Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"La venida"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 4 diciembre 2008 del Inland Register)

La Fiesta de Cristo Rey, al final de noviembre, es el último domingo de nuestro año litúrgico. Ahora nos acercamos al tiempo de Adviento. No sólo el Primer domingo de Adviento marca el principio de un nuevo tiempo litúrgico, nos prepara para la venida del Señor.

Cuando reflexiono en Adviento pienso que es un tiempo que tiene un énfasis especial en María. Reflexionamos en el privilegio especial de la Bendita Virgen María y su papel único en el nacimiento del Salvador - la Palabra hizo carne. La Fiesta Solemne de la Inmaculada Concepción, el 8 de Diciembre y la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, el 12 de Diciembre nos recuerda el lugar que ella ocupa en la historia de la salvación y su mensaje a humanidad como la Madre de Jesús. San Juan Diego, un pobre indio, fue el mensajero escogido para compartir las apariciones de la Virgen María y llevar su mensaje a los líderes de la iglesia local. Desde el más pobre de los pobres al más rico de los ricos: todos nosotros somos miembros del reino de Dios. Pero este evento de Tepeyac en la Ciudad de México en 1537 le sucedió a uno de los más “pequeños.” El mensaje de salvación viene a todos. Todo el mundo es precioso en los ojos de Dios. Ése es el gran mensaje de salvación.

Una vez más, preparamos nuestros corazones para la venida del niño Salvador. Esta preparación no se acaba nunca en cada uno de nosotros individualmente, ni tampoco se termina nunca en la Iglesia. Y ciertamente no se termina en el mundo, en el que vivimos. El tiempo de Adviento es un tiempo de espera, un tiempo de regocijo, por el mensaje de salvación que la venida de Jesús ha compartido con nosotros.

La venida del niño Salvador fácilmente toca el corazón humano. Nuestra sociedad pone gran énfasis en prepararse para el Día de la Navidad, pero al final de Diciembre 25, la celebración llega a un término abrupto. Es interesante cuando un equipo gana la Serie Mundial o algunos alcanzan un hito similar, la celebración no se detiene después de ganar. La gente continúa regocijándose en lo que ha pasado. Así la Iglesia en Navidad marca el gran evento en Belén, y la celebración continúa más allá del 25 de Diciembre, con el Tiempo de Navidad.

Acabamos de concluir un intenso tiempo de elecciones. En el Estado de Washington, nosotros los católicos nos opusieron I-1000, la iniciativa sobre la asistencia médica de suicidio. Siento que tenga que decir que la Iniciativa ha pasado por un margen considerable. Lo que era inconcebible hace algunas décadas, ahora es permitido, y nosotros como sociedad seremos más pobres por ello. No podemos dejar que este retroceso nos descorazone. Una de las lecciones de Adviento es la proclamación y la vivencia del Evangelio que nunca no ha sido completamente exitoso, aun es así en nuestros propios corazones.

Otra cosa que hay que recordar es que este tiempo de Adviento es un tiempo de espera. El mensaje de la Iglesia es claro. Nuestro mensaje es el mensaje de Jesús, un mensaje que ha sido una antigua tradición por siglos. Esta tradición nos llama a ahondar nuestra espiritualidad sobre el sufrimiento; nos llama a asistirnos los unos a los otros en aprecio de esa jornada. Hemos sido profundamente tocados, cuando recibimos la noticia de la agonía y muerte del Padre John Rompa, el mes pasado (Editor nota: Vea página X de esta emisión). El paso los últimos 10 días de su vida en el Hospicio. Ninguno de nosotros olvidará su hondo sentido de fe y su buen humor, aun cuando se enfrentaba a la muerte.

Nuestro trabajo se acorta. Continuaremos asistiendo a aquellos en situaciones difíciles al fin de sus vidas, ayudarlos a ver en esos tiempos, grandes oportunidades de gracia. Cuando ayudamos a las personas a reconocer esta oportunidad, cuando los ayudamos a una apreciación más honda de la cruz, preparamos de alguna manera a que otros entren en la misma comprensión y apreciación. Como San Pablo nos lo recuerda, nuestros sufrimientos son parte del sufrimiento de Jesús.

Una gran celebración de Adviento en nuestra Iglesia sería la sanación de la polarización y los prejuicios. Esta estación de elección recién pasada vio varios casos de algunos individuos y grupos tratando de mover más allá de Formar Conciencias por una Ciudadanía Fiel, la declaración en responsabilidad política que los obispos de los EE.UU. emitieron el año pasado. Ustedes pueden haber visto en un informe de la prensa, de un pastor en otro estado que le dijo a sus fieles que necesitaban ir a confesarse si votaron por un cierto candidato (una posición, que de alguna forma, se corrigió inmediatamente por la administración diocesana) (Editor nota: Vea página 20 de esta emisión). Requerimos un sentido más hondo de respeto mutuo de los unos por los otros dentro de la Iglesia. Situaciones complejas siempre se pueden dirigirse con consideración, recordando nuestro profundo compromiso con la dignidad de vida, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. La disminución de nuestra misma rectitud y “espiritual” arrogancia seria también un gran Adviento. ¡Todos nosotros podemos ayudar a que esto sea así!

Mis mejores deseos y oraciones para todos ustedes, que tengan una gran y fructífero tiempo de Adviento.

Bendiciones y paz.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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