Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"El sagrado derecho a la vida"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 4 octubre 2007 del Inland Register)

El mes de octubre trae con él, el aire decadente del otoño. Las hojas están cambiando y cayendo. La salida del sol, a menudo es filtrada a través de una espesa neblina y llovizna. El mes de octubre nos indica de que ya no podemos entretenernos: El Verano ha llegado a su final, una vez más.

Para los católicos octubre significa varias observancias, a lo largo del mes. Durante el mes de octubre ponemos una atención especial a las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.

Tradicionalmente, octubre es un mes dedicado al santo rosario. El interés por la Madre de Dios parece haberse elevado, en estos últimos años. Además de discusiones de esta devoción católica, varios autores protestantes también han encontrado inspiración, en ponderar la vida de María.

En 1972 los Obispos Católicos de los Estados Unidos empezaron su Programa al Respeto de la Vida, enfocó un domingo al Respeto de la Vida, designando el primer domingo de octubre – de este año, el fin de semana del 6 y 7 de Octubre. Información, educación, oración, y conocimiento público en todas partes, en éste esfuerzo por extender la consistente enseñanza de la Iglesia: la Vida humana es sagrada.

La Iglesia católica es reconocida en todo el mundo por nuestra consistente enseñanza sobre el derecho a vida, un derecho que es sagrado, porque esta enraizada en el hecho de que cada vida humana es única, un regalo precioso, irreemplazable de Dios. Cualquiera de los adelantos en la ciencia, análisis, filosofía, el hecho central permanece y es que, la creación de la vida es un acto lleno de misterio. Dios permite a los seres humanos vislumbrar ese poder y responsabilidad que finalmente es sólo Suya.

Así como cada ser humano es único, irreemplazable, y precioso a los ojos de Dios, así debemos ver del mismo modo a cada persona – a través de los ojos de Dios, no por los ojos de la humanidad, o por las influencias y voces que felizmente querían convencernos de que no tenemos de ninguna importancia, que somos como una hoja en el césped.

Vivimos en una cultura que hace tanto por promover el bien común. El alcance de los brazos caritativos de la Iglesia, que quieren alcanzar a aquellos que van vagando, o que son empujados, a los márgenes más lejanos de la sociedad: los pobres, los mentalmente enfermos, los físicamente impedidos, los desconocidos que son conducidos a nuestra puerta. Pienso en las Caridades católicas, sus muchas agencias y organizaciones: la Casa de Caridad, que atiende a las personas de la calle de Spokane; Parto y madres solas, alentando y habilitando a padres jóvenes solos para que hagan una opción personal, en favor de traer una vida nueva al mundo; ayudando para los nuevos inmigrantes. Pienso en la Sociedad de San Vicente de Paul, con su red de ayuda al pobre, en todo el Oriente del Estado de Washington. El trabajo de la Conferencia Católica del Estado de Washington, que reclama ante las cámaras de la legislatura estatal, en emisiones que preocupan a la Iglesia.

El derecho sagrado a vida, quizás es identificado más a menudo con la oposición de la Iglesia al aborto. Ciertamente, esa emisión es emocional y potencialmente polarizarte. No hay ninguna duda en mi mente, que el aborto es la primera emisión de justicia social en nuestra nación. Nuestra enseñanza nos pide ser abogados por los más pobres de los pobres, por aquellos más indefensos, por aquellos más vulnerables. ¿Quién más que aquellos seres humanos en el útero materno?

Pero nuestra enseñanza de la justicia social también insiste que defendamos a todos los seres humanos en necesidad: el pobre, muy a menudo muy oprimido por factores económicos y por los que están por encima de aquellos que no tienen poder en la sociedad. Por los inmigrantes, como mi padre, que vienen a este país con el deseo de trabajar, construir una vida para ellos y sus familias, contribuir en nuestras comunidades. Por los enfermos, cogidos en – y a veces rechazados por – un sistema del cuidado de la salud, que puede ser casi imposible de navegar. Por los prisioneros, amurallados lejos y castigados por una sociedad más influida por el miedo, que por una conversión compasiva de un pecador.

¿Es nuestro trabajo recortarnos? Sí, durante el mes de octubre, y todo el año. Hay muchas maneras de ser vulnerables, ser pobre, en nuestro mundo de hoy. Nuestro Señor nos recordó que los pobres estarían siempre entre nosotros. No nos dijo esas palabras para descorazonarnos. Más bien, fue un recordatorio de la centralidad de nuestra misión. “Dios Amor,” nos dijo, “Amar al Prójimo.” Respetando toda vida humana, desde su concepción a la muerte natural, vivimos y nos dedicamos a hacer su voluntad – durante el mes de octubre, y todo el año.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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