Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Adviento: Una Anciada Espera"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 15 diciembre 2005 del Inland Register)

Esperanzas pueden ser nuestra destrucción.

Todos nosotros hemos tenido esperanzas significativas, en diferentes momentos de nuestra vida, que nunca se cumplieron. Cuando fui ordenado sacerdote en 1960, recuerdo con mucha vivacidad, lo entusiasmado que estaba cuando visité al Sr. Obispo Mons. Bernard Topel para la designación de mi primera misión. El me había dicho un par de días antes, cuando acordamos la cita, que tenía noticias excitantes para mí. Deseé saber la parroquia a la que se me asignaría. Consideré algunas posibilidades, jugando con mi fantasía.

Cuando llego el día, la noticia excitante fue que: Volvería enseñar en la Universidad del Estado de Washington. Sería pastor asociado de la Parroquia del Sagrado Corazón, en Pullman.

Este ministerio no fue exactamente lo que tenía pensado, pero por supuesto que fui. Sí, una esperanza destruida, pero la experiencia fue una de las más agradables e útil.

Cuando la gente se casa, a menudo tiene muy altas esperanzas, pero las cosas no se dan como esperaban. Quizás una enfermedad, una relación incomoda/constreñida, un empleo perdido, o niños que se van lejos de la Iglesia, puede ser algunas fuentes de las desilusiones – sueños incumplidos. Cómo a menudo pasa que una pareja, está lista para empezar a disfrutar de su jubilación, entonces uno de los esposos se enferma - quizás aún con una enfermedad terminal.

El cultivo también tiene una manera de mantenernos humildes. Quizás podemos tener una gran cosecha de cerezas, entonces, el ultimo día, antes de recogerlas, una lluvia viene y daña la cosecha, o la destruye totalmente.

A veces los parroquianos tienen esperanzas muy altas sobre la calidad y vida de su comunidad parroquial. Como en cada familia, las parroquias están formadas de seres muy humanos. Los Pastores y los obispos son humanos, también.

¡Ésa es la jornada de humanos! Manifestada de mil formas diferentes.

Ahora estamos en el Tiempo de Adviento, preparándonos para la Solemnidad de Navidad.

Las esperanzas del Pueblo Escogido fueron muy altas, al esperar la venida del Mesías. Un niño nacido en Belén, no era exactamente lo que la gente ambicionaba. Aun así, el Salvador nació y vino al mundo de una manera, que aun hoy nos deja asombrados y lo celebramos con jubilo.

El propio camino de Jesús cuando experimentó su pasión y muerte, no fue lo que sus discípulos esperaban. Al contrario, ellos estaban totalmente desvastados. A medida que los acontecimientos sucedían, el día de la Resurrección se transformó en el gran día de la esperanza y de celebración, y es como la Iglesia celebra cada domingo, un día de Resurrección.

Cuando nos acercamos a la Navidad, recordando la venida de Jesús al mundo esa noche de Navidad – Luz del Mundo. Habrá muchas expectaciones, desilusiones de nuestras esperanzas en la vida, pero las cosas que verdaderamente cuentan, El las hace y vendrá. La promesa de Dios se cumplirá. No debemos tener ninguna duda sobre eso.

Acabamos de terminar el año dedicado a la Eucaristía. El Sínodo de la Eucaristía en Roma, en el mes de octubre es un buen recuerdo para la Iglesia sobre la importancia de este sacramento, que facilita y hace posible el continuar en un íntimo encuentro con el Señor. Nuestra jornada continua, sin vuelta. Cada día, es un día más cerca del encuentro con el Señor, cara a cara por toda eternidad. ¡Ahora si tenemos algo que nos hace tener una verdadera esperanza, una expectante esperanza! No es cuestión de “puede ser,” más bien es “cuando.” En el entretanto, el Tiempo de Adviento y la Solemnidad de la Navidad nos recuerda un Dios amable y misericordioso, con un constantemente amor, que nos toca y nos acompaña en la jornada.

La Eucaristía también nos debe recordar esa presencia de Jesús en nuestras vidas, a veces no se manifiesta en la más agradable de las circunstancias. La Eucaristía se trata del sacrificio del Señor, la mesa de la Palabra y del Pan de Vida. Aquí, también, las esperanzas pueden tratar de llevarnos a sólo ser más felices en agradables circunstancias. Aún, el Señor de las sorpresas también viene a nosotros en los momentos de prueba y de dolor. Y la verdad es, que muy a menudo, en esos momentos, en esos momentos de dolor, son las circunstancias en las que más crecemos. Nos volvemos más espiritualmente maduros cuando pasamos por ellos. Esas experiencias se vuelven parte de nuestro crecimiento espiritual y de nuestra conversión de corazón, esto es necesario para nosotros como discípulos del Señor.

La venida del Señor es una expectante esperanza, siempre a realizarse. No importa las muchas esperanzas sin realizarse, la espera de lo verdaderamente importante es continuar hasta el final. Una y otra vez, he visitado a personas que estaban con una enfermedad terminal, quizás con un profundo sufrimiento, experimentando un dolor insoportable, constante. Aun allí, su fe esta profundamente arraigada y fue evidente que al mismo tiempo había una alegría plena. Claramente tenían una esperanza llena de expectación.

El misterio de Dios continúa desplegándose como en la primera Navidad. El Tiempo de Adviento nos afirma en nuestro tiempo de preparación y nos ayuda a mirar cada evento en nuestra vida como plenitud de gracia. Como San Pablo nos recuerda en su carta a los romanos, “todo es gracia”. En esa realización nos regocijamos y agradecemos a Dios. Jesús viene.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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