Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Abrazando la cultura"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 10 junio 2004 del Inland Register)

Todo lo que tenemos, todo lo que somos, son un regalo de Dios. Nos levantamos en la mañana. Respiramos. Comprometemos nuestras mentes, nuestros pies tocan el suelo. Tenemos un regalo: el regalo de este día. ¿Qué hacemos con el regalo?

La vida humana es un regalo. Y cada vida individualmente esta llena de regalos. No necesariamente talentos como – tocar el piano, o dar una gran charla, o arreglar un auto, aunque todos estos son regalos, también. Pero los regalos de los sacramentos.

El Padre Oblato Ron Rolheiser, es uno de los redactores que aparece en cada emisión del Inland Register. Los ensayos del Padre Rolheiser a menudo iluminan mis propias reflexiones. Uno de sus temas favoritos es la idea de que los sacramentos son encarnados: señales exteriores que descubrimos por nuestros sentidos, a través de nuestro cuerpo, los humanos viven, estos regalos de Dios. Aceite de bendición. Agua de bautismo. Palabras pronunciadas donde todos pueden oír, oraciones recitadas por la comunidad de fe, como un cuerpo. El gusto del pan y el vino, el Cuerpo y la Sangre de Jesús.

La Eucaristía es verdaderamente la fuente y la cúspide de nuestra vida como Iglesia. La Eucaristía nos define. La Eucaristía es lo mejor que hacemos - o tratamos de hacer mejor. Pueblo de Cristo, reunido en su nombre, haciendo lo que El nos pidió hacer. Cristo presente en nosotros, entre nosotros, como El nos prometió que estaría.

El profeta Isaías tiene esa magnifica línea sobre la construcción de la paz - donde las espadas se vuelven arado, las lanzas en instrumentos de podar. En nuestra sociedad actual, particularmente nuestra sociedad americana con respecto a la política, tengo miedo de que invirtamos la situación, y tomemos el gran regalo de Dios a nuestra Iglesia y lo usemos como un arma de división y destrucción.

Hablo, por supuesto, sobre la materia de figuras políticas católicas que han tomado una posición en pro de la opción con respecto a la legislación del aborto, y si se les debe permitir recibir Comunión en nuestras iglesias.

Un sacerdote Benedictino una vez comentó, que la liturgia debe ser el centro de lo que hacemos como creyentes, y todavía la liturgia sea el tema más cargado con críticas, con argumentos acalorados, con posibles divisiones – “el mismo lugar por donde Satanás golpea la Iglesia,” dijo él.

Permítanme ser muy claro: como Iglesia somos profundamente serios sobre la vida humana, cada vida humana que es continuación de la existencia terrenal; el valor y la dignidad; que cada vida humana tiene, desde su concepción hasta su muerte natural, es un regalo de Dios, muy precioso en la vista de Dios. El valor de la vida humana esta en manos de Dios, y no en las nuestras. La Iglesia nos enseña consecuentemente que esa vida humana debe ser querida y protegida contra las amenazas, particularmente las vidas de aquellos que son más vulnerables: Los no-nacidos; los enfermos; los ancianos; los pobres. Los inmigrantes, los afligidos, los confusos, los mal entendidos. Todos somos creación única de Dios, todos somos queridos por Dios, todos somos hijos de Dios, todos somos muy valiosos. Dios depende de nosotros para defendernos y protegernos los unos a los otros.

Jesús nos dice que hay dos grandes mandamientos: amar a Dios, amar al prójimo. La parte difícil de esta pregunta es: ¿Cómo hacemos eso? ¿Cómo amamos a Dios? ¿Cómo amamos a nuestro prójimo?

Linus, de la famosa tira cómica de los Peanuts, comenta, “a mí me encantan la humanidad. ¿Son personas con las que puedo entender su posición.” podemos amar a la sociedad, amar al prójimo en abstracto, en una forma distante, pero eso es realmente amor? ¿Es así cómo Dios quiere que amemos a nuestro prójimo?

Cristo nos ha entregado la responsabilidad de Evangelizar. Vayan, dijo, y sean mis testigos, hasta los extremos de la Tierra. Esparcir la Buena Nueva. Ser testigos.

