Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"El milagro de la Eucaristía"


por el Sr. Obispo Mons. Blase J. Cupich

(Del edición 18 abril 2013 del Inland Register)

Hay un dicho antiguo, lex orandi, lex credendi. Sabemos y entendemos lo que creemos por la forma en que adoramos y oramos.

La Misa Vespertina de la Cena del Señor el Jueves Santo nos ofrece una excelente oportunidad para reflexionar sobre la Eucaristía, que consideramos como “fuente y cumbre de nuestra vida cristiana”.

Por ejemplo, vean las lecturas del Éxodo y el Evangelio de Juan de esta fiesta y noten cómo la Pascua y la Eucaristía están marcadas por una gran cantidad de detalle y precisión.

Las instrucciones de Dios para celebrar la Pascua son meticulosas. El cordero debe ser un varón de un año, la familia lo debe asegurar para el día 10, y debe ser sacrificado ante la comunidad el día 14. Después de marcar su sangre en el poste de la puerta, debe ser asado, comido con hierbas y pan sin levadura. Incluso hay un código de vestimenta. La gente ha de comer con lomos ceñidos, las sandalias en los pies y con bastón en la mano. Cada año, que esta fiesta se celebra se tiene la misma atención a los detalles.

Sería un error pensar que es un ritual sin sentido, que deberá hacerse de una manera mecánica para satisfacer los caprichos de un Dios exigente, una tarea de un Dios que se preocupa sólo de que lo hagamos bien. No, está claro por el contexto que en todo esto, Dios quiere transmitir que tan presente, que tan cerca está en nuestras vidas.

Él está tan cerca de nosotros, tan presente, de la misma manera que nosotros tenemos que poner atención a estos detalles. El cuidado de Dios no es vago o esporádico, sino es tan preciso y específico como el cuidado que debemos tener a estos detalles.

Jesús la noche antes de morir, refuerza ese mensaje, y va más allá, como lo vemos en Juan 13. En lugar de solo dar instrucciones a sus discípulos, una lista de los detalles precisos, él mismo cumple los detalles. Se nos dice que él es plenamente consciente, plenamente presente a sí mismo. En esa conciencia se levanta de la cena, se quita la ropa externa, busca una toalla, se la pone en la cintura, llena un recipiente con agua, se inclina, desata las sandalias, lava los pies de los primeros discípulos, los seca con la toalla, y se mueve al siguiente. Esto no es una tarea para hacerse rápida. Es evidente que esta acción se preocupa de las necesidades particulares, es decir, los pies, de las personas que él les ha pedido que caminen con él el camino del discipulado. Esto lo transmite con cada lavada de par de pies, pero aún más lo hace su paciencia tierna con Pedro, se toma el tiempo para hacer frente a su terquedad, confusión y, sí, incluso su orgullo. Jesús detiene lo que está haciendo, aunque es importante, porque Pedro tiene una necesidad particular. Jesús se detiene para cuidar ese detalle antes de pasar a lo que debía hacer a continuación. En todo esto, Jesús quiere hacer ver cómo Dios está presente en cada uno de nosotros, pero también nos invitan a creer que él nos da la gracia para mostrar ese tipo de cuidado y de presencia del uno al otro. Esa es nuestra herencia, la herencia que nos da la noche antes de morir, y como todas las herencias nos da una participación en su vida y legado.

Si somos honestos, sabemos que este tipo de atención a los detalles, a las necesidades y demandas de otros, no es algo natural ni fácil para ninguno de nosotros. Sabemos que se necesita algo más allá de nuestra naturaleza para hacer esto. Sé que es difícil para mí.

Durante la Semana Santa, me acordé de esto, ya que ayudé a servir el desayuno en la Casa de las Caridades. Yo no puedo decirles lo impresionado que estoy con el personal y los voluntarios regulares. Conocían los nombres de la mayoría de las 200 personas que acudieron a desayunar, cómo la gente le gusta el café, si tenían puesto algo nuevo, sus necesidades emocionales, desafíos e historias y tantos detalles más.

Mi admiración para ellos era tan profundo, porque sé que no sé los pobres de nuestras calles tan bien y también sé lo mucho que se tarda en estar presente para aquellos que tienen tantas necesidades. Puede ser abrumador y nuestra tendencia natural es a dudar, a encerrarse en nosotros mismos, para centrarse en lo mal equipado e inadecuados que somos. La Eucaristía nos invita a cambiar nuestra atención de nosotros mismos y creer que Cristo nos ofrece precisamente la gracia de ir más allá de nuestra naturaleza, para lavar los pies de los demás.

Creemos que algo sobrenatural se lleva a cabo cada vez que celebramos la Eucaristía. Cristo en medio de nosotros toma el pan y el vino en nuestro mundo natural y hace que sea alimento sobrenatural. Él toma lo ordinario y lo convierte en extraordinario. Pero el milagro prometido no se detiene allí. Eso es lo que Jesús quiso decir a sus discípulos al lavarles los pies. El milagro de la Eucaristía es también acerca de cómo se transforma, los cambios y las gracias con nuestras naturales inclinaciones egoístas, para que podamos responder con gracia y facilidad a las necesidades de los demás.

Para ser sincero, es mucho más seguro, más fácil y más conveniente creer que Cristo en la Eucaristía transforma el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre; y más difícil creer que nos está cambiando.

Al presentar el lavatorio de los pies en la Última Cena, el Evangelio de Juan nos recuerda de no limitar nuestra creencia acerca del gran milagro de la Misa de Cristo el cambio de los elementos eucarísticos, pero creer que el milagro se extiende al cambiar su gracia – lleno de acción está trabajando en nosotros para cuidar de un hijo enfermo y exigente como padre, para atender a los detalles que hacen la vida de otros más fáciles y seguros, al igual que los trabajadores de la salud, a tener paciencia con aquellos que provocan o exasperar nosotros como policía es a menudo llamado a hacer, a dejar de hacer lo que estamos haciendo y asistir a la obstinada de corazón o la mente obtusa de como lo hace un maestro, para acercarse a la persona huele mal y molesto con respeto al igual que el personal de la Casa de la Caridad. Aquí, donde el pan y el vino son agraciados y ha cambiado, por lo que estamos agraciados y cambió a lavar los pies de los demás. Creyendo que es una parte tan importante de nuestra fe eucarística.

Creer que podemos hacer todas estas cosas, no porque queramos o por nuestro propio poder, sino porque aquí Cristo nos ofrece su gracia para hacerlo con gracia, es lo que significa compartir en su heredad.

Lex orandi, lex credenda. Sí, la noche que celebra la institución de la Eucaristía, fuente y cumbre de nuestra vida cristiana, se nos llama a creer que Cristo está presente y operante en la Eucaristía, que algo sobrenatural sucede cuando nos reunimos en su mesa. Sin embargo, él también nos quiere decir que somos parte de ese acontecimiento sobrenatural y transformación, que debemos cuidarnos el uno al otro con la precisión y la atención a los detalles que se necesita para lavar los pies del otro ... o para servir el desayuno.

– Tradujo Padre Miguel Mejia


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