Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Mirando hacia el 2006"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 12 enero 2006 del Inland Register)

El año 2005 ha sido notable, aunque no siempre con los más agradables eventos.

Sólo después de la Navidad del 2004, el suroeste de Asia fue golpeado con el maremoto (sunami) con impacto catastrófico. Más de 200.000 personas murieron. Aún, un año más tarde, esa parte del mundo están tratando de levantarse de nuevo. La respuesta, el ir en su servicio, y la ayuda de alrededor del mundo fueron de gran inspiración y un nivel de generosidad admirable.

En nuestro propio país los Huracanes Katrina y Rita causaron una destrucción grandísima, forzando a la re-ubicación de miles de personas, se rompió y se destruyeron grandes áreas urbanas, particularmente en Nuevo Orleáns. Ciudades y diócesis continúan tratando de recuperar de la masiva escala de estos desastres. Una vez más, en toda nuestra nación ha habido una respuesta generosa, sin indicación clara al presente de las necesidades totales serán, tanto en el área y como en la Iglesia en el futuro.

Un masivo terremoto en Norte de Pakistán, estos desastres naturales, con decenas de miles de muertes resultantes en un sólo devastador evento. Cientos de miles de personas sin casa ni hogar para enfrentar el invierno. La comunidad mundial ha venido en su ayuda. Pero las necesidades totales de estos eventos son grandísimos. La recuperación tomará años. Reconstruir puede dar por resultado estructuras que serán muy diferentes de las del pasado.

Nuestra propia Diócesis Católica de Spokane ha experimentado su tiempo de desafío cuando tratamos de manejar en una manera justa y compasiva las demandas de los abuso sexuales del pasado. Una vez más, me disculpo con las víctimas, por el daño que han sufrido en el abuso y en la perdida de su confianza. Oro por ellos cada día, y espero que todos de ustedes lo hagan también.

Continuando con el proceso del Capítulo 11 en la Re-organización, hemos hecho lo mejor para poder continuar con la misión y el ministerio en nuestra diócesis. Ese esfuerzo no ha sido fácil; el resultado financiero de nuestra presente situación esta lleno de ambigüedades e incertidumbres. El trabajo y el ministerio de nuestro Centro del Pastoral católica han sufrido el impacto de la situación, como los recursos de algunas parroquias que se han usado en el proceso de la litigación. Periódicamente, oigo quejas sobre los gastos legales. Estoy muy atento a esas preocupaciones, dado la naturaleza sumamente compleja del proceso legal en el que estamos comprometidos, no seria prudente, manejar estas materias en la mejor forma profesional. Si hubiéramos hecho de otra forma, podríamos haber acabado muy arriba y en una situación mucho más vulnerable. Censurar, de cualquier parte, no es útil, y nunca ha sido en el reino espiritual de la justicia, la conciliación, y del perdón.

Empezando este Nuevo año, celebramos la Fiesta de la Solemnidad de la Maternidad de Maria y el Día Mundial de la Paz. Ambos son mensajes importantes que nos deben desafiar a todos nosotros en el centro de nuestro ser.

La vida de Maria, la madre de Jesús, está llena de inspiración para todos nosotros, ya que decir “sí” a Dios, tanto en esos momentos de las más grandes pérdidas y de dolor. Se puede igualar pérdida con la oscuridad y lo borroso, cuando oímos del Profeta Isaías en la primera lectura de la Misa de Medianoche en la Navidad; pero el profeta continúa, la luz de Dios se ha mostrado. Los pueblos han visto una gran luz. La Palabra se hizo carne. La luz de Cristo triunfa sobre todo lo demás. Debemos tratar de vivir esta realidad tan profunda lo mejor que podamos. Para algunos yo sé, este desafío, es sumamente difícil. Pero es posible.

Paz es una necesidad tremenda en nuestro mundo y en nuestras comunidades. La falta de respeto por vida humana en cualquiera de sus fases, desde la concepción hasta la muerte natural, es contraria al Evangelio y contraria a las enseñanzas de nuestra Iglesia. La falta de generosidad, el escandaloso individualismo, y acumulación no ayudan a levantar el bien común o el apoyo a la virtud de la justicia – el correcto orden de las relaciones. Paz es tratar de edificar la humanidad en amor y solidaridad – en nuestro mundo, en nuestro país, en nuestras ciudades y pueblos, en nuestra diócesis, en nuestras parroquias, en cada hogar. Vivir el Evangelio significa crear paz. Esto envuelve opciones personales difíciles, día a día. Pero debemos darnos cuenta de este en nuestras relaciones con los de mas, cualquier cosa que disminuya la construcción de la paz, disminuye también la vivencia del Evangelio. Ése es el tipo de iniciativa que cada discípulo de Jesús esta llamado a hacer.

G.K. Chesterton, el famoso autor inglés, una vez dijo, “El ideal Cristiano no se ha probado y se encuentra esperando. Se ha encontrado difícil e se ha dejado de probarlo.” La Cristiandad no ha fallado. Es que solo no se ha probado. Esas palabras son muy verdaderas hoy. Somos personas muy humanas, somos una iglesia muy humana, y somos un mundo que tiene en verdad necesidad de redención. Jesús es y en verdad será el Salvador del mundo. Siguiendo el ejemplo de Maria, quizás cada uno de nosotros y todos nosotros juntos podemos como nuestra “madre’ hacer esa presencia de Jesús, como un testimonio vibrante que en verdad será superado.

Este año, 2006, tiene un tremendo potencial de crecimiento y realizaciones. Oramos con la esperanza y una profunda gratitud a Dios, Dios trabaja, misteriosamente, en nosotros. El Señor Jesús, por el poder del Espíritu Santo, haga que esto se realice.

Bendiciones y paz para todos.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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