Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"Reforma Migratoria: Buscando la Verdad en la Caridad"


La Conferencia Católica del Estado de Washington

(Del edición 19 septiembre 2013 del Inland Register)

La Conferencia Católica del Estado de Washington (WSCC) representa a los Obispos Católicos del Estado de Washington: el Arzobispo J. Peter Sartain de la Arquidiócesis de Seattle; el Obispo Blase J. Cupich de la Diócesis de Spokane; el Obispo Joseph J. Tyson de la Diócesis de Yakima; y el Obispo Eusebio Elizondo, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Seattle.

El Rostro Humano de un Sistema Actualmente Deficiente

Después de emigrar de las Filipinas a los Estados Unidos buscando mejores oportunidades económicas, Joseph y Bernadette hicieron la petición para que sus cinco hijos adultos se unieran a ellos cuando se convirtieron en ciudadanos de Estados Unidos. Después de esperar muchos años, volvieron a hacer la petición en favor de su hija mayor. Ellos todavía están esperando que la hija se una a ellos, junto con sus otros cuatro hijos adultos que todavía residen en las Filipinas.

Para encontrar trabajo y escapar de la pobreza, los padres de Francisco lo trajeron a los Estados Unidos cuando él era un niño. Ahora Francisco se ha convertido en un líder ejemplar en el ministerio de los jóvenes en su parroquia. Él tuvo que regresar a México en el 2011 para cumplir con el proceso migratorio después de que su petición para residencia permanente fuera aceptada. Él ha permanecido en México por más de un año esperando que un juez de migración le dispense la pena de 10 años en la que él incurrió cuando entró al país ilegalmente cuando era niño, y le puedan conceder la tarjeta verde.

Estos Recién Llegados Son Conocidos de Nosotros

Nosotros escuchamos historias como éstas todos los días, mientras damos nuestros servicios pastorales a familias inmigrantes que viven en Washington, un estado que se ha convertido en el hogar de unos 230,000 inmigrantes indocumentados. La vasta mayoría de inmigrantes viene aquí porque son pobres y necesitan desesperadamente hallar un trabajo para mantener a sus familias. Pero también vienen porque nosotros necesitamos el trabajo de ellos. El Estado de Washington se encuentra entre los primeros diez estados que confía en los trabajadores indocumentados para su fuerza laboral. Ellos cosechan nuestras frutas y cultivos. Limpian nuestros cuartos de hotel y sirven las comidas en nuestros restaurantes. Cuidan de nuestros hijos, nuestros jardines, y hacen las labores manuales que no podemos o no queremos hacer nosotros mismos. Ellos también son profesionales – abogados, doctores, técnicos, sacerdotes, religiosas, mecánicos, constructores – e incluso soldados sirviendo a nuestro país. Los inmigrantes, tanto documentados como indocumentados, trabajan virtualmente en todos los sectores de nuestra economía.

Los inmigrantes son mucho más que la mano de obra accesible. También son nuestros vecinos, nuestros amigos, compañeros de clases de nuestros hijos y nuestros feligreses. Muchas de las grandes parroquias en nuestras tres diócesis tienen congregaciones primordialmente hispanas. Cada año nuestras Escuelas Católicas hacen lugar y aumentan la cantidad de ayuda con la colegiatura para las familias inmigrantes, y nuestra oficina de Caridades Católicas ofrece programas innovadores de ayuda que les proporcionan servicios sociales y de vivienda. A través del ministerio de la Iglesia, nos damos cuenta que ellos sufren diariamente, sufren por causa del sistema migratorio que no funciona adecuadamente. A través de los ojos de aquellos a quienes prestamos servicios, vemos de primera mano cómo la falta de una reforma migratoria integral resulta en la aplicación desigual de las leyes, la desintegración de las familias, y la explotación de los trabajadores – en abusos a manos de los contrabandistas despiadados y, trágicamente, en miles de muertes en los desiertos del Sureste del país durante las últimas dos décadas.

Una Respuesta de Acuerdo a Nuestra Herencia Americana

Por respeto a la dignidad humana, un valor en el corazón de nuestro discipulado en Cristo, pero también de acuerdo con el alma y carácter único de América, que exhortamos a los oficiales elegidos y a todos los ciudadanos a que trabajen para terminar con este sufrimiento humano totalmente prevenible. Al defender una reforma migratoria integral, no ignoramos la complicación de la situación o el número de valores conflictivos. Reconocemos la amplia gama de causas involucradas de la economía nacional e internacional, social y política, desde la falta de empleos con salarios dignos en naciones con deudas internacionales bochornosas hasta la ausencia de una infraestructura básica para apoyar la actividad económica; reconocemos la responsabilidad de nuestro gobierno de asegurar nuestras fronteras y la gran necesidad de trabajadores de parte de los empleadores estadounidenses.

