Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"Dios No Tiene Nietos"


por el Sr. Obispo Mons. Blase J. Cupich

(Del edición 17 enero 2013 del Inland Register)

Como dicen: “¿Qué quieres escuchar primero, la buena o la mala noticia?”

La mala noticia es que el 53% de americanos adultos han abandonado la fe de su infancia. La peor noticia es que solo el 9% la ha abandonado y después regresado, esto sabemos que es verdad con los católicos. El 10% de los americanos son ex católicos; y solamente el 30% de los que fueron criados católicos están practicando ahora.

Con estas estadísticas de la una investigación en el año 2008 por parte del Centro de Investigación de Iglesias, Sherry Weddell ha escrito un libro que ofrece un examen de los retos que enfrenta la religión organizada y principalmente la Iglesia Católica. El libro se llama en Ingles, Forming Intentional Disciples: The Path to Knowing and Following Jesus.

Algunos de los datos de la investigación afirman lo que sabemos por nuestra experiencia: Los Católicos están abandonando sus Iglesias y entrando a otras iglesias cristianas, menos personas van a Misa, pocos católicos se envuelven en la vida de su parroquia. Un dato más preocupante que Weddell presenta y que aprendió de los cientos de entrevistas en parroquias de todo el país: “Los católicos ya lo ven como normal que no hablan acerca de su primer camino – llamado su relación con Dios – excepto en confesión o dirección espiritual. Esta actitud es tan fuerte en las comunidades católicas que hemos comenzado a llamarle ‘la cultura de que si no preguntan, no digan.’”

Si podemos culpar algo por estas estadísticas tan malas acerca de la practica católica es esta actitud. De acuerdo con Weddell, en cuanto más dejemos que esta actitud siga, más va a disminuir la vida y ministerio de la Iglesia de dos maneras muy importantes. Primero, nos deja con un número muy pequeño de católicos que están realmente comprometidos en vivir la fe. Segundo, las estadísticas nos muestran que muchos están abandonando la Iglesia Católica no porque no quieran vivir su fe sino porque encuentran poco apoyo y entendimiento de sus necesidades como discípulos en sus parroquias.

Ahora las buenas noticias y las mejores: La buena noticia es que hay una manera de romper esta actitud, ‘”de romper el silencio acerca de ser discípulos,” como lo dice Weddell, y sí trabaja. Ella ofrece ideas de cómo comenzar conversaciones en nuestras comunidades acerca de nuestras creencias y fe estableciendo un ambiente de confianza, curiosidad y abertura para ayudarles a los católicos a que sean discípulos comprometidos. Cuando hay un cambio y conversión en la persona, toda la parroquia puede cambiar; y cuando la vida cambia en la parroquia, la vida de toda la Iglesia va a cambiar.

La mejor noticia es que nuestra diócesis trabajará activamente para crear un mejor ambiente donde los Católicos puedan ser discípulos comprometidos. Es más, le estoy dando una copia del libro de Sherry Weddell a cada uno de los sacerdotes para que continuemos en una conversación que comenzamos en Septiembre en la asamblea de sacerdotes. Trabajando juntos decidimos que es tiempo de que en nuestra diócesis tengamos una planeación pastoral para reavivar nuestras parroquias y comunidades.

Ustedes van a escuchar más acerca de esto en las próximas semanas y meses pero creo que es importante que ustedes sepan que esta planeación pastoral será una prioridad en nuestro ministerio hacia ustedes. Sabemos que si le vamos a pedir a los que servimos que sean “discípulos comprometidos,” nosotros tenemos que ser “pastores comprometidos.” También deben de saber que estamos motivados en la confianza que tenemos en Jesucristo, quien está presente y activo aquí y ahora, y nos está llamando a que seamos discípulos como lo hizo algún día en la costa de Galilea. Aquí está presente una verdad que los Cristianos han sabido desde el principio de la Iglesia Primitiva. Le corresponde a cada generación responder a la llamada de ser discípulo, porque como nos recuerda Weddell, “Dios no tiene nietos.”

- Tradujo Padre Miguel Mejia


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