Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Hermanas de Providencia: cumplen 150 años de vida en el Oeste"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

La celebración de 150 años, en nuestra parte del mundo es bastante rara. El sábado, Agosto 5, en Spokane, las Hermanas de Providencia celebraron 150 años de su llegada al Oeste. En el encuentro se vio a representantes que venían de las Provincias de la Providencia en Chile y Canadá Occidental, Misiones en Filipinas, San Salvador, Haití, Provincia Madre Joseph (que incluye el Noroeste), y de la Casa Madre, en Montreal. De hecho, la Superiora General de la orden, Hermana Kathryn Rutan, viene de la Provincia Madre Joseph. La Catedral de Nuestra Señora de Lourdes estaba llena.

Su legado de este siglo y medio, que ha pasado esta lleno de grandes realizaciones en el nombre del Evangelio. (Nota del Editor: Vea “Sisters of Providence: 150 Years in the West,” IR 8/3/06, y el anunció en la sección de IR en el sitio de la Red Diocesana: http://www.dioceseofspokane.org). Se inicio con la llegada de Madre Joseph y las otras hermanas en 1856, más de 30 hospitales, escuelas, hogares se establecieron en el Noroeste y en la Columbia británica. Desde la llegada de las hermanas en 1856. 125 centros para el cuidado de la salud, educación, y también se establecieron instituciones de servicios sociales. De estos 68 están todavía activos, empleando alrededor de 45.000 personas. ¡Lo que un cumplimiento tremendo!

Mi primer contacto indirecto cuando era joven, con las hermanas de la Providencia, fue a través de mi madre. Ella asistió a la Academia de San José, en Sprague cuando era joven. Recuerdo la narración de sus historias una tras otra, sobre el internado de la escuela, obviamente fue una institución que la había marcado profundamente.

En 1980 tuve la honra de estar presente cuando se quito el velo a la estatua de Madre Joseph, en el Corredor de las Estatuas, en el Capitolio de nuestra nación. El Gobernador Dixie Lee Ray, entonces gobernador de nuestro estado, estuvo presente allí.

Ha habido momentos más ligeros también. Aproximadamente hace 15 años, fui parte de un evento cívico en el Centro Médico del Sagrado Corazón. Fuimos equipo con Hna. Peter Claver, que en ese entonces era administradora del Hospital del Sagrado Corazón. Los dos estuvimos planeando algunos tipos de actividades al aire libre. ¡Se me asigno un equipo de esquí Nordic, y ella se vistió y se equipo de un apropiado vestuario, para la caza de patos, incluso de una escopeta de caza! Aun así, uno tenía que estar con ella sólo unos minutos, para reconocer su compromiso muy serio en el cuidado de la salud, sobre todo para los más pobres y vulnerables.

Las Hermanas de la Providencia fueron fundadas por la beata Emilie Gamelin, en el Canadá Oriental. Ella era una viuda muy joven cuando estableció la comunidad en 1843 para servir a los pobres y necesitados. Trece años más tarde, Madre Joseph y cuatro hermanas se dirigieron al Noroeste para empezar su misión. La jornada sola debe de haber sido como para acobardarlas. Estoy seguro que supieron desde el momento en que salieron que nunca regresarían a su hogar o ver a sus familias de nuevo. Se comprometieron profundamente a su misión y profesión. Ese valor, valentía, y generosidad fueron pagadas en el tiempo con grandes momentos, los resultados de lo que podemos ver, esta muy claro hasta hoy, en estos 150 años de vida.

Nuestra reflexión sobre este siglo y medio pasado, pone en una perspectiva clara el trabajo de una Comunidad Religiosa, y lo que la comunidad puede hacer por los individuos, y lo que individuos hacen por una comunidad. En la celebración del sesquicentenario también fueron honradas seis jubilares de las Hermanas de la Providencia. Su combinación del total de años de servicio son 360 años. En sus raíces reflejan humildes circunstancias. Aun así, la comunidad hizo posible que muchos ministerios se realizaran y desarrollaran como regalos, que han sido una bendición no sólo para la Iglesia, sino también para la comunidad en general. En nuestro mundo cada vez más complejo, los valores como comunidad, compromiso, misión, desarrollo de sus dones, y espiritualidad siguen siendo muy importantes y, de hecho, dan vida.

La inspiración del espíritu santo se hace clara y evidente en la historia del Ministerio de las Hermanas. Podemos pensar en el trabajo de la Iglesia en sus comienzos y cómo el Espíritu Santo se hizo visible y la tocó no sólo en Pentecostés, sino también en todos los días tempranos de su existencia. Personas que fueron tocadas en sus vidas, dramáticamente y el Espíritu sigue trabajando así para muchos. ¿Podría ser diferente su trabajo hoy? Por cierto que no. Las señales del trabajo del Espíritu Santo esta en todas partes. El tema de la Celebración de las Hermanas de la Providencia es “Celebrando los favores de Dios,” eso nos recuerda a nosotros cómo Dios nos ha bendecido en y por su misión y servicio. Otras Comunidades Religiosas ciertamente nos han bendecido también. Debemos estar muy agradecidos de ellas.

Recordar el pasado y celebrar el momento es importante para nosotros. Pero el jubileo nos dirige también a todos nosotros hacia el futuro. La misión continúa, y nosotros somos los que tenemos que responder. Las necesidades están allí. Recordamos las palabras de Jesús cuando empieza su ministerio público en Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, y me ha ungido para traer la buena nueva a los pobres, proclamar la libertad a los cautivos, recuperar la vista a los ciegos y anunciar el año de gracia del Señor” (Lucas 4: 18 [ff]). Nosotros también hemos sido ungidos y sellados con los dones del Espíritu Santo. Junto con Jesús podemos hacer que sus palabras se hagan vida en nuestros días, en la forma en que nos hacemos presentes y en el cómo respondemos a la llamada de Dios en nuestros corazones y en la Iglesia.

Bendiciones y paz para todos.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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