Precisamente porque la situación es tan compleja es que debemos escoger la promoción de la dignidad humana como el punto de partida para llegar a una solución razonable, humana e integral a este sistema que no funciona eficazmente. Tenemos a nuestro alcance el solucionar los problemas que causa tanto sufrimiento a los inmigrantes y que, si se dejan sin atender, tendrán el potencial de separarnos de nuestra orgullosa herencia americana. Durante siglos hemos proclamado audazmente al mundo que damos la bienvenida a “sus fatigados, sus pobres y sus masas aglomeradas,” porque nosotros medimos a los demás por su dignidad dada por Dios y la calidad de sus esperanzas para el futuro, no por las circunstancias de sus nacimientos.

Una Honesta Evaluación

Muchos plantean la preocupación de que la población migratoria impone una carga en los contribuyentes estadounidenses, que les quita sus trabajos y presiona nuestros servicios sociales. Pero los estudios muestran que con el tiempo los inmigrantes son contribuyentes netos a nuestra economía. Los negocios de los estadounidenses necesitan la labor de los inmigrantes, y durante toda la vida incluso los que entran al país ilegalmente contribuyen más a la economía mediante su trabajo, impuestos y compras que lo que ellos consumen en servicios. Los inmigrantes indocumentados nunca tienen derecho a los servicios sociales y de salud patrocinados por el gobierno y tampoco los inmigrantes legales califican para ayuda de bienestar social o cuidados de salud por los primeros cinco años de su residencia en Estados Unidos. En realidad, los trabajadores indocumentados pagan billones cada año en ventas, ingresos e impuestos de seguro social, apoyando servicios de protección social que ellos no pueden recibir. Una reforma migratoria integral sacaría a estos trabajadores de las sombras, obligándolos a registrarse, y así contribuir aún más en apoyo de los servicios públicos esenciales que ellos ya están pagando.

Leyes Aplicables y Eficaces Y Protección para el Trabajador y la Familia

Nos unimos a nuestros hermanos obispos en los Estados Unidos instando a la continua cooperación bipartidista para una reforma migratoria integral. Estamos convencidos de que los beneficios generales de la legislación que se propone son mayores que las cargas de nuestro sistema actual, que relega a millones de personas a la vida en las sombras y los somete a la separación familiar, la detención y la explotación. Estamos a favor de una legislación que incluya los siguientes aspectos:

1. El paso a la ciudadanía debería ser más asequible y accesible para los inmigrantes indocumentados y sus familias. Nos oponemos a la legislación que elimine o haga inaccesible el paso a la ciudadanía;
2. La unidad familiar debería ser mejorada en el sistema legal migratorio;
3. Un programa viable y sólido para los trabajadores poco calificados para entrar y trabajar legalmente debería ser incluido, con protección adecuada a los trabajadores.
4. Un aumento en el número de visas debería estar disponible, para reducir los atrasos y ayudar a reunificar a las familias. Dicha medida no sería solamente más compasiva sino que promovería la inmigración de una manera segura, legal y controlada, liberando recursos necesarios para hacer cumplir las medidas de seguridad en la frontera destinadas al tráfico de drogas y al tráfico humano, a los contrabandistas y los posibles terroristas;
5. Una reforma deberá incluir seguridad adecuada en la frontera y protección para el debido proceso de los derechos de los inmigrantes.
6. Las causas fundamentales de la migración deberían empezar a través de cambios en la política comercial de Estados Unidos, las inversiones estratégicas en la ayuda económica internacional, el alivio de la deuda y otras iniciativas encaminadas a reducir el número de personas obligadas a emigrar para sobrevivir.

Les Invitamos A Que Se Asocien Con Nosotros

Algunos católicos y otras personas pueden cuestionar cómo una reforma migratoria integral afecta el dominio de la ley. El sistema migratorio de Estados Unidos es deficiente para todos: los contribuyentes, los empleadores y los inmigrantes por igual. Nosotros, los Obispos Católicos del Estado de Washington, apoyamos el imperio de la ley y la necesidad de leyes justas en una sociedad civilizada. En nuestra opinión, la reforma migratoria integral restaurará la fuerza de la ley creando un sistema migratorio que facilite la entrada y presencia legal. Nuestro sistema actual no logra hacer lo suficiente para cumplir con la seguridad y las necesidades sociales y económicas de nuestra nación.

Gentes como Joseph y Bernadette vienen a Estados Unidos en busca de oportunidades económicas y han seguido las reglas, pero el sistema les previene de unir a su familia. Francisco es víctima de las circunstancias surgidas por la migración indocumentada de sus padres a los Estados Unidos cuando él era un niño. Largos períodos de espera lo pueden mantener alejado de su familia, amigos y comunidad por muchos años mientras él persigue su estado legal.

El tiempo ha llegado para una reforma integral a nuestro deficiente sistema. Instamos a nuestros hermanos católicos y a todos los ciudadanos del Estado de Washington que contacten a sus senadores y representantes estadounidenses y les pidan que apoyen una reforma migratoria humanitaria. Trabajando juntos con un espíritu de compasión, podemos – y debemos – crear un sistema que promueva la dignidad humana, intensifique el respeto por las leyes de nuestro país, y refleje nuestra orgullosa herencia como nación de inmigrantes.

- Tradujo Padre Miguel Mejia


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