Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Adviento: Nuevos comienzos"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 7 diciembre 2006 del Inland Register)

Vida esta llena de finales y de comienzos. El cierre del año litúrgico de la Iglesia nos da la oportunidad de dar gracias y reflexionar sobre “las cosas finales.” Recordar el pasado y movernos al futuro, nos ayuda a reconocer que “las cosas finales” debe traernos a la realización de la importancia de las “primeras cosas” de cada día. Por supuesto, que las “primeras cosas” se puede reducir rápidamente a la “Primera Cosa” – la presencia de Dios y mi fidelidad a esa presencia.

El ciclo litúrgico cada año nos trae de regreso al final del círculo al tiempo de Adviento, el principio. Mi sentido en los años recientes es que Adviento ha asumido una importancia espiritual cada vez más relevante. Más y más, encuentro un espíritu de espera lleno de esperanza en la preparación para la Fiesta de Navidad. Sobre todo cuando reflexionamos en la Escritura, se pueden traducir rápidamente las lecturas del Antiguo Testamento en nuestros corazones y relacionarlas a nuestro propio tiempo.

Hay algo muy real y humano sobre el tiempo de Adviento. Las lecturas del Antiguo Testamento a menudo pintan un cuadro de un mundo muy humano. Todavía el Salvador vendrá y el “lobo será el huésped del cordero,” la “vaca y los osos serán vecinos.” oímos este idioma profético en un tiempo de desafío y de una oscuridad igual, y da lugar a la gran “luz “del Salvador que viene. Los eventos que nos guían hasta el nacimiento de la “Palabra hecha carne” esta poderosa imaginería que hace la historia de la Navidad tan viva, aun para nuestros días. Jesús entra de una manera muy humilde y como un bebé desvalido. Aun, el acto mismo de hacerse sirviente de todos, que se identifica con todos, y que ama a todos es una lección que aun los más jóvenes de nuestro medio entienden muy bien. La historia es poderosa e inspiradora.

El elemento humano de estos eventos se une perfectamente con la poderosa gracia de Dios, recordándonos a todos nosotros cuan poderosamente Dios trabaja en y por las situaciones humanas. Muy a menudo hoy hay una tendencia por romantizar e idealizar las situaciones, haciéndolas inaccesible. Algunos querrían una relación perfecta en el matrimonio o un sacerdocio perfecto. Algunos buscan una parroquia perfecta o esperan la Iglesia perfecta. Buena suerte. No lo encontrarán. El poder redentor de Jesús constantemente está en trabajo en nuestro medio. Como Dios trabaja en y por nuestra humanidad, nuestras alegrías y nuestras tristezas, nuestros éxitos y nuestros fracasos, hay algo poderoso y maravilloso en saber que Jesús vino y está siempre con nosotros. Idealizar y hacer una vida romántica no es útil. El deseo por lo eternamente “alto” de emociones y realizaciones es como perseguir el viento. Somos humanos, y buscamos la santidad juntos.

Adviento es un tiempo de espera. Es un tiempo de una espera con alegría. Es el tiempo cuando podemos reconocer la realidad en nuestros corazones y en nuestro mundo, un mundo con todas sus sombras y melancolías. Aun así debemos tener una gran esperanza en la venida del Salvador y está con nosotros en cada etapa de nuestra jornada terrenal. Adviento es un tiempo para ver la melancolía de nuestro mundo - y hay mucha oscuridad allí fuera en estos días – mirarlo, reconocerlo, y encarar esa realidad. Ésa es una oportunidad que nos ha confrontado de una manera más realista a través de los tres o cuatro últimos años de nuestra vida como Iglesia. Estoy tan agradecido que los fieles han enfrentado esa realidad, y continuarán haciéndolo así cuando el Señor Jesús nos llama a santidad, a una renovación de vida, a una conversión del corazón, y a una responsabilidad más de conciencia espiritual en nuestras vidas y en la Iglesia que amamos con un amor tan grande. El regalo de la paz y la llamada al perdón (de mí y por mí) es unos de los desafíos que continúan estando con nosotros. Ordenar todo de esto ciertamente ha sido un desafío, por decir lo menos. Todavía, estos días también nos proporcionan la oportunidad de dar testimonio de la presencia de Jesús, que viene y que nos salva.

Cuando continuamos avanzando por estos ciclos litúrgicos, nos acercamos al gran día de la venida del Señor y al momento de nuestra propia transformación. Hace muchos años, cuando visite a un amigo sacerdote en el día antes de su muerte, hizo el comentario que esperaba mejorar físicamente, pero, si el Señor le dio un regalo de Navidad, el lo acepto alegremente y con gratitud. Recibió de hecho su “presente” al día siguiente.

Para todos nosotros, el tiempo de Adviento es un tiempo maravilloso de espera, de jubilosa espera. Nuestras canciones y himnos nos recuerdan de una manera muy vívida de cómo este tiempo de preparación es lleno de gracias. Y no es sólo un tiempo de preparación para el 25 de Diciembre, pero el tiempo de un acercamiento de todas nuestras vidas, cuando Jesús viene y nos llama a nuestro hogar permanente. El espíritu de estas semanas nos desafía a mirarnos a nosotros mismos, a nuestra Iglesia, nuestra cultura y nuestro mundo; el espíritu de estas semanas nos desafía a ser más sensible al reino de Dios en nuestro medio. Como San Pablo nos recuerda, este reino es un reino de justicia, paz y alegría.

Cuando entramos en este tiempo especial, de otro comienzo, que nosotros como los sirvientes de Dios ayudemos a que el reino de Dios en este tiempo sea visiblemente de que en el espíritu de Jesús viene.

Bendiciones y paz a todos.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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