Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"La misión: una actualización"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 19 mayo 2005 del Inland Register)

Somos una iglesia peregrina. Vamos en una una jornada de fe. Ese concepto ha sido muy real para nosotros en la Diócesis de Spokane, especialmente en estos dos últimos años. Cuando la Iglesia católica continúa haciendo esfuerzos para hacerse más sensible y compasiva con las víctimas de abuso sexual, nuestra familia diocesana también ha tenido que manejar las implicaciones de esta situación. Estas implicaciones son muchas: sociales, pastorales, económicas, y legales.

He dicho antes, y creo aun es verdad: Navegamos en aguas desconocidas. Ésto es particularmente evidente cuando trabajamos por el “Chapter 11” Reorganización en la Corte Federal de Quiebra, un proceso que empezamos en Diciembre recien pasado. He tratado de mantener a todo el mundo informado a traves de nuestra red de comunicaciones diocesanas.

Los insto a que aprovechen la información: www.dioceseofspokane.org – pulsa el botón en “Chapter 11 Reorganización.” Hay una gran riqueza de material disponible.

Sé que hablo para toda la diócesis cuando repito que estamos profundamente apenados por las víctimas que ha sido heridas. Yo personalmente y corporativamente quiere expresar nuestra disculpa por lo que ha pasado. Mi compromiso como obispo de esta diócesis es: Continuaremos investigando las mejores maneras posibles para que se produzca una sanación y reconciliación; lo hacemos así, porque reconocemos que es Dios quien verdaderamente sana de verdad.

Cuando nos embarcamos en el Chapter 11 Reorganización, fue con la intencion esperanzada de que guardaríamos, con la mejor de nuestra habilidad, la misión de la Iglesia en Oeste de Washington. para ser honrado, ya ha tenido un profundo impacto en nuestra misión. Ese impacto continuará tambien en el futuro.

Una de nuestras fuerzas como Iglesia, es nuestro sentido de comunidad. Somos una comunidad de fe; somos una familia de fe. Dimos testimonio de esa realidad y esa fuerza durante el tiempo de los eventos por la muerte del Papa Juan Pablo II. Si alguien en la familia está enfermo o en necesidad, respondemos a esa necesidad en solidaridad y en amor. Cuando trabajamos por resolver esta materia del abuso sexual en la Iglesia, hemos preguntado a aquellos que han sido abusados que por favor vengan de manera que podamos responder con esperanza, reconciliación, y sanación. Respeto profundamente a las víctimas que han podido hacerlo. Sólo ellos saben el inmenso valor que eso requiere. Sólo ellos saben el impacto de estos trágicos eventos que estabieron fuera de su control.

También nos hemos comprometido a crear un ambiente seguro para los ministerios en la Iglesia. El carta constitucional para la Protección de la Juventud y los Niños, aceptado por los Obispos de los EE.UU. en el año 2002, ha sido de gran ayuda para nosotros. Un Extenso entrenamiento de los voluntarios y empleados se ha producido en toda la diócesis en éste punto, de manera que nunca mas se vuelvan a repetir estos trágicos eventos en el futuro.

El exaustivo proceso de seleccion de nuestros candidatos al sacerdocio ha mejorado. Somos mas conocedores, y podemos mejorar ahora para identificar y reconocer, modelos de conducta potencialmente peligrosos.

Nuestra Codigo de conducta diocesano está en practica (y también esta disponible para que el público lo pueda leer en nuestra Red Electronica). Ese Codigo hace aclarar nuestras esperanzas de toda nuestra familia diocesana, sobre todo empleados y voluntarios.

Continuamos siendo bendecidos por nuestra coordinadora para la Ayuda de las Víctimas, Mary Budler, que facilita la aproximación a las víctimas y revisa nuestro progreso cuando tenemos que actuar en los términos del “Charter”.

Somos familia, juntos, cuando nos movemos en esta compleja situación. Las tragedias del pasado nos ayudan a identificar lo que podemos hacer en nuestras parroquias y escuelas para crear ambientes seguros, ahora y en el futuro. Tenemos una responsabilidad mutua, levantar y protege la dignidad de cada ser humano, sobre todo los más vulnerables.

A nivel nacional la Iglesia católica en los Estados Unidos acaba de terminar una linea confidencial, para inspeccionar víctimas de abusos (“Obispos establecen una línea confidencial para inspeccionar víctimas de abusos sexuales,” IR 4/7/05). Ahora los obispos miran un estudio más en profundidad de los abusos sexuales en la Iglesia, en un intento de analizar el problema y ver cómo podemos proporcionar una mejor protección para todo el mundo, en la Iglesia y en la sociedad.

La situacion es inmensa en nuestra sociedad en general. Por la seguridad y la dignidad de cada persona, debemos manejar estos hechos colectivamente. Es una paradoja interesante: Por un lado podemos volvernos fácilmente muy crueles con respecto a los vistimarios de abusos sexuales, aun asi aceptamos la promiscuidad de los programas de los medios de comunicación, la falta de fidelidad en las relaciones matrimoniales, y la trivilizacion de la sexualidad. Todo es demasiado común. Los mensajes reducen el regalo místico de la sexualidad humana (y los seres humanos) a una comodidad de verlos como fácilmente disponibles.

Aun cuando luchamos por proteger a nuestros niños y jóvenes, no podemos dejar de olvidarnos de la compasión – sí, compasión, por igual para aquellos que son adictos, o mentalmente enfermos, atrapados en el sórdido ciclo del mal empleó de la sexualidad. Compasión es una contestación cristiana. Crueldad no lo es.

Le he dicho muchas veces que éste es un momento de gracia y bendición, cuando tratamos de manejar la salud y el bienestar de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad. Espero y oro para lo que experimentamos en nuestra Iglesia nos ayude a sanar; pero también que llegue a ser un incentivo para toda la sociedad para manejar estas materias con entera seriedad y con gran resolución.

Como cristianos, somos personas de esperanza. Jesús, el Gran Sanador, continúa trabajando en nuestros corazones y en nuestras vidas, en nuestras comunidades de fe, en nuestra diócesis. Por ese cuidado tan amoroso debemos estar eternamente agradecidos. Siguiendo la huellas del Buen Pastor, que cada uno de nosotros pueda tomar el mismo camino.

Mucha paz y muchas bendiciones.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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