Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Somos un Pueblo Eucarístico"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 9 junio 2005 del Inland Register)

Recientemente celebramos la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo. En este año dedicado a la Eucaristía, la fiesta tiene una importancia especial por mí.

En éstos pocos meses he refleccionado sobre el significado de las celebraciones de la Eucaristía, que han sido especialmente significantes para mí. La mayor parte de nosotros vió muy de cerca la liturgía del funeral del Papa Juan Pablo II, en la Plaza de San Pedro. Se congregaron cientos de miles de personas, en la mesa del Señor, para celebrar su muerte y la gran transformación de su vida. Sólo dos semanas más tarde, la inauguración o entronización del Papa Benedicto XVI, nos proporcionó otra oportunidad muy especial cuando se celebró la Eucaristia para formalmente empezar su ministerio papal.

Durante estos meses he sido parte de docenas de celebraciones de Confirmación/ Primera Eucaristía, a través de toda la diócesis. ¡Cuánta expectación para aquellos que la reciben por primera vez! Una mamá me contó que su hija le dijo después de la celebración del sábado en la tarde que ellos deberian regresar al dia siguiente para hacerlo de nuevo. ¡No sería maravilloso que ese fuego y entusiasmo estuviera constantemente en nuestros corazones!

A principio de este mes, tuve el privilegio de celebrar la Misa de Graduación en la Universidad de Gonzaga, en su nueva arena. Allí debe de haber habido alrededor de 6.000 personas, en esa tarde del sábado. Había un espíritu obvio de reverencia, de gratitud, y de alegría.

Por favor no me entiendan mal. Las celebraciones Eucarísticas no son más significantes simplemente porque más personas participan en ella. Cada celebración de la Misa, ya sea con una gran o pequeña participacion, nos ofrece la oportunidad de reconocer a Jesús en el “partir del pan.”

Cuando se inició el Año Eucarístico en Octubre recién pasado, el Papa Juan Pablo II emitió una especial Carta Apostólica, titulada “Quedate Con Nosotros, Señor.” En esa carta, él se enfocó en tres temas: 1) La Eucaristía, como misterio de luz; 2) La Eucaristía, como fuente y expresión de comunión; y 3) La Eucaristía, como principio y plan de una misión.

En el primer tema el papa habló de la mesa de la Palabra y la mesa del “Pan.” En su Carta a los hebreos, San Pablo nos recuerda que la Palabra de Dios es “viviente y eficaz, más afilada que una espada de dos filos. Penetra y divide alma y el espíritu, que juzga las reflexiones y los pensamientos del corazón.”

¿Cómo podemos vivir bien, sin poner en el corazón esas palabras? Cuando reflexionamos en la mesa del “Pan,” recordamos las palabras de Jesús “si no comen la carne y no beben la sangre del Hijo de Hombre, no tendran vida en ustedes” (Juan 6: 52). Esas palabras son directas, simples, inequívocas, y poderosas.

Apropiadamente, el Papa Juan Pablo II se refirió a la Eucaristía, como un misterio de luz. Nunca entenderemos totalmente este misterio. Continuamos siempre en busca de una comprensión y apreciación más profunda de este sacramento. Intrínseco a esa búsqueda es la participación regular en la Eucaristía. Admiro muchísimo a aquellas personas que nunca se pierden la Eucaristía del Domingo. Hay un cierto número de personas, en nuestras parroquias, que también participan en la Eucaristía diaria.

Segundo, la Eucaristía es una fuente y expresión de comunión. Hace un par de semanas, el Cardenal Kasper, presidente del Consejo Pontificio para Promover la Unidad Cristiana, dijo que “el sacramento de la Eucaristía es el sacramento de la unidad en la iglesia. Ninguna comunidad que celebre la Misa puede aislarse o retirarse en sí misma.”

En su Carta Apostólica, el Papa Juan Pablo nos dijo algo semejante sobre la Eucaristía como una fuente de unidad, y también como su expresión. En cada Misa somos llamados a medir nuestro ideal de comunión.

Para nosotros la Eucaristía, es el principio y el plan de nuestra misión. Cuando salimos de Misa, somos un Pueblo Eucarístico para el mundo. Somos personas muy agradecidas. “Quedate Con nosotros, Señor,” nos dice, en solidaridad los unos con los otros, celebramos la Eucaristía como “una señal e instrumento no sólo de una íntima unión con Dios, sino también de la unidad de toda la raza humana.” Cada calebración de la Misa tiene un carácter universal. Cuando salimos de las puertas de la iglesia, después de celebrar la Eucaristía, debemos tener el compromiso de construir una sociedad más justa y fraternal en el mundo. Debemos ser abogados por la paz y la justicia.

Al concluir estas reflexiones, les sugeriría varias áreas de cómo podemos poner fuego, sobre el regalo de la Eucaristía:

• Tengo el entusiasmo y el corazón ardiente por participar en la Eucaristia cada domingo.
• Participar con entusiasmo en el responder, cantar, y ser generoso en el servicio. Puedo ver una amplia variación, en la participación colectiva de las respuestas y en las canciones en las parroquias alrededor del diócesis. Algunas de nuestras parroquias más pequeñas son las más sensibles y participativas.
• Tomen en serio y sean generosos en ofrecer sus dones y recursos como acción que fluye de la Misa. Somos enviados en una misión, todos nosotros. ¿Puede usted imaginar lo que pasaría si todo el mundo tomara en serio esta invitación y mandato?

Como el Papa Juan Pablo II concluye al final de “Quedate Con Nosotros, Señor,” “Ojalá que podamos descubrir un nuevo entusiasmo por la misión de la Iglesia y lleguemos igualmente a reconocer más profundamente que la Eucaristía es la cúspide y la fuente de la Iglesia y de toda vida.”

¡Y que todos digamos un “amén” rotundo! ¡a esto!

Paz y bendiciones.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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