Lucas en esta Santa Misa Crismal, quien entraba en la sinagoga de su ciudad natal y se proclamaba un siervo. Nuestros sacerdotes también saben de este mismo Jesús. Desde el día de su ordenación, cuando ellos dicen “presente” o “adsum”, los sacerdotes han servido con generosidad y dedicación. Recordamos nuestro primer momento de ser sacerdotes con la renovación de las promesas sacerdotales en esta Eucaristía. Mientras que la Misa Crismal tiene un significado especial para nuestros sacerdotes, es, ante todo, una fiesta para toda la Iglesia. Este pasaje del Evangelio es nada menos que el discurso inaugural de Jesús, y proporciona a toda la iglesia de un punto de referencia de cómo continuar el servicio de Cristo en el mundo.

Lucas nos dice que Jesús comenzó su servicio de enseñanza. Los evangelios están repletos de historias de Jesús, el maestro, conocido especialmente por su confianza y paciencia. Estas dos cualidades son necesarias ya que tienen el objetivo de acercar a las personas a una participación plena en la vida de Dios, que comienza con aprender a vivir juntos aquí en la tierra. Como el Catecismo lo dice, hay una semejanza entre la Unión de las personas divinas, la vida de la Trinidad a la que estamos llamados, y la solidaridad que los seres humanos establecen entre sí en la verdad y el amor. Para Jesús, una sociedad justa es esencial para el cumplimiento de la vocación humana para compartir en la vida de Dios. (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, #1878 y #1886).

Enseñar cómo se conectan nuestras vidas con Dios y una sociedad justa es el servicio de Jesús predica desde su primer día de trabajo y que nos invita a compartir en nuestros días.

Es por esto que, en este año electoral que quiere reducir sistemáticamente todo a una agenda política y que se quiere contestar la pregunta “¿Estamos viviendo mejor ahora que hace cuatro años?”, la iglesia recomienda esperar. Hay otras preguntas que se deben de contestar primero, tales como: ¿Cómo se protegerá a los más débiles y vulnerables que hay en medio de nosotros? ¿Cómo curar las heridas del racismo en nuestro país? ¿Cómo un Estado debe de ayudar y apoyar a padres comprometidos en una relación permanente y fiel para así poder tomar el riesgo y la responsabilidad de traer a niños al mundo y de elevar con mejores valores, un sentido de esperanza y una ética de responsabilidad? Además, sabemos que hay un programa de individualismo radical que caracteriza a ciertos grupos de personas “desechables” porque en este momento en su vida no pueden ser útiles debido a la enfermedad, a la juventud, o a la vejez y que, al final, son dependientes de nosotros. La Iglesia nos recuerda lo que ya sabemos por experiencia: que el desarrollo humano tiene lugar en relación con los demás y que en su lugar deberíamos adoptar una visión más integral de la solidaridad humana y valorar lo que significa ser miembro de la familia humana.

En todo esto, como dice el Papa Benedicto XVI, “Nuestro objetivo es simplemente el ayudar a purificar la razón y contribuir, aquí y ahora, con el reconocimiento y el logro de lo que es justo.” Es para enseñar con confianza y paciencia que, una sociedad justa, es esencial para el cumplimiento de la llamada humana a compartir en la vida de Dios.

Sí. Hay miembros en nuestra propia Iglesia que preferirían el enfoque adoptado por otros grupos de fe. “¿Por qué los católicos no pueden actuar juntos para acabar con estos males?” Me preguntan frecuentemente. Ellos hablan así porque estas comunidades de la política son capaces de formar grupos estrechamente unidos, para reunir a sus miembros en un bloque político, capaz de ofrecer un voto sólido. Pero esa no es la forma de cómo Jesús sirvió. Recuerden que Jesús vino a enseñar y a dar confianza y paciencia. Esas fueron las marcas de su enseñanza.

En un momento bendeciremos los aceites que se utilizará para nuestro Ministerio, nuestro servicio al pueblo de Dios en todo este año. Me parece que el símbolo del aceite tiene mucho que ofrecernos para poder servir mejor en este año. Se pueden reflexionar tres de sus cualidades de los aceites.

En primer lugar, el aceite brilla. El aceite refleja la luz, la cual el Papa nos recuerda que es nuestro objetivo en la enseñanza, para traer la luz de la razón al debate público, siempre seguro de la profundidad y la riqueza de nuestra tradición y doctrina social Católica – siempre confiando en que la verdad se impondrá.

El aceite también facilita el ser resistentes. Los enfoques que dependen solo del lenguaje desorganizado, de la condena y de la división sólo terminan creando una mayor resistencia a la verdad.

Nuestra enseñanza debe de darle a la gente la capacidad para pensar y considerar lo que estamos diciendo, confiando al mismo tiempo en la gracia de Dios que está obrando en ellos.

Por último, el aceite sana. Entra en las zonas dolorosas de nuestro pasado. Nuestro servicio de enseñanza debe ser paciente, especialmente cuando se sabe que muchos problemas personales se involucran en la decisión de los individuos. El cambio de lo neurálgico a lo racional se lleva su tiempo, tiempo que requiere nuestra paciencia.

Todo lo que necesitamos hacer es servir, como sabían Abbe Kremer y su madre, mediante la enseñanza con confianza y paciencia, así también como lo hizo Jesús en el primer día de su Ministerio. Y como un signo de nuestros tiempos, la palabra de Dios debe de retumbar en nuestras conciencias. Yo, ahora, como Jesús, voy a enrollar el papiro y voy a terminar esta homilía y sentarme para continuar con la Eucaristía.

- Tradujo Padre Miguel Mejia


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