Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Crear y mejorar un ambiente seguro"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 9 septiembre 2004 del Inland Register)

No es ningún secreto que nuestra comunidad católica continúa dirigiendo la tragedia del abuso sexual y sus tristes consecuencias. Quizás nuestra experiencia, como comunidad de fe, ayudará a nuestra sociedad en su conjunto a tratar este problema, un fenómeno que pasa a través de todos los bordes; de religión, de raza, de clases o jerarquías sociales, y estados económicos. Nuestro compromiso como familia diocesana es llegar hasta las víctimas para aconsejar. He repetido continuamente, y repito ahora mi súplica, para que todas las víctimas vengan, contacten a la diócesis de manera que la curación y el perdón pueda empezar. Estoy seguro de que ustedes recuerdan nuestro compromiso: Informar inmediatamente a las autoridades civiles por cualquier casualidad de abuso de un menor del que tengamos conocimiento. Tengo un compromiso de transparencia, de reconciliación, de curación.

Una vez más, me disculpo y ofrezco mi profundo dolor a las víctimas y a sus familias que han experimentado el trauma del abuso por un ministro en la diócesis.

Parte de mi compromiso como obispo, y nuestro compromiso como familia diocesana, es trabajar por crear un ambiente seguro en el ministerio con nuestros niños y los jóvenes. Permitánme darles una actualización de nuestros esfuerzos.

Es casi un año en que la diócesis fue intervenida con respecto a nuestra aplicación de la Carta Constitucional de los Obispos de los EE.UU. con respecto a la Protección de Niños y Jóvenes, que los obispos de la nación aprobaron abrumadoramente, en 2002. Recientemente los obispos estuvieron de acuerdo, en que esas auditorías no eran un esfuerzo de un-tiempo, sino que deben ser continuadas. Las auditorías no son cuestión de “vigilar” a las diócesis. Más bien, mis hermanos obispos y yo hemos encontrado que las auditorías son herramientas valiosas que nos asisten en este ministerio crucial de proteger a nuestros jóvenes. La segunda auditoría en la Diócesis de Spokane está ahora en proceso. También, se intervendrá cada diócesis en el país para fines de 2004.

Dentro del último año hemos repasado y refinado nuestra política acerca del abuso sexual y el código de conducta. Las nuevas directivas han tenido un significativo impacto en algunos de los ministerios de nuestra diócesis. Hemos tenido que cambiar la manera que hacemos cosas. Y corregirlas. Cualquier cambio que contribuya a la seguridad de nuestro ambiente ministerial, sin importar cuán dificil o “inoportuno” pueda parecer, es un paso bienvenido en la dirección correcta. Continuaremos examinando nuestras prácticas ministeriales para el futuro previsible. Éso es todo para mejor.

Por años ahora, hemos tenido un programa educativo y de orientación para todos los empleados en la diócesis con respecto al acoso sexual y la prevensión del abuso de niños. Inicialmente, nosotros hemos calendarizado estos talleres, dos veces al año; en los dos últimos años los hemos realizado una vez al mes. La diócesis conduce una verificación de la historia personal de todos los voluntarios y empleados.

Recientemente completamos la producción de un video educativo, en ambos idiomas, inglés y español, titulado “Confiados a Nuestro Cuidado”. Este video, junto con nuestro nuevo código de conducta, continuará asistiéndonos en nuestro esfuerzo por proporcionar entrenamiento para todos los que realizan un ministerio en la diócesis. Con nuestra Red diocesana se ha extendido el alcance con respecto a nuestro Programa de un Ambiente Seguro, que incluye información de contactos, listas de posibles recursos, y otros materiales de fondo.

Hace un año desde que dimos la bievenida a la presencia de Mary Butler a las oficinas de la diócesis. Mary sirve, por media jornada, como una ayuda especial para el Vicario General, Padre Steve Dublinksi. Mary es la coordinadora, quien organiza nuestro acercamiento a aquellos que han sido heridos por el abuso sexual.

