Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Pascua hoy"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 20 marzo 2008 del Inland Register)

Pascua es la fiesta más grande en el año litúrgico de la Iglesia. El Triduo Sagrado proporcionándonos una rica experiencia ritual como no hay otro en el año.

El Jueves Santo celebramos la institución de Eucaristía, el gran regalo de Jesús que se hace presente a nosotros de esta manera especial, en cada parroquia del mundo. El Pan de Vida viene a nosotros para nutrir el corazón humano que tiene hambre de paz, cumplimiento, y amor. Sólo en Dios encontraremos esas calidades que nos dan un sentido de dirección, y perspectiva. La Eucaristía nos llama a una fidelidad en el culto y la alabanza, respondiendo a la direcciones de Jesús: “Hagan esto en memoria mía.” Fidelidad nos llama cada domingo (o en la tarde del sábado) Eucaristía, no solo en Pascua, Navidad, o a una asistencia esporádica.

Viernes santo nos ayuda a revivir la Pasión y muerte de Jesús, un momento poderoso de amor en su vida por toda la humanidad. El dolor, las heridas, sufrimientos dentro de nosotros y entre nosotros debe ver en Jesús la luz que nos invita seguir sus pasos. Las partes penosas y rotas de nuestras vidas o del mundo alrededor nuestro no debe de dejarnos distraídos por la superficialidad, el escape, o la desesperación. La gracia de Dios esta siempre trabajando en cada situación, y después de todo, somos personas de esperanza. La cruz, rotas esperanzas, aun el rechazo, pueden ser oportunidades de maduración y crecimiento espiritual. Cada uno de nosotros está en el negocio de esforzarnos para ser personas santas, y es difícil, un trabajo arduo. El Señor siempre está con nosotros. Y nosotros debemos estar los unos con los otros. Eso es lo que una comunidad de fe verdaderamente significa, cuando relacionamos los unos con los otros en el amor que vemos en Jesús clavado en la cruz.

La Vigilia de la Pascua incluye el rito especial de la bendición del Fuego Pascual, la proclamación de la palabra de Dios, la bendición del agua bautismal, y la celebración de los sacramentos de iniciación de los electos, cuando se vuelven miembros de la Iglesia, con la celebración jubilosa de Eucaristía.

¡Que gran día debe de haber sido esa primera Pascua! Éste es un momento espectacular en historia humana y verdaderamente un nuevo principio, como la presencia del Señor Resucitado como Dios viene a nosotros por todas los tiempos. La Resurrección de Jesús en que primera Pascua es demasiado valiosa para dejarla sólo como un evento en el pasado de hace 2.000 años. Celebramos la Pascua hoy con gran alegría y gratitud. la Tradición de los huevos y los gorros de Pascua agregan un poco mas de brillo a esta solemnidad, pero nada se compara en este día de vida nueva y esperanza, ya presente y todavía por cumplirse en cada uno de nosotros.

El sufrimiento y la muerte de Jesús llegan a su clímax en la mañana de la Pascua de Resurrección. Inicialmente, la mayor parte de las personas luchan con lo que pasó, pero fue Juan, el apóstol, que se asomó en la tumba vacía y el primer creyente. Rápidamente los otros vendrían también a creer y a entender los acontecimientos. Pedro se dio cuenta de las implicaciones de esta comprensión, y salió valientemente aceptando la misión de Jesús. Así lo hizo la primera la Iglesia.

Creemos y también nos esforzamos por entender. No es sólo la muerte física del cuerpo que eventualmente nos tomará todos nosotros, pero hay otro tipo de muerte, o muerte cercana, es la que puede tocar nuestros corazones. Quizás no pensamos a menudo en este tipo de enfermedad espiritual o quebradura del corazón humano que nos llama a morir a nosotros mismos, que nos llama a cambiar de un viejo estilo de vida que es destructivo o deshumanizante, que nos llama a n descubrir un estilo de vida nuevo con Jesús y la comunidad. Ésta es también una Pascua de Resurrección, Pascua vivida hoy.

Lo mismo que los primeros discípulos luchamos con lo que realmente siguió en sus vidas cuando fueron testigos de la Pasión y Resurrección, así también nosotros debemos manejar la compleja realidad de nuestras vidas, con fe y comprensión. Es por eso que una comunidad de fe es tan importante cuando nos esforzamos por ser un pueblo Pascual que nos asiste a cada uno de nosotros cuando experimentamos esas pequeñas o grandes muertes también. La Comunidad puede darnos un sentido de equilibrio y esperanza. La promesa de Jesús de dar vida y darla plenamente nos envuelve a todos nosotros en el misterio de la salvación.

La celebración de Pascua nos ayuda a recordar lo que sucedió con la tumba vacía, pero también ahora podemos mirar más allá de las tumbas vacías de la vida y verdaderamente regocijarnos y agradecer a Dios. ¡Les hago llegar a todos ustedes y sus familias una Santa y Jubilosa Pascua! ¡El Señor Resucitado está con nosotros!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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