Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"La Esperanza y el Año 2008"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 17 enero 2008 del Inland Register)

Un nuevo año nos ofrece siempre una manera refrescante de mirar la vida y empezar nuevo. Aunque nuestro nuevo año civil no corresponde con el año litúrgico de la Iglesia, sin embargo, el primero de enero es una fecha significativa. Nosotros contamos las bendiciones que recibimos el año recién pasado, y cuando lo hacemos, incluimos aquellas cosas que no han sido fáciles para nosotros, aun ellos han sido momentos que nos enriquecen y nos hacen madurar.

Ciertamente, nuestra jornada aquí en la diócesis en los últimos cuatro años no ha sido fácil. Espero y ruego para que nuestro emerger del proceso del Capitulo 11 continuémonos moviéndonos a una reconciliación y sanción. Solo las victimas del abuso sexual del clero conocen todos los efectos de esta triste historia. Nosotros debemos continuar rezando por ellos y por nosotros mismos. Ninguno de nosotros volveremos a ser los mismos.

Cuando comenzamos el 2008, tenemos mucho trabajo y ministerio para hacer en la Iglesia. Nuestra vida pastoral continuara en caminos tan diferentes, aunque algunos de nuestros importantes ministerios han sido significativamente cortados o eliminados, al menos por el tiempo que viene. Eso ha sido difícil enfrentar. Les hemos llamado para encontrar formas creativas para hacer lo mejor que podamos para servir a las necesidades de la Iglesia. Para mi personalmente en mi jornada espiritual, la pregunta que me hago constantemente es: ¿Que es lo que Dios me esta llamando ha hacer y ser hoy? Aunque la Iglesia ha experimentado siempre sus debilidades en una forma u otra, hemos sido llamados a enseñar el arrepentimiento, y vivir la Buena Nueva, y “hacernos personas nuevas,” en las palabras de San Pablo.

Uno de los aspectos poderosos de nuestra Tradición Cristiana es que han siempre la posibilidad de empezar de nuevo en algún punto de nuestras vidas. Algunos de nuestros más grandes santos nos han enseñado muy bien esta lección. Pablo y Pedro en los comienzos de la Iglesia no habrían llegado nunca a ser grandes santos, si ellos no hubieran aceptado pasar con la rueda de molino alrededor de sus cuellos. Ambos hombres han tuvieron parte de lo cual ciertamente no estuvieron muy orgullosos, pero eso no los detuvo. Como la vida futura de sus ministerios lo manifestó, ellos eran hombres llenos de una vibrante alegría, y entusiasmo al servir al pueblo de Dios. Ellos tenían toda razón para esperar.

Así también nosotros. Esa razón de esperanza no esta fundada en ver claramente la luz al final del túnel; sino mas bien, esta fundada en la confianza: confianza en la Providencia de Dios. Ellos sabían que Dios estaba con ellos. Ellos sabían que finalmente el era el Señor, a través del poder del Espíritu, es quien dirige nuestras vidas. Nosotros, también, tenemos la oportunidad para examinar nuestra propia esperanza y actitud para mirar al presente y al futuro.

En Noviembre, 30 del año pasado, el Papa Benedicto dirigió su encíclica sobre la esperanza: Spe Salvi (“En la Esperanza hemos sido salvados”). Algunos sugieren que esta encíclica puede ser la segunda de una serie de tres partes correspondientes a las tres virtudes teologales de la fe, esperanza y caridad. Como sabe, amor fue el tema de su primera, muy popular y poderosa encíclica, Deus Caritas Est.

Las siguientes son algunas pocas notas de esta última encíclica que me impresiono profundamente. Pienso que las palabras del Santo Padre hablan por si mismas:

• Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza (Efesios 2:12). Solo Dios puede crear justicia….La imagen del juicio final no es primeramente una imagen de terror, sino una imagen de esperanza, para nosotros puede aun ser la decisiva imagen de esperanza. No es tampoco una imagen de miedo. (44)

• San Agustín una vez describió su vida diaria en los siguientes términos: “La turbulencia ha sido corregida, el corazón deshamimado, levantado, el débil, apoyado; los enemigos del evangelio necesitan ser rechazados, de los enemigos insidiosos ser protegidos contra ellos; los ignorantes necesitan ser enseñados, los insolentes corregidos, los que discuten analizados; los orgullosos deben ser puestos en su lugar, los desesperados ponerlos de pie, aquellos enlazados en guerras, reconciliados; los necesitados, necesitan ser ayudados, los oprimidos deben ser liberados, a los buenos se les debe alentar, para los malos ser tolerantes; todos deben ser amados.” “El Evangelio me aterroriza” – produciéndome un saludable miedo, el que nos evita vivir solo para nosotros mismos y nos impulsa a pasar a la esperanza que llevamos en común. (29)

• Desde siempre el hombre ha permanecido libre y porque su libertad ha sido siempre frágil, el reino del bien no será nunca establecido en este mundo. Cualquiera que prometa un mundo mejor que dure para siempre esta haciendo falsas promesas; el esta sobre estimando la libertad humana. (24)

• Un marco primero y esencial para aprender la esperanza es la oración. Cuando ya nadie me escucha, Dios aun esta conmigo. (32)

• Nosotros necesitamos las más grandes y los menores signos de esperanzas que nos permiten ir de día a día. Pero estos no son suficientes, sin la gran esperanza, la que sobrepasa todo. Esta gran esperanza puede ser sólo Dios, quien armoniza toda la realidad y quien puede cubrir lo que nosotros, por nosotros mismos, no podemos alcanzar. (31)

• Toda conducta seria y verdadera es esperanza en acción. (35)

Estas pocas notas, asi como la encíclica entera proveen de mucho alimento y reflección espiritual. Cuando empieza el año 2008, que siempre seamos una comunidad diocesana de vibrante esperanza, sabiendo que el Señor esta con nosotros y nos guía a través del poder del Espíritu Santo.

Bendiciones y paz para todos.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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