Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Testigos asombrosos"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 26 octubre 2006 del Inland Register)

Nuestro mundo esta lleno de historias de persistentes tragedias. Situaciones que parecen más penosas cuando hay niños envueltos. Todavía puedo recordar el susto de un autobús escolar que choco en el Lago Chelan durante una tormenta de nieve a mediados de los años 40s. Muchos de los niños a bordo se ahogaron.

Estábamos todo profundamente asustados y entristecidos por los horribles eventos de este mes en Lancaster, Pa., cuando un hombre se fortificó con barricada en un uncuarto de la escuela Amish y mató a varios niños, entonces se mató así mismo. Esta violenta tragedia es especialmente chocante porque todo el mundo sabe del compromiso a la paz de los Amish.

Dos cosas notables pasaron después de los tiroteos. Primero, la comunidad Amish inmediatamente perdonó al asaltador. Su preocupación no fue por ellos, si no cómo podían dar consuelo al hombre’s familia. Segundo, aproximadamente 70 personas asistieron al funeral del asesino. Más de la mitad de los presentes eran Amish.

Un hace unos meses, al norte de Spokane, se mataron cinco niños de una misma familia cuando una camioneta cruzó la línea media y chocó con el carro de mudanzas manejada por su padre. El padre de los niños sobrevivió. Al tiempo del accidente, la madre de los fue a un hospital, esperaba el nacimiento de su próximo niño. La madre y padre son miembros de la comunidad Mennonite. No hace mucho tiempo ellos invitaron al chofer de la camioneta a comer en su hogar. No quieren presentar cargos contra él.

Estas dos historias, de los Amish y los Mennonites, son asombrosos ejemplos de perdón y compasión.

Nuestro Concilio Diocesano Pastoral (DPC) se encontró a principios de este mes. Durante la reunión hablamos de la naturaleza profética de ambos de estos grupos, los Mennonites y los Amish, una manera muy radical y profunda de vivir la reconciliación, la compasión, y el perdón exigido por el Evangelio. Su respuesta es inmediata y muy genuina. ¿Jesús? no solo nos pide amarnos unos a otros como nos amamos a nosotros mismos, sino también perdonar. En su Segunda Carta a los Corintios, San Pablo habla de nuestra responsabilidad como embajadores de Cristo. Jesús nos ha dado el ministerio de reconciliación a todos de nosotros.

En nuestra discusión en la reunión DPC, hablamos de nuestro propio testimonio comunidad católica. ¿Cuándo nos sentimos que se nos hecho mal, es perdón, compasión y reconciliación nuestra respuesta inmediata? En las comunidades Amish y Mennonite, hemos esperado este tipo de respuestas en situaciones muy trágicas. ¿La comunidad ve que los católicos respondemos de la misma forma? ¿Es nuestro perdón inmediato y genuino? ¿Cómo podemos hacerlo mejor? ¿Cómo podemos estar llenos del Espíritu del Señor Jesús, cuya respuesta en su propia vida guían tan poderosamente el camino?

En nuestra reunión también hablamos de cómo debemos dirigirnos en las necesidades en nuestra comunidad de fe católica, orar a Dios, para que salgamos de la situación del Capítulo 11. Nuestra gente ha experimentado devastación, heridas, enojo, desilusión, rota su confianza, y pérdida. Las heridas son hondas. Algunas de nuestra gente, aun que no tienen ninguna falta propia, han perdido su fe. ¿Cómo afirmamos el genuino valor que requerimos para ser una comunidad de perdón, de reconciliación, y sanación? Y la verdad es, no podemos esperar de nuestras comunidades hasta que empiece a pasar por dentro de nosotros como individuos.

Es más fácil ser crítico, apuntar con el dedo, dar énfasis a esas partes de nuestra vida donde nos hemos quedado cortos, esos lugares donde somos menos de lo que debemos ser. es verdad en nuestra comunidad católica, es fácil en nuestra sociedad: Es fácil encontrar toda suerte de imperfecciones, de marcas y salientes. ¿Es fácil fijarse en lo negativo, en las faltas personales y en los fracasos? algunos de esos fracasos, en verdad trágicos. Es fácil empequeñecer a otros; parece ser mucho mas sacar lo bueno. Es más fácil poner el dedo al viento, verificar en que dirección sopla. Los vientos de la recriminación, venganzas, asperezas, poner nombres, sensacionalismo, empujar, punzar puede ser muy fuerte a veces. Pero hay una diferencia entre los ataques personales intentando demoler o aplastar, y llamada valerosa a la responsabilidad, hablando desde un lugar de integridad, no de una virtuosa superioridad.

Debemos crear un sentido de compasión, de perdón, de reconciliación, y conectividad en nuestra sociedad, un respeto alentador, paz, y amor entre nosotros. Que, también es viento, y puede tener mucho poder, transformacional, y un impacto duradero. Debe estar arraigado en una espiritualidad que habla de nuestra cercanía con el Señor Jesús y de una integración de la Palabra de en nuestra vida diaria.

Dr. Robbert Bellah hablo a los obispos católicos de U. S. hace algunos años en la Universidad de Santa Clara. Una de sus sugerencias: que trabajáramos para hacer de la cultura de nuestro país más Bíblicamente instruido. Ninguno de nosotros en este lado del Reino de Dios vive la Palabra perfectamente. Es así, nuestro esfuerzo debe ser de verdad a lo largo de toda nuestra vida: una conversión continuada; un integrar los valores básicos de Jesús en nuestras vidas como cristianos. Todo de esto demanda paciencia de los unos para con los otros en nuestra jornada juntos hacia la conversión. A veces la conversión pasa en nosotros de la manera que le pasó a San Pablo en su camino a Damascus. Fue súbito, inmediato, instantáneo; escamas caen de nuestros ojos, lo mismo que le paso a el, como se dice en las Actas de los Apóstoles. Ésta es una cosa buena y maravillosa. Pero la mayor parte de nosotros, la jornada de la conversión es mucho más tortuosa y lenta. Cuando nos esforzamos por conectar el Evangelio a nuestra experiencia cotidiana de nuestra vida, debemos hacer ese esfuerzo con persistencia, esperanza, y visión.

Como familia del diocesana, tenemos la oportunidad usar este momento en nuestra historia para enraizarnos más profundamente en el Evangelio, enraizarnos nosotros mismos más profundamente en nuestra identidad como comunidad católica de fe y en nuestro compromiso con el Señor y los unos a los otros, como Cuerpo de Cristo. Pueda ser que, nuestros corazones individualmente y colectivamente estén abiertos al poder del Espíritu Santo, como Jesús dice, el vendrá y nos instruirá en todo.

¡Bendiciones y paz a todos!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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