Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"Creyendo en el Matrimonio"


por el Sr. Obispo Mons. Blase J. Cupich

(Del edición 20 Septiembre 2012 del Inland Register)

El mes pasado les ofrecí algunas reflexiones acerca del significado y lugar del matrimonio en la sociedad. Mi única razón fue que comenzáramos una conversación con familiares y amigos de diferentes religiones o de ninguna, porque los ciudadanos del Estado de Washington decidirán el futuro de la ley que pasó la legislatura y firmó la gobernadora.

Resumen de las Reflexiones anteriores Basadas en la Luz de la Razón

Como un resumen de mis reflexiones anteriores, escribo lo siguiente:

1) Los que proponen que se redefina el matrimonio dicen que se necesita un cambio para que las parejas del mismo sexo tengan los mismos derechos. Pero esta nueva ley no les da a las parejas del mismo sexo ningún derecho legal nuevo; ellos ya tienen estos derechos a través de la provisión para parejas domésticas. Lo único que esta ley hace es darles el título de “matrimonio.”
2) Con la redefinición del matrimonio para incluir a las parejas del mismo sexo, esta ley separa el matrimonio de sus primeras raíces basadas en la vida biológica en la que el hombre y la mujer comparten sus diferencias para crear una nueva vida.
3) Este cambio tan radical tiene muchas consecuencias que no podemos ignorar. En lugar de debilitar el matrimonio, el mundo adulto debería hacer todo lo posible para apoyar matrimonios fieles y monógamos entre un hombre y una mujer como el estándar de la sociedad donde los hijos procreados crezcan con su padre y madre. Y que los padres y madres tomen responsabilidad por los hijos que han creado. La experiencia y muchos estudios sociales nos dicen que a los niños les va mejor cuando son criados por su padre y madre casados. Por consecuencia, cuando los niños son separados de sus padres y madres, es causa de sufrimiento.
4) La nueva definición de matrimonio presenta un nuevo cambio porque pone todo el énfasis en la relación de la pareja, sin ninguna mención del matrimonio como la institución social en la que los niños son creados y alimentados. En efecto, con la nueva ley, las necesidades y derechos de los niños son negados para poder crear un nuevo título para los adultos.
5) Entonces, si este caso es acerca de derechos, es acerca de los derechos de los niños. En los últimos 50 años la comunidad internacional ha progresado para llegar a un estándar que tiene que ver con la protección y el cuidado de los niños. Este progreso incluye el derecho que tienen los niños para asociarse con sus dos padres biológicos, su dignidad humana, sus necesidades básicas de comida, educación, salud, protección en contra del abuso y leyes criminales apropiadas para la edad y desarrollo del niño. La redefinición del matrimonio es un pasa para atrás en el progreso que se ha hecho protegiendo los derechos de los niños.

Ahora quiero seguir estas reflexiones al hablar del matrimonio desde la luz de la fe, que hemos llegado a conocer y entender a través de la Palabra de Dios y nuestra Tradición. Pero, primero comentaré en la naturaleza de la fe, y lo que significa para nosotros aceptar lo que Dios ha revelado.

¿Qué Significa Creer?

Creer más allá de lo que nuestras habilidades humanas pueden ver y sentir es un reto para las personas de nuestro tiempo, especialmente con los avances tan impresionantes en la ciencia y tecnología. Tenemos tanta información a nuestro alcance. Tenemos las posibilidades de probar una y otra vez cosas supuestas y probar lo que es verdadero.

Hace cinco décadas, los Obispos en el Concilio Vaticano Segundo hablaron de la dificultad de creer en ese tiempo, diciendo que “el día de hoy no es raro que se abandone la fe para que se presenten pruebas científicas del nuevo humanismo.”

Sin embargo, nuestra experiencia como Discípulos nos ha enseñado que nuestra humanidad no es disminuida por creer verdades reveladas. Nuestra propia experiencia nos enseña que estas verdades fortalecen lo que hemos conocido por el conocimiento humano y la razón. Es más, estas verdades enriquecen nuestras vidas.

¿Acaso no es lo que decimos cada vez que proclamamos el Credo en la Misa? Es un Credo que nos inspira, porque aunque sabemos que somos polvo, declaramos que somos hechos a la imagen de Dios y llamados con Cristo a salvar el mundo. Es un credo que nos hace humildes porque escuchamos que nosotros y toda la realidad hemos sido creados por el plan de Dios y no el nuestro. Y cuando abrazamos esa realidad en un simple estilo de vida nuestras vidas se enriquecen. Es un Credo que nos reta a dejar ir nuestras inclinaciones humanas de creer solo en nosotros mismos para creer en estas verdades reveladas; sabiendo que lo que nosotros creemos ha mantenido a los Discípulos de Cristo juntos por muchos siglos haciéndolos la luz de las naciones.

