Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Hospitalidad del corazón"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 29 julio 2004 del Inland Register)

Uno de mis dibujos animados favoritos a través de los años fue la tira de la historieta de B.C. El carácter de La Piedra Envejecida, sale de su cueva temprano una mañana y se confronta con un dinosaurio muy grande. El se dice así mismo: “pienso hoy va a pedirme que tengamos una relación de amistad.”

De hecho, las relaciones son cruciales en nuestras vidas: la relación con el Señor, con nosotros mismos, y con nuestro prójimo. Los dos grandes mandamientos – amor Dios, amor al prójimo- ejemplifica esa realidad. Las lecturas de las liturgias de los dos últimos domingos, se han enfocado en las relaciones: la parábola del Buen Samaritano; Abraham y Sara con el cuidado que toman de los tres extraños; La visita de Jesús al hogar de Marta y María, el como Marta se queja de que María no le ayuda en los quehaceres domésticos.

Quizás podríamos mirar las relaciones en esta perspectiva: La hospitalidad del corazón. La Hospitalidad del corazón, es importante en nuestra relación con Jesús. Es muy importante en nuestra relación con la Iglesia y con los sacramentos; y es muy importante, cuando nos relacionamos con los extraños, el prójimo en nuestro mundo, los “otros.”

La Hospitalidad del corazón para con nuestro Dios, debe demostrar que Dios ocupa el primer lugar. La Hospitalidad del corazón significa abrir nuestros corazones a la presencia de Dios. Junto con Marta en la historia del Evangelio, nuestras vidas pueden estar muy ocupadas, de manera que llegamos a pensar que no tenemos tiempo para el Señor. Jesús le dice a Marta, que María ha escogido la parte mejor. Esa contestación no significa que no tomemos cuidado del proverbial “quehacer doméstico” en nuestras vidas. Lo necesitamos por supuesto. Pero eso significa que guardemos un sentido de balance / de perspectiva cuando hacemos elecciones en nuestras vidas y el trabajo.

Debemos abrirnos al corazón de Jesús. El Cardenal Martini, Arzobispo anterior de Milán, una vez escribió que, el corazón de Jesús es como un observatorio cuando miramos el mundo. Mirar el mundo con los ojos de la fe, con los ojos de Jesús, es muy diferente que ver el mundo con Jesús lejos de nuestro medio. Lo anterior habla más plenamente de una realidad completa; por último, sin un lugar para Dios en el corazón, habla de limitación, de estrechez, de falta de visión, de fijación en el egoísmo, quizás aun de desorientación. El padre Thomas Merton y Dorothy Day, ambos nos dan ejemplos maravillosos de vidas llenas de una apreciación por la hospitalidad del corazón, hospitalidad a la presencia de Dios en sus vidas.

La Hospitalidad del corazón se extiende a la comunidad de fe y a los sacramentos también, es muy importante en nuestra tradición católica. Piense cómo la hospitalidad de corazón es tan bellamente reflejada por una pareja que entra en matrimonio. Sin hospitalidad del uno al otro, la relación simplemente no va trabajar. Es lo mismo para aquellos de nosotros que hemos recibido las órdenes sagradas, en el sacerdocio. Mi hospitalidad de corazón tiene que extenderse a toda la comunidad diocesana, lo mismo que cada pastor tiene que estar abierto a todos de sus parroquianos.

Tal hospitalidad nos abre sin límites a todos nosotros. No dejará que nos cerremos en nosotros mismos, apartándonos de las demás personas. Eso podría hacer nuestras relaciones frágiles y menos eficaces. Sólo pregunta a un marido y a una esposa.

Es especialmente importante que nuestros corazones estén abiertos a la Eucaristía. En 1998 El Papa Juan Pablo II escribió una exhortación apostólica, “Día del Señor,” enfocándose en la importancia de la Eucaristía del domingo. Recientemente emitió la encíclica Eucaristía en la Iglesia. En la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el llamó a un año Eucarístico, iniciándose en el mes de octubre próximo.

Sugiero que este período de enfoque sería un buen tiempo para todos nosotros de reflejar en nuestras vidas este gran sacramento y la implicación de su misterio. ¿Están nuestros corazones muy abiertos a este sacramento? ¿Recuerda a Marta? ¿Tenemos nosotros también, demasiadas razones que nos alejan del poderoso, de la vida que se nos da en la presencia de Jesús? Como Marta, podemos hacer una lista de excusas – excusas que revelan un corazón parcialmente cerrado. Podemos cerrar nuestros corazones al tipo de sacrificios que tenemos que tratar en situaciones muy humanas, que no son de nuestro gusto. Una buena Iglesia siempre tiende a ser un poco desordenada. ¿Este desorden me da una excusa para tener un corazón más cerrado?

Finalmente, podemos reflejar en la hospitalidad del corazón a los extraños, al prójimo. Abraham y Sara dieron un ejemplo profundo de hospitalidad para con los tres extraños. La pareja realmente salio de si misma con su cortesía al proporcionarles comida. La parábola del Buen Samaritano es un llamado de Jesús a “ve y haz lo mismo.” Ambos historias nos llaman salir de nuestra manera de ser, para atender a los otros. El pobre, el sin casa ni hogar, el inmigrante, el que sufre, el adicto: estas son sólo algunas de las personas que son nuestro prójimo y exigen nuestra atención y hospitalidad de corazón. Tal hospitalidad nos llama a un constante revisión de nuestra apertura o falta de ella. Tal hospitalidad nos desafía a las raíces mismas de nuestra vida de fe.

Que continuemos reflejando nuestra llamada a tener una hospitalidad de corazón, en nuestro camino espiritual. Como en el caso de Sara, nos encontraríamos con la gran sorpresa del Señor que viene a nosotros enmascarado como “prójimo” y que toque nuestras vidas profundamente.

Mucha paz y alegría a todos ustedes.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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