Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Brilla una luz"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 21 diciembre 2006 del Inland Register)

por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad El espíritu festivo antes de Navidad es acompañado siempre de muchas luces. Las luces están por todas partes: dentro de los hogares, fuera de los hogares, en las calles, en la tiendas y en las ventanas de las tiendas, en los barrios, aun en las casas de los ranchos. Hay imágenes con luces a lo largo del camino I-90, al oeste de Moses Lake, los campesinos pusieron contornos de escenas, muchas de ellas relacionados con Navidad.

La luz de una vela en nuestras Iglesias tiene una importancia especial. Entonces, por supuesto, tenemos la vela Pascual que representa la luz de Cristo.

Las lecturas del Adviento están llenas de bellas imágenes del poder salvador de Dios revelándose en nuestras vidas y en nuestro mundo. Las altas montañas se nivelaran y todas las colinas, que se rellenen todos los valles, se arreglen los caminos ásperos hasta aplanar la tierra, los caminos curvos se harán rectos. La vaca y el oso serán vecinos. Porque en la tierra de oscuridad, una luz ha brillado.

Cuando recordamos estas imágenes que son simbólicas de la condición humana, no tenemos que ir lejos para ver donde están los hondos valles y la altas montañas. O las líneas curvas y los caminos ásperos. Estas imágenes se aplican a nuestros corazones, a nuestra relación en el matrimonio y las familias, a nuestros ministerios, a nuestra Iglesia, a nuestras comunidades, a nuestra nación y al mundo.

Quizás la parte más dura es reconocer o darse cuenta de lo que necesitamos bajar o rellenar, lo que necesitamos enderezar o suavizar. A veces, todo esto puede resbalar en un tipo de oscuridad del que es difícil ver con mucha esperanza - o, como dice Isaías, luz. Las desavenencias en relaciones a veces pueden parecer imposibles de llenar o de hacer el puente. Aun así, Jesús vino en un tiempo cuando esas realidades eran tan presentes como lo son hoy. La gente responde. Muchos vieron la luz y respondieron en fe y en humildad. Era la Luz, el Salvador del mundo.

La Fiesta de Navidad es una luz poderosa en nuestras vidas. Ese poder que puede traer a las personas a la Iglesia como ninguna otra fiesta en el año (excepto, quizás, Pascua). los niños quedan fascinados por las escenas del pesebre y rápidamente entienden quien es el que viene, y porqué. La vulnerabilidad y el desvalimiento del bebé en el pesebre deben ser una señal poderosa para todos nosotros, cuando nos sentimos vulnerables y desvalidos. Después de todo es Dios quien esta a cargo de nuestras vidas. Tanto cuanto queramos estar en control y manejemos las cosas de modo que resulte como a nosotros nos guste, verdaderamente al final somos muy dependientes de nuestro Dios. Es la Luz de nuestras vidas y de nuestro mundo. No sólo eso, espera que cada uno de nosotros, en cambio, seamos una luz.

Nuestras comunidades están llenas con luces de Navidad en este tiempo de año. Nosotros las disfrutamos y así vemos la creatividad de muchos, que invierten tanto de ellos mismos, para hacer los arreglos tan bellos como pueden. Pero las luces mecánicas son una cosa. Las luces del ser humano son otras, y en cierto sentido, son mucho más poderosas y transformadoras.

Hace algún tiempo, me encontré con este comentario: El tiempo de Navidad es un momento de realidad, en un año de ilusión. Jesús viene, y es el Salvador del mundo. Es quien hará la nivelación y el relleno, que hará que las líneas curvas se hagan rectas. Participamos en ese trabajo como discípulos de Jesús, como sirvientes, como instrumentos. Luz, un faro, una estrella guía, un pacificador, un reconciliador, un perdonador, un embajador de Jesús, como nos lo recuerda San Pablo: todas estas son imágenes de las que debemos agarrarnos, sobre todo en este tiempo de la celebración de la Navidad. Como Navidad enciende una luz que llena al mundo en este tiempo, así lo debe hacer la luz de cada uno de nosotros y todos nosotros juntos, para reflejar la presencia de Jesús, luminosa y sin oscuridad. Se requiere la presencia salvadora de Jesús, ahora más que nunca. Vivimos en un mundo en el que verdaderamente en este momento, vivimos un momento de divisiones, cuando tenemos la oportunidad de reconocer la luz luminosa, de un Salvador amoroso y que podemos reconocer en nuestro medio y apreciar al Redentor.

Hace algunas semanas, antes que el Papa Benedicto XVI hiciera su breve viaje a Turquía, un comentarista de la radio hizo esta declaración, “Quizá ésta es la última oportunidad para que las nubes de oscuridad entre Este y el Oeste se dispersen.” aunque se esperó alguna oscuridad sobre el viaje, la luz del ejemplo del Padre Santo fue poderosa y conmovedora.

Que esta Navidad nos inspire para ir y hacer lo mismo en nuestras vidas. Que nuestras luces juntas, con la energía de la luz de Cristo, se quemen aun con más brillo, en un mundo que espera al Salvador.

Extiendo a todos ustedes y sus familias mi oración por los mejores deseos de una Santa, bendita y feliz Navidad. ¡Y por favor, dejen que su luz brille!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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