Ese dejar ir y abrirnos al misterio de lo que está más allá de nuestras habilidades humanas, parece que es a lo que se refirió el Papa Benedicto XVI al anunciar el Año de Fe que comenzará este Otoño para marcar el cincuenta aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II. El nos recuerda que la fe es la gracia “que permite que los ojos vean debajo de la superficie y que nos permite entender que lo que se ha proclamado es la Palabra de Dios.” La fe es un regalo que abre nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios y responder a su invitación para vivir como sus discípulos.

Orar por esa gracia y regalo nos servirá bien al tomar este debate como ciudadanos fieles para el bien común.

Lo que Creemos acerca del Matrimonio

La vocación del matrimonio está escrita en la naturaleza misma del hombre y de la mujer al salir de la mano del Creador. El matrimonio no es solamente una institución humana a pesar de las variaciones que ha tenido a través del tiempo y de las culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. (Catecismo de la Iglesia Católica, 1603)

Matrimonio: El Sujeta-libros de la Biblia, la Historia de Nuestra Vida con Dios

Es impresionante que la Biblia comienza y termina con referencia al matrimonio—la unión del hombre y la mujer en Génesis y la “fiesta de la boda del Cordero” en el Libro de Apocalipsis. Que apropiado, para la Biblia es el llamado que Dios nos hace para que tengamos una relación con El para ser sus compañeros y co-creadores al traer la salvación al mundo. Entonces la unión del hombre y la mujer no es algo bueno solo para la pareja, sino para toda la comunidad de la Iglesia y de la humanidad; porque el matrimonio sirve como el modelo y como punto de referencia a lo que Dios nos llama a ser.

Cuando un hombre y una mujer se casan, nosotros decimos que es una celebración de toda la Iglesia. La pareja el día de su boda hace un acto de fe al escoger libremente darse la vida el uno al otro “en las buenas y en las malas; en la salud y en la enfermedad.” Su acto de fe nos beneficia a todos. Cuando una pareja se compromete totalmente el uno al otro, compartiendo fielmente sus regalos únicos y complementarios como hombre y mujer, todos nosotros una vez más estamos llamados a ser fieles en nuestra relación con Dios, “quien nos ama más de lo que se puede decir.”

Esto es por lo que llamamos al matrimonio un sacramento: nos revela el plan de Dios para nosotros y hace presente el trabajo salvador de Cristo en medio de nosotros, un trabajo que nos hace uno con Dios. Desde los primeros días de la Iglesia, los discípulos de Jesús han protegido el testimonio de un esposo y esposa porque mantiene fresca la invitación que Dios nos ha hecho desde el comienzo de la creación, amarlo como El nos ama, ser uno como el Padre y el Hijo son uno en el Espíritu. Entonces cuando San Pablo utiliza la imagen del novio y de la novia para describir la relación de Cristo con su Iglesia, él nos está diciendo algo acerca de la Iglesia pero también nos está diciendo algo acerca del matrimonio en la comunidad de creyentes como una revelación. El matrimonio es un sacramento de nuestra relación con Dios. Nosotros nos referimos a una pareja casada y la familia que ellos crean como la Iglesia Doméstica precisamente porque es una “relación” con Dios en medio de nosotros.

Entonces, en una palabra, el acto de fe en Dios y en cada uno de nosotros, que el hombre y la mujer hacen el día de su boda, hace visible y presente en la comunidad Cristiana lo que Dios nos ha dicho desde el principio. Por eso es que el matrimonio es un sacramento.

La Verdadera Intimidad Termina en Buenos Frutos

Se ha dicho que la “intimidad es verdadera cuando se pretende tener frutos.” Todos sabemos esto por nuestras amistades. Las amistades se terminan y son insatisfactorias cuando los amigos son “usados” para el bien del otro. También esto sucede con nuestra oración; la cual es una celebración de nuestra amistad. La meta de nuestra oración no es ganar algo o “sentirnos bien.” La verdadera oración nos libera para crear algo nuevo al extender nuestra relación con Dios hacia los demás.