En cierto sentido, todos somos misioneros del mensaje de Cristo, del amor de Dios. Predicamos por nuestro ejemplo. Predicamos viviendo nuestras vidas como testigos del Evangelio, dando testimonio de sus valores, que a veces están a 180 grados de la cultura que nos rodea, de los mensajes culturales que nos bombardean. Pero no podemos vivir este encargo de Jesús manteniéndonos apartados de todo. Podemos evangelizar solamente transfor-mando la cultura que nos rodea.

Un artículo reciente en una revista de la Iglesia por el Padre Bryan Hehir discutió el documento Gaudium et Spes - El Constitución de la Iglesia en el Mundo Moderno, del Concilio Vaticano II. Es una ayuda práctica para recordar, cómo nosotros debemos amar a Dios y al prójimo en nuestra sociedad, hoy.

El Padre Hehir nos recuerda la relación de la Iglesia con la sociedad debe ser dialéctica: diálogo, discusión, persuasión. ¿Dialogar significa ir dejando nuestra fe, hacer lo aceptable? No. ¿Significa vender en forma más simple nuestro mensaje - el mensaje de Dios - a un mundo herido? No. ¿Persuadir, simplificando los hechos más complejos? No.

De hecho, la misma complejidad de nuestro mundo y las situaciones que encaramos como miembros de la sociedad son un argumento fuerte en favor del acercamiento persuasivo de la evangelización. Como iglesia, estamos mucho más educados, mejor educados, más extensamente educados más que nunca antes. Eso es verdad también para la gran sociedad. Un garrote no hará el cambio. Debemos actuar persuasivamente, con respeto recíproco por la inteligencia de las personas con quienes actuamos, nuestra propia comunidad católica y la sociedad más grande.

Algunos obispos han declarado que negarán la Eucaristía a políticos católicos que han apoyado la legislación del aborto. La Eucaristía es el regalo de Dios para nosotros, la presencia de Dios entre nosotros. Es lo más precioso de nuestra herencia católica. Fuertemente me opongo al uso de la Eucaristía como un arma.

No estoy sólo en esta opinión. Similares puntos de vista han sido expresadas por el Obispo Wilton Gregory, el presidente de la Conferencia de los Estados Unidos de los Obispos católicos; el Cardenal Theodore McCarrick, Arzobispo de Washington, D.C.; el Obispo Donald Wuerl, obispo de Pittsburgh y co-editor de The Teaching of Christ: A Catholic Catechism for Adults; y otros obispos, en ambas situaciones tanto nacional como globalmente.

Como obispo, creo que estamos llamados a persuadir, no a obligar. Así, tenemos a nuestra disposición muchas oportunidades y medios para compartir el Evangelio de Cristo. No tenemos ninguna necesidad de tomar los regalos de Dios - los arados de Dios, si - y transformarlos en armas de división y enojo.

El Documento de los obispos de los EE. UU. Ciudadanía Fiel: Una llamada católica a tomar una Responsabilidad Política, discute nuestro papel como Iglesia en la sociedad, en ambas situaciones, desde el punto de vista de una organización y como ciudadanos individuales y votantes. Debemos ser políticos, sin ser partidarios. Nuestra preocupación es el bien común, no el avance de la agenda de un partido político particular. Así, cuando lo hacemos, debemos ser muy claros sobre nuestra enseñanza católica, pero civiles también. Podemos ser firmes sin ser duros o crueles. Podemos ser claros sin ofender. Podemos persuadir, sin trazar líneas en la arena o hacer u obligar que otros la crucen.

En este año político, espero que se unan a mí para ahondar nuestra educación como comunidad de fe. Aprender sobre las situaciones. Aprender sobre los candidatos. Estar informados, y tomar decisiones basados en una información sólida - sobre los hechos, sobre las enseñanzas de la Iglesia. Nuestra tarea como ciudadanos católicos está muy lejos de ser fácil. La gran sociedad nos requiere. Dios nos requiere. Podemos y haremos una diferencia. Pero para hacer esa diferencia, debemos actuar con un sentido de responsabilidad, un sentido de compasión, con el amor de Dios - y no con un garrote.

Mucha paz y bendiciones de Dios.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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