Mary ha trabajado con individuos y con grupos – es la cara humana de nuestro acercamiento a las víctimas y sus familias. Entre sus realizaciones fue la creación de un folleto, “Una red de seguridad para los Niños y la Juventud,” guía de las ofertas e información sobre abuso sexual, lo que se puede hacer para prevenirlo, lo que se debe hacer si ocurre. Ese folleto, se tradujo al español por Hna. Myrta Iturriaga, Hna. de la Providencia y se ha distribuído en todo el Oeste de Washington, tanto en nuestras parroquias como en otros sitios de acción pública con alto tráfico y visibilidad.

Desde principios de los 90s, hemos tenido un comité de abuso sexual. Se reemplazó ese grupo en el año 2002 por nuestra Mesa Diocesana de Revisión. La Mesa se reunio aproximadamente ocho veces este año, además de las reuniones de emergencia que requería algún trabajo. La Mesa revisa el cómo nosotros como diócesis debería o debemos responder en casos específicos; es una ayuda que guía nuestra aplicación de la carta constitucional para la Protección de Niños y la Juventud. Estoy muy agradecido a ellos, por su servicio especializado y generoso.

Este trabajo no es sólo a nivel diocesano. Estoy agradecido por el abundante trabajo, que se hace en las parroquias y los pastores durante los últimos meses. Sé que muchos pastores han predicado, compasivamente y apasionadamente, sobre la crisis del abuso sexual. Su trabajo pastoral nos ha ayudado a todos a hacernos más sensibles, más cuidadosos, más compasivos al continuar enfrentando esta difícil situación. Durante los meses recién pasados, un par de programas piloto se han comenzado, para ayudar a las comunidades de la parroquias, a ser sensibles a la necesidad de manejar el tema del abuso en particular y la violencia en general. Expertos en nuestra comunidad participaron en compartir su propia especialización y discernimientos. El presentar estos hechos, en nuestras parroquias, ha tenido un impacto en la comunidad más amplia también – el bien común. La realidad de la situación, a través de toda nuestra sociedad, debe ser de una preocupación común de todos nosotros.

En febrero recién pasado, los obispos de los nación, a través de la Mesa de Revisión Nacional, emitió el resultado del estudio de la Crisis del Abuso sexual, de John Arrendajo. Ese estudio incluyó información estadística acerca de sacerdotes católicos y del abuso sexual, a lo largo de 50 años. Por decir lo menos, las estadísticas descorazonan.

Esta empresa masiva fue la primera de su tipo, en tal estudio. A pesar de las noticias oscuras que entregó, el estudio nos ayudó a identificar el alcance del problema y a establecer una línea de tiempo. El estudio indica que ha habido un declive muy rápido de las casualidades de abuso sexual en años recientes, debido al creciente conocimiento en los años 1990s, de la necesidad de poner políticas en lugar. La carta constitucional ha sido muy útil para asegurar y fortalecer estas políticas, con lo mejor de nuestras habilidades, tal abuso no ocurrirá de nuevo. Similar a las continuadas auditorías, los exámenes estadísticos pueden ayudarnos a todos, a ser más sensibles a las necesidades de nuestras comunidades, ayudará a crear y mantener este ambiente seguro. Nuestros niños y los jóvenes no merecen nada menos.

Cuando los obispos de los Estados Unidos se reunieron en junio pasado en Denver, aprobamos el proceso de comenzar un estudio mayor para determinar la raíz de las causas del abuso sexual. Este estudio tomará años para completarse; diferente al estudio de John Arrendajo, será mucho más analítico que estadístico, en su naturaleza. Los resultados deben ser útiles no sólo para nosotros, dentro de la Iglesia, sino que también para la sociedad en general. Areas probables de impacto pueden incluir cómo recogemos información de los candidatos al sacerdocio, y calificaciones de aquellos que realizan su ministerio con niños y jóvenes.

Éstos son dias difíciles y de grandes desafíos para la Iglesia. Pasamos por ellos - y pasaremos por ellos - con la gracia y el amor de Dios Providente. Recogeremos más conocimiento. Entregaremos más dedicación, para proporcionar ese ambiente seguro en nuestros ministerios. Por favor unanse conmigo para orar por sabiduría y esperanza, mientras avanzamos hacia el futuro. Todos somos discípulos de Jesús. Y con la mejor de nuestras capacidades, nosotros debemos vivir su vida - fielmente, alegremente.

Oren por mí, como yo oro por todos ustedes. Bendiciones y paz.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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