Lo mismo es verdad en el matrimonio. Nosotros creemos que el matrimonio tiene dos metas relacionadas, las cuales lo hacen verdadero: la unión fiel, íntima y amorosa de la pareja; y la procreación de los hijos. Estas dos metas: unidad y fruto, alimentan a la pareja; lo cual nos ayuda a entender el por qué el matrimonio es un sacramento. Nada revela mejor la naturaleza de nuestra relación con Dios, que la unión fiel, duradera y fructífera de una pareja de diferente sexo. Porque también la relación fiel y eterna con Dios, quien es Otro, trae nueva vida en nosotros.

Es verdad que no todas las parejas pueden tener niños. Pero sí traen a la sociedad su testimonio de compartir regalos que son diferentes pero se complementan los unos a los otros, en una verdadera vida conyugal que “puede radiar el fruto de la caridad, hospitalidad y sacrificio.” (CCC 1654). O como San Pablo diría, ellos como novio y novia, distintos y opuestos, revelan y hacen presente en su compartir de diferencias complementarias la vida que Cristo nos invita a compartir con Dios quien es “Otro.”

Matrimonio: El Testimonio de un Amor Verdadero que Necesita el Mundo Moderno

El mundo parece haber olvidado el verdadero significado del amor. “Amor es una palabra que nunca ha sido usada tanto pero significado tan poquito.” Todos los días y a todas horas el mundo del entretenimiento nos bombardean con mensajes que se supone deben despertar el “amor.”

La difunta Catherine de Hueck Doherty, Sierva de Dios y fundadora de la casa del apostolado Madonna, dice lo mismo. Ella una vez escribió que el mundo necesita el matrimonio para descubrir nuevamente el significado del verdadero amor. “El amor nació en un establo y murió en una cruz. El amor verdadero es sinónimo de sacrificio y servicio… Un hombre y una mujer unidos en santo matrimonio son un milagro de amor—dos personas distintas pero unidas en una hermosura creativa. Son levantado por Dios para ser co-creadores con El de otro ser humano, otra alma inmortal – un niño.”

El mundo necesita este testimonio de amor verdadero, porque el amor entre el hombre y la mujer el cual es fiel, fructífero y permanente revela la manera en que Dios nos ama.

La Decisión frente a Nosotros Requiere un Acto de Fe

El 6 de noviembre, a los ciudadanos del Estado de Washington se les pedirá que decidan el destino del Referendum 74 y la ley que redefine el matrimonio. Como miembros de la comunidad de discípulos de Jesús la decisión en frente de nosotros es algo más que política, es más poderoso que nuestra afiliación de partido, los debates sobre los derechos o estar a la moda. Esta decisión es acerca de lo que creemos que Dios ha estado haciendo desde la creación del mundo y como El nos invita a que nosotros seamos sus compañeros al continuar su trabajo hasta el fin del mundo a través de las decisiones que hacemos. Pero también es acerca de lo que sabemos por nuestra experiencia y serias investigaciones; las cuales validan lo que nuestra fe enseña acerca del valor del matrimonio. Decisiones como la que tenemos enfrente sí hacen la diferencia en nuestras vidas. Matrimonios casados saben esto. Cada día hacen decisiones que estabilizan su camino matrimonial. También nuestra decisión de ser fieles compañeros de Jesús enriquece la comunidad de fe y el mundo en el que vivimos con un mejor sentido de bienestar y realización.

Al final, la decisión en frente de nosotros es una decisión de entregarse a lo que creemos. El Papa Benedicto XVI una vez escribió que nuestro entendimiento Cristiano del matrimonio es “solamente comprendido y realizable basado en nuestra fe en la decisión de Dios … de que Jesús se encarnara para casarse con la humanidad (Ef 5;22-23). Todo depende de nuestra fe en esto: al final es imposible creer esto sin fe.”

Al mismo tiempo que yo tengo la obligación de decirles claramente lo que creemos, todos los miembros de la Iglesia, laicos hombres y mujeres, los ordenados y hombres y mujeres religiosas; tienen la responsabilidad dada por Dios de mantener viva en nuestro tiempo esta noción de matrimonio que Dios nos da como un regalo único para todo el mundo. Claro, como el Papa lo dijo, esto requiere fe. Se requiere creer en el plan de Dios y no el nuestro. Requiere creer que estamos hechos a la imagen de Dios y llamados a trabajar con Cristo para salvar el mundo. Esto requiere que dejemos ir nuestras inclinaciones naturales de confiar solo en nosotros mismos y en nuestra manera de pensar y conocer. Esto requiere confiar en la Palabra de Dios. Requiere creer que aquí y ahora, en este tiempo y lugar, Dios nos está llamando a ser Luz de las Naciones.

--Tradujo Padre Miguel Mejia


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