Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"‘La palabra se hizo carne’"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 20 diciembre 2007 del Inland Register)

Estas palabras del Evangelio de San Juan nos enmarcan en un momento poderoso de la historia de la salvación: el Nacimiento del Salvador. El Mesías ha llegado. Durante estas semanas de Adviento en las que hemos preparado nuestros corazones para la celebración de este momento de mas de 2.000 años. San Pablo en sus escritos habla cómo en el pasado Dios ha venido a nosotros en varias y diferentes formas, pero en estos últimos tiempos, Dios ha venido a nosotros en su Hijo. Su Hijo estableció la Iglesia, y en esa Iglesia en la que celebramos los sacramentos que nos dan una oportunidad especial de continuar encontrándonos con nuestro Dios. Esa oportunidad es especialmente evidente en la celebración del Eucaristía.

Sin embargo, encontramos a Jesús de otras maneras también. En el Evangelio de San Juan es en el que más oímos sobre el contraste de la luz y la oscuridad: “La luz que brilla en la oscuridad, oscuridad que no la superó” (Juan 1: 5). La luz de Jesús superará siempre. Hay suficiente oscuridad en nuestro mundo hoy, recordamos esta poderosa verdad: Jesús es el salvador del mundo, y ninguna oscuridad superará nunca su brillo, nosotros podemos sentirlo y verlo.

Jesús vino como Salvador y Luz. Su salvación por el mundo es especialmente conocida por nosotros, sobre todo en su pasión y muerte. Pero la presencia redentora de Jesús no debe ser relegada a un sólo momento en la historia. Su Presencia de salvación es dinámica y viva – sí, también en la más grande oscuridad de nuestros tiempos. Fanatismo y terrorismo agarran nuestro mundo. Lugares como Irak, Darfur, lo mismo que en la Tierra Santa, por ejemplo, nos indican cuan profundamente atrincherados en la oscuridad se puede estar. Conductas adictivas de violencia de grupos callejeros, en nuestra propia nación, nos dejan envueltos en el misterio acerca de cómo tratar esta desintegración del espíritu humano que debería hablar de reverencia y de respeto por cada persona.

En nuestra propia Iglesia hemos experimentado una violación terrible de la misión de Jesús, que dijo, “Permitid que los niños pequeños vengan a mí.” También nosotros en nuestra familia de fe hemos experimentado la oscuridad. La Luz de Cristo nos recuerda nuestra tremenda responsabilidad de llevar a cabo la misión de Jesús, con gran fidelidad, con gran esperanza. Jesús es de hecho la Luz del Mundo. Él es quien nos ha dado nuestra misión, de ser su luz.

Como parte del pago no-monetario del Capítulo 11 de la Reorganización de la Diócesis, he estado de acuerdo de ir a cada una de las parroquias donde un sacerdote acusado (creíble) de abuso sexual ha servido, si o no se informó del abuso en esa parroquia. A la parroquia le expreso una disculpa y le pido perdón. A principios de marzo habré visitado las 30 parroquias (fuera de la 81 de la diócesis) donde algún abuso ha ocurrido o donde un sacerdote abusador ha servido. Hasta ahora he visitado siete. Las visitas continuarán después del primero del año.

La visita a la parroquia incluye una oración pública. Usamos la Oración de la Tarde tradicional de la estructura de la Iglesia, con un enfoque en lamentaciones y expiación. El servicio empieza con un himno, seguido por la recitación de tres salmos. Se dedica el primer salmo a las víctimas; el segundo, por aquellos que han abusado; y el tercero, a la curación y renovación en la Iglesia. Siguiendo a los salmos tenemos una breve lectura de la Escritura, una homilía, el Magníficat (la oración de alabanza de María cuando saludó a Elizabeth), intercesiones, una oración del cierre, y un himno de conclusión.

Una simple recepción es ofrecida por la parroquia que acoge. Los comentarios sobre estos servicios han sido abrumadoramente positivos. El principal comentario negativo que he oído de parte de los parroquianos hasta ahora es que desearon que muchos más de sus compañeros parroquianos hubieran venido. Pienso que aquellos que participan experimentan la luz de Jesús en esta simple celebración de la oración. Jesús continúa viniendo como la Palabra que se hizo carne y luz.

Escribo esto después de un viaje con la Hermana de la Providencia, Hna. Myrta Iturriaga al Centro Correccional Coyote Ridge en Connell, para celebrar con los prisioneros la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Los pastores y los parroquianos del área local asistieron con los arreglos, música, y chocolate caliente y pan dulce mexicanos después de la Misa. La Luz de Cristo viene – sí, también a la prisión.

Esta es también, es la estación en nuestra vida diocesana cuando recogemos la colecta de Navidad para los necesitados del oeste de Washington. En nombre de todos nosotros, en este esfuerzo por apoyar y llegar a los más vulnerable y necesitados nuestra ayuda. Ésta es una gran oportunidad para vivir el mandato de Jesús de amar al prójimo. Quizás nuestra generosidad puede traerles a algunos la luz en la “oscuridad” de sus vidas. La luz de Jesús cuando viene debe estimularnos a seguir adelante con un sentido de urgencia y cariño.

La Palabra se hizo carne. Jesús viene y continúa viniendo. Todos nosotros somos parte de tan excitante noticia que irrumpe en un mundo que espera empezar nuevamente con amor y con esperanza.

Que Dios bendiga a todos ustedes y sus familias con alegría y mucha paz.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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