Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Dando y Apreciando las Gracias"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 11 noviembre 2004 del Inland Register)

Noviembre es un mes lleno de celebraciones. Empezamos con las Fiestas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Recordamos a todas aquellas personas santas, que se han ido antes que nosotros, cuando celebramos sus vidas. La tradición de la Fiesta de Todos los Santos nos ayuda a mantener vivas sus memorias; como la oración de la abertura de la Eucaristía nos lo recuerda, “regocijémosnos en los hombres y mujeres santos de todo tiempo y lugar.”

La Fiesta de Todos Difuntos nos da la oportunidad de recordar a aquellos que se han ido antes de nosotros, sobre todo los miembros de nuestras familias y nuestros amigos más cercanos. Oramos por el reposo de sus almas, y recordamos que nosotros estamos en nuestra jornada terrenal, nosotros también nos acercamos a ese día de la gran transición en nuestras vidas. El regalo del reino todavía esta por venir, nos espera, y nos regocijamos en tan increíblemente regalo de la generosidad de Dios.

Hacia fines de noviembre concluímos nuestro año litúrgico. Adviento empieza cuando nos preparamos para el nacimiento del Salvador. Una y otra vez, el ciclo litúrgico trae ante nosotros los grandes misterios de nuestra fe, cuando celebramos y continúamos el proceso de nuestras vidas. Cada año cuando empezamos Adviento, hay una mescla refrescante de una espera llena de esperanza – siempre, año tras año, tiempo tras tiempo. La estación de las luces, mesclada con los pasajes maravillosos de la Sagrada Escritura que oímos en las celebraciones de los domingos de Adviento: Es el principio de una jornada especial de espera. Es el tiempo perfecto para reflexionar en el misterio de cómo Dios toca nuestras vidas, de muchas maneras.

La fiesta nacional de acción de gracias, es siempre el cuarto jueves de noviembre. Es el día cuando como una nación, damos gracias. Las tradiciones de este día incluye la reunión familiar en torno a una cena especial. Ese momento verdaderamente hace marcada distinción, centra en un momento del año, cuando damos gracias en este tiempo especial de reunión, alrededor de la mesa. En las  familias esto pasa en la mesa familiar.

Este año celebramos el Año de la Eucaristía, que empezó el 1 de Octubre, en los proximos meses espero escribir frecuentemente sobre la Eucaristía, cuando los Padres del Concilio Vaticano Segundo, Eucaristía es la “cúspide y fuente” de la vida y misión de la Iglesia. Literalmente, Eucaristía significa “dar gracias.” Cada tiempo que nos congregamos en la mesa del Señor, éste es un tiempo especial para ofrecerle nuestra gratitud a Dios, que tan ricamente nos bendice.

San Pablo nos habla frecuentemente de la necesidad de dar gracias. El usa frases como esta, “nunca he parado de dar gracias a Dios por ustedes” (Efesios 1: 16), “Siempre doy gracias a Dios el Padre” (Efesios 5: 20), “Nunca ceso de orar, dar contínuas gracias” (1 Tesalonisenses 5: 18), “insto que peticiones, oraciones, e intercesiones, sean ofrecidas en acción de gracias por todo” (I Timoteo 2: 1). Y como Jesús tomó la copa en la Ultima Cena, dío gracias.

Cuando pensamos en acción de gracias y el lugar de la Eucaristía en nuestras vidas, tenemos tanto por lo que estar profundamente agradecidos. Vivimos en un país que es ricamente bendecido de muchas maneras. Siempre me ha impactado el contraste entre nuestros supermercados y las pequeñas tiendas en los países del Tercer Mundo. Nosotros hemos tenido en abundancia – verdaderamente una sobre-abundancia. ¿Estamos concientes de la riqueza de nuestras vidas? ¿Estamos concientes de todo la abundancia que se nos presenta con tanta liberalidad? ¿Cuando por accidente paseamos por el lugar donde se vende carne, nos hace pensar en todas las personas que han traído el producto a este lugar, hacen posible los finos productos que vemos en despliegue? ¿El granjero, el camionero, el obrero que hace el embalaje...?

O pasando por las verduras y frutas, en tan grande variedad, en casi cualquier tiempo del año. ¿No sólo debemos estar agradecidos por todas estas opciones, pero que pasa con aquellos que han crecido, recogiendo y haciendo posible estas frutas y verduras? ¿Los esparragos pueden ser un poco caros, pero han visto alguna vez a los cortadores de espárragos, fuera en los campos a las 5 de la mañana, doblados sobre la tierra, cortando cada pieza?

Todo ésto nos trae de regreso a la Eucaristía – para dar gracias. No hay ninguno de nosotros que no tengamos por mucho por lo que estar agradecidos. ¿Cómo vamos a dar gracias?

Pienso que lo hacemos mejor en comunidad, cuando venimos a rendir culto a nuestro Dios, en alabanzas, oraciones y apertura para recibir el “Pan de Vida.” “Dar gracias siempre” no significa una vez o dos veces al año, o acercarnos a la mesa del Señor en un golpe o en una forma errada. Dar gracias significa diariamente. También significa que lo hacemos en comunidad, por lo menos una vez a la semana, en la Eucaristía. Ésto es lo que la Iglesia nos pide cada domingo cuando celebramos el Día del Señor. Asistencia regular del domingo significa que tomamos en serio sobre el dar gracias. Cualquier cosa menos, puede indicar claramente un relajado alejamiento, un debilitamiento de apreciación: apreciación por cuán ricamente Dios nos ha bendecido personalmente, cómo nos ha bendecido a los unos con los otros, y cómo nos ha bendecido con el mundo en el que vivimos.

Este año de la Eucaristía es una oportunidad: una oportunidad para estar más profundamente conocedores; estar profundamente agradecidos; recordar, sobre todo en la Eucaristía el domingo, que ricamente Dios nos ha bendecido.

¡Una bendita acción de gracias y felidades para todos!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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