Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

‘Que Todos Sean Uno’

por el Sr. Obispo Mons. Blase J. Cupich

(Del edición 20 noviembre 2014 del Inland Register)

Al hacer una profunda reflexión ahora que termino de ser su Obispo y trato de encontrar palabras para expresar lo que hay en mi corazón, mis pensamientos hacen alusión al Evangelio de San Juan Capítulo 17. Allí, el evangelista nos habla especialmente sobre la conversación de Jesús con El Padre, haciendo de su oración para los discípulos su despedida final. He tomado ahora su oración al Padre y se la encomiendo a esta comunidad de Spokane. Es muy simple: Que todos sean uno.

Sin embargo uno lo pone, al estar juntos, al ser uno, al tomarse de la mano para poder hacer un propósito común, o al valorar la relación entre nosotros, como el signo de unidad que es un regalo dado a nosotros, un tesoro que debe de ser el símbolo que no es menospreciado o desperdiciado. Déjenme ahora explicar este mensaje de tres maneras para refrescar el significado de esta unidad; tres maneras de experimentar o profundizar nuestra unidad como seguidores de Cristo: 1. En nuestra aspiración común de la vida que Dios nos ofrece; 2. En el encuentro con Cristo que compartimos; 3. En el acompañarse cada uno en nuestra jornada de vida que tomamos juntos.

1. Unidos en nuestra aspiración común

Cada uno de nosotros, de diferente forma, desea una vida completa, una vida llena de significado, una vida que simbolice algo para nosotros. Dios nos da a cada uno de nosotros una aspiración insaciable que solo puede ser llenada por Dios. Eso lo compartimos en común. Pero también compartimos en común la sed por tener la vida que Dios nos ofrece en diferentes maneras que no nos satisfarán – la acumulación de los bienes, el placer pasajero y la búsqueda de alabanza. Como una comunidad de fe nos reunimos cada fin de semana para recordar y celebrar el Señor resucitado trabajando en nuestro medio, como el único que puede satisfacer los anhelos del corazón humano. Nuestro compromiso al asistir a Misa los domingos es una afirmación sólida de que estamos dispuestos a vivir mejores vidas y de que tomamos la responsabilidad en el otro afirmando ese compromiso. El compartir la aspiración común de Dios de una manera muy pública cada semana nos dará una experiencia de unidad por la cual Cristo oró en su despedida final, una oración que ahora hago mía para ustedes.

2. Unidos en el encuentro con Cristo que compartimos

Cada uno de nosotros tiene su propia historia, su propio camino de fe, en la que hemos encontrado a Cristo en el camino. Para algunos fue muchos años atrás; para otros, más recientemente. A pesar de todo, cada uno de nuestros encuentros con el Señor resucitado ha transformado nuestras vidas, orientándolas hacia una nueva dirección, para que ya no vivamos para nosotros sino para Cristo. Esta experiencia transformadora está en el corazón de nuestro Plan Diocesano de Pastoral Saber, Amar y Servir. Como he señalado en mi carta pastoral, “Completando la Alegría,” comenzando con los primeros discípulos de Jesús y continuando a lo largo de las generaciones, la experiencia transformadora del encuentro con el Señor resucitado ha obligado a los cristianos, incluso al enfrentar desafíos, para establecer sus intereses más altos. Cuando somos tocados por Jesús, nuestros corazones se quedan esperando por más, y ese «más» no es nada menos que compartir a Jesús con los demás. El resto da igual. Otros sólo tienen que contar cerca de la nueva vida que Cristo le está ofreciendo a toda la humanidad. Saber, Amar y Servir es simplemente el hacer un compromiso mutuo que nos hará compartir a Cristo con los demás. Ese compromiso es nuestro vínculo común con los demás y nos da el tipo de unidad el cual Cristo oró por nosotros justo antes de morir.

3. Unidos en el acompañarse cada uno en nuestra jornada de vida

Cuando reconocemos que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia historia y jornada de vida, entonces es que aceptemos la misión de caminar y apoyarnos mutuamente en el camino. El Papa Francisco nos habla de la importancia del acompañamiento de unos para con otros, especialmente aquellos cuya ruta es más ardua y escarpada debido a las circunstancias de sus vidas, de sus propias debilidades o de las lesiones que han sufrido. Las personas con las que viajamos nos han sido dadas como nuestra familia, o en nuestro lugar de trabajo, o como resultado de nuestra búsqueda de aquellos que están perdidos mediante las buenas obras de caridad. Como diócesis, nos unimos en asegurarnos de que no quede nadie sin apoyo mediante los muchos ministerios y servicios que nuestra diócesis proporciona a través de la Colecta Anual Católica y la Colecta de Navidad para las Caridades Católicas. Hemos hecho grandes progresos en ambos de estos programas de corresponsabilidad en los últimos cuatro años, y los animo a hacer todo lo posible para seguir contribuyendo y salir exitosos. Este año se harán aunque estarán sin obispo. Les pido – les urjo – que mostremos nuestro apoyo a los sacerdotes de la diócesis en asumir la tarea de trabajar colaborativamente con ustedes bajo el liderazgo del administrador Diocesano para contribuir con generosidad en estas colectas. Unidos en nuestros sacrificios comunes, en nuestro acompañamiento generoso del uno con el otro.

Quiero cerrar con un texto de la carta de San Pablo a los Filipenses, que capta mi deseo de despedida y los sentimientos en mi corazón al escribir esta carta de despedida. De hecho, intencionalmente lo elegí como una de las lecturas de la Misa de instalación en Chicago el 18 de noviembre, pensando en ustedes.

Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de ustedes, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos ustedes, por su participación en el evangelio desde el primer día hasta ahora, estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. Es justo que yo sienta esto acerca de todos ustedes, porque los llevo en el corazón, pues tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio, todos ustedes son participantes conmigo de la gracia. Porque Dios me es testigo de cuánto los añoro a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús. Y esto pido en oración: que su amor abunde aún más y más  en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, a fin de que escojan lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo; llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios.

Como he escrito en esta columna y les he dicho muchas veces en la Eucaristía, y que ahora les digo por última vez, con mi promesa de oraciones y con un profundo afecto:

La paz sea con ustedes

Sr. Arzobispo Blase Cupich

- Tradujo Padre Miguel Mejia


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