Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Siempre aprendiendo"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 13 septiembre 2007 del Inland Register)

Ha empezado otro año escolar. De alguna manera, esperamos este tiempo, en lugar de ser el 1° de Enero, como el comienzo de un Nuevo año, como las actividades escolares y de la vida de la parroquia irrumpen. La vida escolar tiene un impacto considerable en la familia y en nuestra comunidad en general. La Vida Social parece funcionar alrededor de un año escolar como algo muy importante, y así debe ser. Vemos preocupación sobre la efectividad de nuestras instituciones educativas. ¿Cómo podemos hacerlo mejor? ¿Cómo podemos hacerlas más eficaces? Esa preocupación expresa nuestra responsabilidad, de hacer lo mejor posible, con los recursos que tenemos. El regalo de nuestros niños y de nuestros jóvenes es algo muy precioso para nosotros.

Recientemente vi tres metas principales de una de las otras diócesis en nuestro país.

La primera meta fue la necesidad de la formación de la fe de los parroquianos. Dada la rica tradición y herencia de nuestra Iglesia, nosotros también debemos estar muy preocupados e interesados en el crecimiento en el conocimiento de nuestra herencia y tradición. Queremos que nuestros niños se preparen bien para el mundo secular en el que vivirán. Como adultos, tenemos la responsabilidad de ser buenos administradores, para nosotros y nuestros niños, en el proceso de formación de la fe. Esa sensibilidad y conocimiento no son fáciles, dada la complejidad y los negocios del mundo moderno. Responsabilidad que exige decisiones buenas y sabias, un corazón generoso y sabio, y en una forma real e inteligente lo qué es importante en nuestras vidas - la habilidad de poner prioridades.

Algunos padres en el diócesis tienen la oportunidad enviar a sus niños a escuelas católicas. Pero la mayoría no lo hace. Las clases de educación religiosa están fuera de una escuela católica, es muy importante y se debe tomarse seriamente por todos nosotros, debe de ser una preocupación de la comunidad de fe. Cuando miramos por nuestra propia formación en la fe, así también - y sobre todo – nuestros niños y nuestros jóvenes, éste es un largo y continuado proceso. Desde que nosotros, en la diócesis, hemos restaurado el orden original de la celebración de los sacramentos de iniciación, la formación en la fe debe continuar con un sentido de vigor y entusiasmo después de la celebración de Confirmación y de la Primera Eucaristía. Los padres de niños tienen la obligación especial y la responsabilidad de educar a sus niños en el camino de la fe, dentro del contexto de nuestro mundo del secular.

Las clases de educación religiosa en las parroquias va paralela a nuestro sistema escolar, y las parroquias deben esforzarse por hacer estas oportunidades lo mejor posible. Estar disponibles para que los niños puedan aprender. En algunas de nuestras parroquias más grandes ese proyecto es bastante pesado. Pienso en la Parroquia de San Patricio en Pasco, que prepara a más de 500 niños cada año para su Confirmación y la Primera Eucaristía. La Iglesia debe de poner sus mejores recursos, para que esto sea posible. Los padres necesitan apoyar a sus niños y darles la oportunidad de aprender, en estas clases, pero también ellos deben dar su propio testimonio de vida y aprendizaje de la fe. Ser fieles para ir a misa los domingos por ejemplo. A menudo he deseado saber cuales son las dificultades que a veces tenemos con nuestras clases de educación religiosas, que sea principalmente un desafío para los adultos: necesitamos crecer y desarrollamos nuestro propio conocimiento y práctica de nuestra fe.

Estoy profundamente conmovido y agradecido, a tantas/os catequistas y voluntarios en la diócesis, que se dedican al ministerio educativo de la Iglesia. Francamente, ésta es una actividad misionera, en la que nos debemos comprometer con un espíritu esperanzado y entusiástico. Algunos maestros han estado en este trabajo por años, pero también necesitamos estar informando, de la necesidad de invitar y alentar a nuevos maestros a venir a integrarse en el sistema. Este espíritu de servicio es un gran testimonio. Sólo recientemente un grupo de nuestras jóvenes, junto con sus acompañantes, volvieron de Waveland, Miss., trabajaron en un proyectos de servicio allí, en los destrozos del Huracán Katrina. Poner la fe en acción puede ser también un poderoso aprendizaje y una experiencia muy significativa.

La formación en la fe del adulto y su educación continuada son importantes para todos nosotros. Hay varias razones porqué eso es así. Primeros, lo necesitamos. Continúo necesitándolo en todas las oportunidades que he tenido a través de los años. Segundo, por estar atentos en todas nuestras oportunidades de aprendizaje, damos testimonio y ejemplo que inspira y alienta a nuestros niños y a nuestros jóvenes. Tercero, hay una espiritualidad detrás la actitud de aprendizaje que es importante para todos nosotros. San Pablo habla de “hacerse una persona nueva.” En casi todo esfuerzo humano, está importante aprender, mantenerse aprendiendo, y mantenerse practicando lo qué es sabio. Sólo ayer en el camino a casa, me senté al lado de una dama en el avión que estudiaba seriamente un artículo sobre los balances del golf. Los buenos cocineros nunca pueden descansar en sus laureles.

Así es el desafío para nosotros. Nuestro acercamiento continuado para aprender nos ayudará la mejor manera de conectar los puntos proverbiales de vida en el ejemplo de un discípulo fiel de Jesús que se mantiene trabajando para él. Que todos nosotros podamos apoyándonos mutuamente, los unos a los otros, en nuestro viaje en la fe.

Bendiciones y paz para todos.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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