Catholic Diocese of Spokane, Washington


La Paz Este Con Ustedes

"Homilía de la Ordenación al Presbiterado de la Diócesis de Spokane en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, Junio 27, 2014, Iglesia de San Ignacio, Spokane"

por el Sr. Obispo Mons. Blase J. Cupich

(Del edición 17 julio 2014 del Inland Register)

(El 27 de Junio del 2014 el Obispo Blase Cupich ordenó cinco hombres al sacerdocio para la diócesis de Spokane: David Gaines, Paul Heric, Brian Sattler, Curtis Seidel, y Dale Tuckerman).

No hay mejor manera de comenzar esta noche que ofreciendo unas palabras de agradecimiento a los padres y familiares de nuestros ordenados. David Gaines está acompañado por sus padres Mike y Patty, por su abuela Marcia Gerwer, y sus hermanos y hermanas. La mamá de Paul Heric, Patricia Tullis está con nosotros, junto con sus hermanos y hermanas. También le damos la bienvenida a las hermanas de Brian Sattler, Abbi Spilker y Carrie Sattler; y a la mamá de Curtis Seidel, Pat Gregoire y su hermana Trenna, y finalmente le damos la bienvenida a los papás de Dale Tuckerman, Mark and Marjie y sus hermanos.

Bienvenidos sean todos los familiares. Sus hijos y hermanos el día de hoy generosamente ponen sus vidas en las manos de Cristo y de la Iglesia. Ellos hacen esto porque han aprendido la generosidad en sus familias. Les agradecemos todo lo que ustedes hicieron para que este día fuera posible. Ustedes deben sentirse orgullosos.

Algunos otros que han contribuido para que este día sea posible son nuestros seminarios y me da gusto reconocer el día de hoy la presencia del padre Donald E. Henke del Colegio Norteamericano; el padre David D. Dayer del Colegio Teológico; y nuestro propio padre Rory Pitstick quien representa a Monte Ángel. Por favor denle nuestro agradecimiento a sus seminarios por haber ayudado a nuestros hermanos a llegar a este momento.

La divina providencia nos ha permitido que nos reunamos el día de hoy en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús para ordenar cinco nuevos sacerdotes ahora que comenzamos el segundo siglo de vida de nuestra diócesis. La presencia de tantos amigos y compañeros de escuela enriquece nuestra celebración y estamos muy agradecidos. Entre nosotros hay jóvenes que han sido o van a ser ordenados próximamente. Por favor, pudieran ponerse de pie para que los felicitemos.

David, Paul, Brian, Curtis, Dale – el dia de hoy están aquí porque ustedes aman a Jesucristo. Están aquí porque ustedes aman a la Iglesia.

Lo que los atrae a ustedes a Cristo y la Iglesia es diferente para cada uno.

Puede haber una parte del Evangelio que les habla de una manera muy particular y que los ha acercado a Cristo. Puede que sea la compasión de Cristo por los que sufren o sus enseñanzas o la manera en que ofreció su vida. Su amor por la Iglesia es de la misma manera personal y especial. Puede que sea un ministerio o trabajo específico que a ustedes les gusta; o la manera en que hacemos las cosas en la Iglesia.

Y aunque su amor por Cristo y la Iglesia es importante y los ha traído hasta este momento, la Palabra de Dios y el Rito de Ordenación nos deja muy claro que hay algo más. Ustedes están aquí esta noche no solamente porque ustedes aman a Cristo y la Iglesia; ustedes están aquí por que Jesucristo los ama. Ustedes están aquí porque la Iglesia los ama.

Escuchen una vez más la Palabra de Dios: “El Señor te escogió… porque el Señor te ama.” De la misma manera ustedes están frente a nosotros porque han sido escogidos por la Iglesia. Ese fuerte “Gracias a Dios” y el tremendo aplauso que les dio la comunidad dejan claro que ustedes están aquí esta noche porque el Señor y la Iglesia los ha escogido. Sí es verdad que ustedes completaron los requisitos para el programa de formación sacerdotal y yo insistí de ver sus evaluaciones finales antes de pedirles que fueran ordenados. El últimos detalle que ustedes tienen que tolerar de mis frustraciones por haber sido rector. Pero mi punto es que ustedes están aquí no por lo que ustedes han hecho o han escogido sino por lo que Cristo y la Iglesia han hecho y los han escogido. Cristo y la Iglesia ha escogido amarlos a ustedes.

Todo esto les pide que ustedes piensen en muchas cosas. Déjenme mencionarles tres frutos que tienen que cultivar; tres frutos que deben marcar sus vidas para que tengan siempre fresca la experiencia de que Cristo los ha escogido. Para que recuerden que la Iglesia los ama y los ha llamado. El primer fruto es una libertad autentica, la segunda es tener un autentico sentido de lo sagrado, y finalmente es dar un testimonio auténtico.

