Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Navidad, tiempo real"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 18 diciembre 2008 del Inland Register)

El poder del nacimiento del Salvador es una realidad muy clara aun después de 2.000 años. El lugar del nacimiento en Belén es un sitio de gran devoción y de un recuerdo poderoso. El nombre del pueblo es conocido en todo el mundo, y la escena de la cuna es un símbolo rico del humilde lugar del nacimiento. En verdad, éste fue un evento espectacular en la historia. Por primera vez la Palabra hizo carne siendo visible como un compañero del ser humano. Isaías describe este momento en forma de une pura poesía: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, sobre sus hombros descansan dominios. Se le llama Maravilla de Consejero, Dios-Fuerte, Siempre Padre, Príncipe de la Paz. Su dominio es inmenso y la paz no tendrá fin” (Isaías 9: 5ff).

La primera noche de la Navidad ha viajado hasta nuestra historia humana, en nuestros días. La Misa de medianoche es transmitida desde la Iglesia del Nacimiento, en Belén y así para muchos, la relación con el Cristo como un Niño es íntimo y afectuoso. ¿Cómo no estar profundamente emocionados? El niño nos toca a todos - vulnerable, precioso, y desarma. Su gran momento estaba todavía por venir. Crece en la condición de hombre, se compromete en tres años de ministerio público, sufre, muere, y resucita de nuevo.

Le relacionamos muy pronto con el Niño Salvador. ¿Por qué esa relación se debilita cuando consideramos a Jesús como un joven, o como un hombre crecido comprometido en ministerio público? Jesús nos llama siempre a estar en relación con él – no sólo cuando fue hace 2.000 años, pero en nuestro tiempo real – ahora. Jesús amando, perdonando, sufriendo, agonizando, curando está en nuestro medio, aquí y ahora, en este momento. Jesús Resucitado siempre nos acompaña. La intimidad con el Bebé debe ser también la intimidad con el Hombre.

La excitación y la alegría que sentimos en su nacimiento pueden llevarnos a la excitación y alegría del momento presente, en cada momento de nuestras vidas. La escena de la cuna nos habla sin palabras, pero el ministerio publico de Jesús más tarde, consta de una enseñanza y de un estilo de vida también nos lleva a la llanura de vida y paz. Nosotros fieles discípulos debemos tomar sus palabras seriamente y vivirlas proféticamente. La efectividad de tal testimonio puede ser visto por todos nosotros en personas que son sacramentos muy presentes de la Resurrección, de los unos para los otros.

Isaías nos recuerda eso en la tierra de oscuridad, una luz se nos ha mostrado. Los tiempos eran duros cuando el Salvador nació. Era un tiempo cuando seres humanos fueron especialmente duros los unos para con los otros. Hoy no es exactamente un tiempo de días maravillosos conteniendo una llanura de luz. Terrorismo, inanición, desnutrición, falta de respeto de vida humana, genocidio, predominio de aborto, el comercio de drogas y el vicio de la violencia que acompaña todo nos cuentan una triste historia de que algo anda muy mal en la familia humana. Es muy fácil rendirse al desaliento, pesimismo, y cinismo.

Aun así, con esa realidad de melancolía, somos llamados a ser personas de la Luz. Como San Pablo nos lo recuerda, somos personas de luz, personas del día. No pertenecemos a ninguno noche u oscuridad (Phil 5: 5). Debemos estar siempre vigilantes y sobrios, dice San Pablo - muy atentos al momento. Navidad es una gran fiesta de luz y espera. La presencia del Salvador ahora nos da tanta luz como siempre, y necesitamos estar sensibles a las miles de oportunidades que tenemos para compartir esa luz. Las luces decorativas de Navidad expresan por nosotros un espíritu jubiloso y esperanzado, un espíritu que conecta, aprecia y nos llama a una gran sensibilidad para con los demás. En el Diócesis Católico de Spokane, se realiza nuestra colecta anual de las Caridades Católicas para dar luz y esperanza a la vida de otras personas que son más necesitadas.

Hace un par de semanas, participé en la conferencia de prensa para dar inicio a la Colecta Anual de Navidad de las Caridades Católicas de este año (Editor nota: Vea “Inicio de la Colecta de Navidad de las Caridades Católicas; la meta de esta año: $750,000,” IR 12/ 4/ 08.) Dos personas que se levantaron de lo que puede haber aparecido como condiciones desesperadas dijeron historias poderosas de su jornada personal hacia su integridad cuando trabajaron en la re-orientación de sus vidas y salida de sus problemas, frescos y nuevos. La presencia y la ayuda de las Caridades católicas lanzaron luz, en su período de oscuridad.

Jesús nos llama a amar a nuestro prójimo – y todo el mundo es nuestro prójimo. Asistir a otros para ayudarles a descubrir su dignidad y su personal estima es parte del mensaje del Evangelio. El Niño Jesús en su cuna es una luz para el mundo, entonces y ahora – una luz en un tiempo real para nuestros hermanos y hermanas que experimentan esa luz, ese amor, a través de nosotros. Tal testimonio hace que el espíritu de la Navidad realmente vivo cuando celebramos el nacimiento, y a lo largo de todo el año.

Navidad 2008. ¡Hagámosla realidad!

Oraciones y mis mejores deseos para que tengan una Bendita y Jubilosa Navidad.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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