Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"En 'La Aparecida', Brasil"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 24 mayo 2007 del Inland Register)

Quinta Reunión General de las Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe empezó en La Aparecida, Brasil, el domingo 13 de Mayo en la tarde. Llegué el viernes en la mañana a Sao Paulo, una de las ciudades más grandes del mundo. Algunos dicen que la población es de 20 millones, por lo menos, y eso no es difícil de creer, cuando se vuela sobre el aeropuerto. La ciudad es inmensa. La Aparecida esta aproximadamente a 2 horas al Nordeste de Sao Paulo (portugués por San Pablo) y mas o menos la misma distancia de Río de Janeiro, un poco más lejos al nordeste, a lo largo de la costa Atlántica. La autopista aquí en Sao Paulo es excelente. El pueblo de aproximadamente 40.000 está radicado en un valle rodeado por colinas rodantes.

La Aparecida es el Santuario de María más grande, fuera de Europa. La basílica es grande, construida en forma de cruz, con el altar en el centro. La basílica fue dedicada en 1982, por Papa Juan Pablo II. La capacidad de asientos es varios miles, difícil juzgar debido a inmenso espacio adentro. Sólo la capilla de la celebración de la Eucaristía es tan grande como nuestra Catedral de Nuestra Señora de Lourdes.

La Aparecida significa “aparición.” según una leyenda de hace siglos, las personas nativas encontraron una estatua de la Virgen Bendita, en el río que pasa por el pueblo. A la estatua le faltaba la cabeza, pero en el sitio donde se encontró la estatua, estaba también la cabeza, la encontraron al capturar un gran pez. La Basílica fue nombrada Nuestra Señora de la Aparecida y es un Santuario muy popular en esta parte del mundo. El pueblo esta lleno de pequeños hoteles. Nos quedamos en uno de los más nuevos – no tienen agua caliente en los cuartos, pero sí un calentador eléctrico, en la cabeza de la ducha. Los cuartos son muy simples, pero la comida, aunque no elegante, es excelente. La gente es muy amistosa y hospitalaria. Cuando pasé por una de las tiendas, cuando salí de compras, el domingo en tarde, después de la Misa papal, un joven anuncio con orgullo cuando pasé por su tienda, “yo hablo inglés y soy su amigo.” no he cumplido aun mi promesa de volver.

Han escogido este sitio, para realizar la Quinta Reunión General del CELAM, la sigla por la Conferencia General de Obispos de América Latina y el Caribe, son 22 obispos. El Papa Benedicto XVI vino a Brasil para abrir la conferencia. El estuvo el primer par de días en Sao Paulo. Llegó aquí, la tarde del sábado, para el servicio del rosario en la basílica. La liturgia fue en verdad muy bella, con una lectura de la Escritura al principio de cada década del rosario y su reflexión cerca del final del servicio. La basílica estaba completamente llena. Había una gran energía entre la muchedumbre.

El próximo día, en la mañana, el Papa Benedicto celebró una Misa al aire libre detrás de la basílica, con una muchedumbre de aproximadamente 200,000. A las 4 p.m. de esa tarde, el Santo Padre celebro un servicio de vísperas con los obispos en la sala de la conferencia debajo del piso principal de la basílica. Durante este servicio de vísperas también dio una conferencia, la más larga, abriendo oficialmente la V Conferencia General de CELAM. Salió más tarde ese día para Roma.

Estas conferencias generales del CELAM se realizan cada diez años. Y no son de pequeña importancia, especialmente esta. Más de la mitad de la población católica del mundo reside en América Latina y el Caribe. Hay desafíos significantes para la Iglesia en esta parte del mundo. Pobreza, evangelización, averías de vida familiar, disparidad entre el rico y el pobre, la juventud, los ambientes, la migración, la necesidad de catequizar a los fieles, el desafío de asistir a los católicos para que sean fieles a la Iglesia, en un mundo que cambia rápidamente: éstas están sólo algunas de las declaraciones que enfrentamos como una comunidad de fe. Ciertamente estos desafíos son familiares para nosotros en nuestro país, pero tomando algunas de las necesidades aquí, tales como la pobreza y la justicia, parecen iguales y más urgentes.

Aproximadamente 260 personas están asistiendo; 160 de ellos son obispos. El resto del grupo son laicos, expertos teológicos, diáconos, y sacerdotes. También hay presentes varios Cardenales del Vaticano.

Una de las grandes bendiciones de una reunión tal como ésta nos da la oportunidad de conocer la situación y los desafíos de la Iglesia católica tanto en el Norte, como en Sur América. El domingo, los de los Estados Unidos comimos con un obispo de Haití. Su historia rápidamente hizo real la tremenda fe y el valor de la Iglesia en otras partes de nuestro hemisferio. Después de que describió su situación desesperada de pobreza, y su falta de recursos, en lo que parece no haber ninguna luz al final del túnel, lo pregunté, “¿Dónde está su esperanza?”

Después de unos momentos, respondió, con sus ojos en lagrimas, “Sólo en la Providencia de Dios.” ¡Y pensamos que tenemos nuestros desafíos!

Otros obispos de Europa y de América del Norte también han sido invitados a asistir a esta conferencia. Hay cuatro de nosotros, de los Estados Unidos: El Sr. Obispo Ricardo Ramírez de Las Cruces, N.M. (un miembro de la planificación comisión original); el Sr. Obispo Jaime Soto, Obispo Auxiliar del Diócesis de Orange (miembro de nuestro Comité en América Latina); el Sr. Obispo Plácido Rodríguez de la Diócesis de Lubbock (miembro del Comité en Asuntos hispanos); y Mons. Carlos Quintana, director ejecutivo de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos, Secretaría en América Latina. Hay dos obispos canadienses que también están aquí. Se nos ha invitado como participantes, y algunos de nosotros tenemos voz y voto en los procedimientos.

En un mundo que se ha transformado rápidamente en un pueblo global, las enseñanzas de la Iglesia nos recuerdan lo conectados que estamos los unos a los otros, en el amor y la responsabilidad. La parábola del Buen Samaritano nos dice sólo cuan seriamente, el Señor nos pide, una respuesta de preocupación, de amor y de acción. Espero que nuestro tiempo aquí, junto a La Aparecida os dará una dirección más clara, a todos nosotros, acerca de cómo podemos responder, a la llamada de Jesús para ser más solidarios los unos con los otros.

Que el Dios de la paz y de la alegría este con ustedes.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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