Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"La Ortodoxia del Amor"


por el Sr. Obispo Mons. Blase J. Cupich

(Del edición 21 marzo 2013 del Inland Register)

“Ortodoxia” en el contexto de la fe significa literalmente el camino correcto o derecho de alabar a Dios. Sin embargo, a menudo es mal utilizado. A veces las personas o movimientos en la Iglesia auto-definen su estrecha particular visión de las cosas como lo único que es ortodoxo, es decir, dejan de tomar en cuenta a los que no están de acuerdo con ellos.

Hace casi doce años, el beato Papa Juan Pablo II escribió lo que algunos consideran su mejor carta apostólica, Al Comienzo del Nuevo Milenio. Cabe señalar que el difunto Papa se refiere a la ortodoxia sólo una vez en esta carta. Lo hizo en el contexto de invitar a cada cristiano y cada comunidad cristiana para demostrar “un compromiso de amor práctico y concreto con cada ser humano.” Cristo es quien nos llama a dar de comer al hambriento, acoger al forastero, vestir al desnudo y visitar a los enfermos y encarcelados, “solamente por la ortodoxia de su doctrina, que la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo.” El mensaje es claro. La prueba de nuestra ortodoxia, o la fidelidad como cristianos, es que debemos incluir nuestra práctica de obras de misericordia corporales.

Este tiempo de Cuaresma es un tiempo para medir nuestra fidelidad, nuestra ortodoxia como cristianos. Las prácticas penitenciales de la oración, el ayuno y dar limosna a los necesitados sirven como la regla para medir nuestra vida espiritual y nos revelan cómo tenemos que corregir o enderezar nuestros caminos torcidos. Pero, de nuevo, todos estos actos hay que hacerlos con amor.

La ciencia de la odontología nos ofrece una analogía útil. Un dentista utiliza llaves u otros aparatos para alinear correctamente los dientes torcidos. Al mismo tiempo, se entiende que el paciente, a través de la atención adecuada, higiene bucal y dental, ayudará a las fuerzas naturales de curación del cuerpo en el proceso. Si esto no sucede, entonces todos los esfuerzos del dentista para corregir algo o dientes chuecos son en vano. Al final los dientes se pueden ver bien, pero la infección por debajo de los dientes puede ser fuerte. Entonces el dentista puede decir “los dientes están bien, pero ahora tenemos que sacar sus encías”.

Los esfuerzos que hacemos como parte de nuestros sacrificios cuaresmales tienen que llevar a la ayuda interna para la curación de nuestra alma, que es el amor. Se descubre que el amor es la fuerza que nos mueve a hacer estos actos externos cuando nos llevan a un espíritu alegre, y una sensación de paz en nuestras vidas.

Por el contrario, estos actos sacrificiales son de poca utilidad si en nuestro ayuno estamos de mal humor, y si nuestras donaciones a los pobres nos excusa de ser generoso con la gente cuando se trata de nuestro tiempo y atención, y si nuestra oración no logra profundizar nuestro amor a Dios y agradecimiento por todos los regalos de la vida, y si nuestros sacrificios por el desconocido son traicionados por el distanciamiento que sienten hacia aquellos en nuestras casas.

En todos estos casos, estamos perdiendo el punto. San Pablo lo dice bien en su primera carta a los Corintios: si hablo como los ángeles, si tengo los dones de profecía y el entendimiento, si tengo la fe para mover montañas, si repartiera todo lo que tengo, si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tuviera amor, no soy nada.

Sus palabras nos recuerdan que sin amor, todo el impacto y el poder de la resurrección de Cristo para hacernos una nueva creación no se ha realizado, porque nuestra vida espiritual no se compone. Los frenos de la penitencia puede tener algún efecto temporal sobre nuestro comportamiento externo (como cuando aprietan los dientes) pero al final no van a llevar a la curación espiritual y la nueva vida que necesitamos.

Lo que el beato Juan Pablo II está sugiriendo acerca de la ortodoxia de amor es muy parecido a lo que el Beato Cardenal Newman dijo hace casi 150 años al hablar de la Cuaresma. En medio de todas las prácticas y actos de penitencia durante esta temporada, se observa que, al final, nos quedamos con una sola pregunta: ¿Cómo vamos a aprender no simplemente a obedecer sino a amar? Esa será la prueba de nuestra capacidad de dar testimonio de la resurrección, como lo fue para San Pedro, cuando Jesús solo le preguntó ¿Me amas?

Tanto el Santo Padre y el cardenal Newman parecen estar diciendo que la ortodoxia seguramente requiere obediencia, pero más aún y en primer lugar, requiere amor – porque sin amor no somos nada en absoluto.

- Tradujo Padre Miguel Mejia


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