Una Libertad Auténtica

Al basar su ministerio en el amor que Cristo y la Iglesia tienen por ustedes; en lugar de basarlo en lo que ustedes pueden hacer por ustedes mismos, ustedes tendrán la libertad de hacer realmente lo que Dios quiere. Confiando en que Cristo los ha escogido y que la Iglesia los ama ustedes se van a liberar de la presión de demostrar que ustedes son buenos. Esta clase de presiones que normalmente nos damos a nosotros mismos pueden traer celos, competición, o una ambición de dejar nuestra propia huella, que los puede separar a ustedes de sus hermanos y traer división al presbiterio. Hagan la fuente se su oración en un recuerdo diario de que el día de hoy ustedes fueron escogidos por un Dios amoroso y una Iglesia que cuando escuchó sus nombres dijo vigorosamente “gracias a Dios” y les dio un aplauso. Al mantener esta memoria fresca, ustedes combatirán la tentación de sentirse merecedores, privilegiados o de que necesitan un tratamiento especial. Ninguna de estas trampas es necesaria para aquellos que ya saben que son amados.

La memoria de este día también les va a dar las fuerzas para que ustedes sobrelleven las frustraciones de cuando las cosas no salen como ustedes quieren. Este es el mejor remedio para evitar lo que el Santo Padre llama “amargura.” El Papa nos dice que una buena manera de darnos cuenta si estamos cayendo en esto es si estamos siendo muy agresivos o muy pasivos con la gente a la cual servimos; los que ya les dijeron que los aman.

Un Entendimiento Autentico de lo Sagrado

A través de la historia de la salvación, aquellos que han sido llamados por Dios son parte de la familia santa de Dios. Esto es lo que significa ser un pueblo santo. El Papa explora muy bien este punto en La Alegría del Evangelio porque él le da una nueva definición a la palabra “sagrado.” En lugar de que lo sagrado sea lo que está fuera de este mundo o de lo ordinario, el Papa dice que lo sagrado tiene que ver con la solidaridad humana, el traer a “otros a la experiencia comunitaria de caminar con Dios.” El nos pide que aprendamos el arte de “acompañanos” lo cual significa que tenemos que quitarnos las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex 3,5).

Busquen esta clase de santidad; guarden la santidad de su sacerdocio, no al separarse de la gente sino al acompañarlos y construyendo la familia de Dios. Sean la clase de padre misericordioso que encontramos en San Lucas, quien invita a otros, especialmente a los que son rechazados, al banquete de la vida. Recuerden que el corazón de Jesus es sagrado porque El está en el Padre y el Padre en El; y porque el comparte esa vida con nosotros.

Un Testimonio Auténtico

Finalmente, cultiven un testimonio auténtico en todo lo que hagan. El Papa Francisco nos dice que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia experiencia de Dios. Tenemos que saber cuando Dios nos llamó. Eso es lo que vemos desde el principio en los Evangelios cuando se nos dice que fueron llamados a la orilla del lago. Ellos “nunca olvidaron el memento en que Jesus tocó sus corazones: fue a las cuatro de la tarde (Jn 1,39).”

El mismo Papa recuerda su llamado. Nos dijo que es como la escena del Evangelio de San Mateo que pinto Caravaggio. El cobrador de impuestos está en una orilla oscura que se llena de luz al saber que Jesús lo ha escogido para ser discípulo. “Ese soy yo,” dice el Papa Francisco, “un pecador en quien Dios se ha fijado.” El Papa nos dice que él ha experimentado el asombro y el grandísimo amor de Dios que representa el pintor. Esta es la historia de Jorge Bergolio. El asombro de ver la cara de Dios de una nueva manera, una cara que muestra compasión, y que ha cambiado su vida. Y lo mejor de todo es que lo ha dejado con una sed que no se acaba “para conocer y seguir a Dios mejor.” El necesita compartir ese gozo con otros.

Compartan su historia con los que sirven. No tengan miedo de compartir su encuentro con Dios en su ministerio, sus homilías y en sus enseñanzas. Le pedimos a Dios que cuando otros vean su testimonio auténtico se acerquen más a Dios.

Sí, ustedes están aquí porque aman a Dios y a la Iglesia. Pero más importante es que ustedes están aquí porque el Sagrado Corazón los ama y porque la Iglesia los ama. Sean humildes, abiertos al amor y disfruten con gratitud sus frutos.

(Tradujo Padre Miguel Mejia)


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