Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Una olla de oro"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 8 febrero 2007 del Inland Register)

Recuerdo cuando era un muchacho joven, mi madre me dijo una vez que la gente dice que hay una olla de oro al final del arco iris. El arco iris es de hecho muy bello, con su miríadas de colores, siempre refleja la luz refractaba del sol, convertidas de las innumérales gotas de lluvia. Las gotas de lluvia se rompen y abren a la luz del sol. Hay algo como místico sobre él, intrigante. Aún así, es un tipo de realidad virtual. Ciertamente hay ninguna olla de oro al final de él.

La gente busca tesoros en la vida. Algunos lo buscan en forma rápida, en la lotería o una muestra de cuestionario. Otros prueban inversiones arriesgadas. Algunos trabajan duro toda su vida para elevar su “tesoro.” Como Jesús nos lo recuerda en el Evangelio de Mateo, “Allí donde esta tu tesoro, allí también esta tu corazón.” Entonces necesitamos discernir a cerca de este tesoro.

El año litúrgico de alguna manera es como un arco iris. Nosotros igual usamos colores de vestiduras en nuestras celebraciones para reflejar los diversos tiempos litúrgicos. Lo mismo que una gota de lluvia se rompen para reflejar luz del sol, el año litúrgico se rompe para abrir para nosotros la belleza de la presencia de Dios y el amor en nuestras vidas.

Empezamos nuestro año litúrgico con el tiempo de Adviento, nos prepara para la venida de Jesús, y concluye con la Fiesta de Cristo Rey. Uno de los tiempos importantes y fructíferos de nuestro año litúrgico es la Cuaresma, que estará pronto con nosotros.

Probablemente no hemos pensado mucho sobre el hallazgo del “tesoro” en la Cuaresma. Sin embargo, es un tiempo de descubrimiento: un descubrimiento serio de la riqueza de este tiempo especial. Durante la Cuaresma podemos buscar una apreciación más honda de la presencia de Dios en nuestras vidas y evaluar cómo tomamos la responsabilidad por responder a esa presencia. La gente hoy busca muchas cosas, incluso la meta ilusoria pensando que la “olla de oro” los hará felices y se cumplirán todos sus deseos. Cuaresma debe ayudarnos a dirigir esos tipos de tentaciones que nos distraen, cuando todos nosotros nos esforzamos por estar informados sobre la plena realidad del reino de Dios y el hallazgo de la verdadera paz.

Cuaresma nos ayuda a apreciar mas plenamente donde esta nuestro corazón – o quizás donde debe estar. Es un tiempo especial para un compromiso más hondo, una conversión, una transformación, y viajar una vez más por estos 40 días, a la celebración gloriosa de la Semana Santa y Pascua. El tesoro real en vida no es medido por el oro, sino por el regalo de nuestra fe, nuestra jornada de fe, nuestra apreciación de la comunidad (con todas sus imperfecciones), nuestra participación en la Eucaristía, y en la vida litúrgica de la Iglesia.

Cada tiempo en que vivimos la Cuaresma, podemos descubrir algo nuevo en el tesoro de la fe. El arco iris de las experiencias de vida se vuelve una fuente de aprecio de cómo Dios toca nuestras vidas, a veces muy sorprendente y misteriosamente. El descubrimiento del tesoro no es siempre en los momentos felices y jubilosos, pero puede ser también en el pozo de nuestras heridas y dolor. Me maravillo una y otra vez de los santos quienes batallan poderosamente con sus situaciones y aun así son capaces de una actitud positiva y un espíritu jubiloso. Actitudes como estas no suceden así no más. Ellas son indicaciones claras de cómo Dios forma el corazón humano si estamos abiertos a esa iniciativa del Espíritu Santo. Tal proceso no ocurre normalmente en un minuto o un período corto de tiempo. Es largo, es un proceso de la vida que nunca verdaderamente está completó, durante nuestro tiempo en Tierra. Es por eso, que este tiempo de Cuaresma es una oportunidad tan rica. Podemos hacer el compromiso entrar seriamente y oración en este tiempo. El tesoro espera...

Éste es también el tiempo cuando volvemos a envolvemos en nuestra Colecta Anual Católica (CAC). Es una tradición antigua de la diócesis que nos permite a todos nosotros participar en la misión de la Iglesia y ser buenos administradores de nuestros recursos, en de apoyo esa misión. Estoy muy agradecido, por los muchos años de generosidad y compromiso de muchos. El año pasado, llegamos muy lejos con CAC fue la más grande, como nunca antes. De nuevo les pido que sean generosos/as como sus medios se lo permitan. Recibirán literatura que le dará una rica información sobre los muchos trabajos en los que la diócesis invierte que hace continuar nuestra misión, del ser Iglesia, y que sirve a nuestras parroquias y al pueblo de Dios aquí en el Oriente de Washington.

Esta petición me hace reflexionar personalmente sobre cómo uso mis recursos y cuanto participo en el CAC, así como las otras peticiones durante el año. Como dice el refrán, nuestro talonario de cheques es un buen examen de conciencia. El CAC nos ha permitido hacer tantos logros a través de los años. Hablando sobre tesoro, extraño como parece, allí también está este “tesoro” de dar. Hay personas que son remarcablemente generosas no sólo en sus propios corazones sino también lo son con los corazones de otros.

Bendiciones y paz a todo ustedes. ¡Que tengan un bendito y rico tiempo de Cuaresma bendito y rico!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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