Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Pascua 2007"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 22 marzo 2007 del Inland Register)

El ciclo de la naturaleza del año litúrgico pone antes de nosotros una y otra vez una oportunidad para la reflexión y la oración en los grandes misterios de nuestra Fe. En el momento presente experimentamos el tiempo cuaresmal cuando nos preparamos para el Triduo Sagrado de Semana Santa y la gran celebración de la Pascua. Es verdad que nuestro diario vivir reflejo el modelo del año litúrgico cuando experimentamos nuevos nacimientos, el sufrimiento de nuestras variadas y muchos cruces, vida nueva y, por fin, nos movemos a la resurrección.

Semana santa, empieza con la Pasión (o domingo de Palmas), proporciona da la oportunidad de entrar con bastante intensidad en la vida de Jesús, cuando se acercó a su propio sufrimiento, muerte, y Resurrección. A menudo pienso que los discípulos de Jesús, que lo acompañaron en esta jornada, deben de haber tenido emociones muy mixtas, turbulentas. Sus pensamientos deben de haber sido confusos, penosos, y difícil de aceptar. Aunque, habían experimentado varios años del ministerio público de Jesús, una experiencia que les había dado un sentido de dirección y solidaridad, al mismo tiempo momentos devastadores. Muy poco los hacía da cuenta de ese domingo en la mañana de Pascua, que su vida así cambiaría tan dramáticamente. En cierto sentido, la experiencia de la Pascua fue sólo el principio de un estilo de vida enteramente nueva, una manera totalmente nueva de misión. Con gran excitación y alegría, se apoyaron en el desafío de compartir la presencia de Jesús, con un mundo en espera.

Nuestras propias experiencias de vida nos llevan por tiempos penosos: tiempos de cruz, tiempos de golpes, de esperas. Vemos los mismos fenómenos en las primeras comunidades de fe que rodeaban a Jesús. El tiempo cuaresmal es un buen recordatorio de cuan importante es para nosotros revisar nuestras vidas y nuestra jornada espiritual en el lente de la fe.

Cuando aceptamos las cruces de vida, llegamos al Triduo Pascua. La Misa con las bendiciones y consagración del Crisma, el Aceite de los Enfermos y el Aceite de los Catecúmenos que es celebrada en la mañana del jueves Santo con los sacerdotes de la diócesis. También, los sacerdotes renuevan sus compromisos, durante esa Misa.

La celebración de la tarde del jueves Santo nos recuerda el gran regalo de Eucaristía. El Viernes santo es un día de intensa reflexión en la Pasión y muerte de Jesús. Finalmente, el poderoso y cambio a la celebración de la vigilia de la Pascua, con su rica liturgia, es una combinación especial de la Luz de la Pascua, con lecturas de la Escritura, la bendición del agua bautismal, y acaba con la iniciación en la Iglesia de los “elegidos” al bautismo, Confirmación y Primera Eucaristía. Aunque la ceremonia de la vigilia de la Pascua es un poco larga, la participación en esa liturgia es como un mini retiro que nos ayuda apreciar nuestra rica tradición y el poder de la acción del espíritu santo que trabaja en la vida de las personas - incluso las nuestras.

Nuestro mundo hoy tiene muchos problemas. Ciertamente la Iglesia, incluso nuestra propia diócesis, ha tenido sus desafíos cuando nos hemos movido para el Capítulo 11 proceso del último par de años. Estos años han sido ciertamente una jornada cuaresmal para nosotros como una comunidad de fe diocesana. La semana pasada, el juez federal aprobó la Declaración del Compromiso de la diócesis. Ahora el Plan Acordado, puede ser votado por todos los acreedores, incluso las víctimas, antes de a mediados de abril.

Todos oremos en esperanza de que con la respuesta de ese voto sea positiva, que el juez aprobará el Plan, que nos llevará fuera de quiebra. Todavía continuaremos haciendo los pagos por un largo tiempo, pero el proceso entero llegara a un fin, esto en su propia manera de hablar es un tipo de resurrección. Aunque esta tragedia del abuso sexual por el clero ha sido una jornada muy difícil, hemos tratado manejar justamente a todas las víctimas de abuso, y al mismo tiempo continuar la misión de la Iglesia. Tan difícil como parece en este momento, creo que al final, esta será una experiencia de gracia y bendiciones. Seremos una comunidad más fuerte y más genuina en nuestra fe cristiana. La cruz tiene sus bendiciones.

Todos los recursos de nuestra diócesis están en el proceso de ser vendidos, incluso la casa del obispo, para ayudar al pago. Hoy cuando les escribo esto, Estoy tomando mi residencia en la rectoría de la Catedral de Nuestra Señora de Lourdes. He vivido en 1025 W. Cleveland por 17 años, el tiempo más largo que he vivido a cualquier otro lugar en mi vida. Hasta aproximadamente 1978, la casa del obispo, en Cleveland era De Porres Feudo, un hogar por madres solteras. En mi nuevo hogar en la rectoría de la Catedral, continuaré la práctica de tener invitados para comidas; en el verano serán en la Casa de Retiro del Inmaculado Corazón.

El Centro del Pastoral católico – el que algunos todavía llaman el Edificio de la Chancillería – se ha vendido. Por algún tiempo Caridades católicas continuarán ocupando el presente espacio del primer piso del CPC. Las otras oficinas de la diócesis, incluso yo mismo, nos cambiaremos y arreglaremos en el Tercer piso, el calendario del movimiento indica que estará completo antes de junio de este año.

Todo de esto significa pérdida, cambio, y nueva vida. De estos tres el más importante, pienso, es nueva vida, y ésa es la gran historia de la Pascua. Los temas de la cruz, y de la resurrección, resuenan en nuestro diario vivir, nos recuerda en todos los tiempos, en todas las cosas, que somos amados por Dios, y que nunca estamos solos.

¡Mis mejores deseos y oraciones, que tengan una Pascua bendita y jubilosa!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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