Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Un reto cuaresmal"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 26 febrero 2009 del Inland Register)

Una vez más la cuaresma está aquí. La mayoría de nosotros ve este tiempo con esperanza como una oportunidad de renovación, un periodo especial de oración y devoción para el Triduo: Jueves Santo, Viernes Santo y la Vigilia Pascual, el punto alto de nuestro año litúrgico.

Todavía recuerdo que cuando era niño atendía dos veces a la semana el vía crucis cada cuaresma. Uno era con mi mamá en la parroquia de Santa Genoveva en Twisp los Miércoles, y el segundo más tarde en la semana cuando el párroco pasaba por mí en su camino hacia Brewster para el vía crucis (claro que esto era antes del charter para protección de los niños y jóvenes). No iba a dos vía crucis semanales por mi extraordinaria oración sino porque se necesitaba un monaguillo.

Hace años encontré un maravilloso librito de reflexiones diarias, Journeying with the Lord, escrito por el Cardenal Martini, quien era entonces Arzobispo de Milán. En uno de los temas diarios, él ofrece una reflexión acerca de las características de un cristiano maduro. Son tres características, y yo las encuentro como un reto y una ayuda muy importante en mi propia espiritualidad. Yo sospecho que ustedes las van a encontrar también como una ayuda, y tal vez un reto para su crecimiento cuaresmal.

La primera es una actitud positiva. Esta es una característica de nuestra vida diaria que nos puede ayudar a ser mensajeros de unidad, quienes trabajan por componer situaciones difíciles y siempre miran hacia delante. En su famosa reflexión acerca del amor en el capitulo 13 de la primera carta a los Corintios, San Pablo escribe: “No hay límite para el amor, su confianza, su esperanza, su poder prevalecen.” Y otra vez en el capítulo 12 de su carta a los Romanos, él escribe, “No devuelvan a nadie mal por mal… hagan todo lo posible para vivir en paz con todos… no se hagan justicia por ustedes mismos.”

Ni la animosidad, ni el resentimiento, ni la negatividad son parte de la vida Cristiana. Algunas veces me pregunto si nuestra cultura no está adicta a la negatividad. Casi nos gozamos con las desgracias de los otros. Podemos acabar a otros con una negatividad que humilla, separa o tal vez trata de destruir. Bullying o intimidación sería un ejemplo. La intimidación en los jóvenes, o de una manera más sofisticada en los adultos es muy contraria al espíritu del Evangelio y de ser discípulo de Jesús.

Un espíritu positivo vivido fielmente y genuinamente demuestra un buen ejemplo Cristiano. Un espíritu positivo también es levadura en el mundo en el que vivimos con el cual podemos hacer genuinamente lo que San Pable nos dice: “No sean conquistados por la maldad, pero conquisten la maldad con el bien.” El Cristiano maduro trata de sacar lo mejor de cada situación.

La segunda característica es un sentido de estar confrontado. Vivimos en un mundo complejo y nuestras vidas son complejas. Nosotros somos creados para la bondad y belleza, pero la realidad es que tenemos que enfrentar las sombras y oscuridad de nuestras vidas. Este reto puede ser grande y demandante. Esta condición del corazón humano nos pide que nosotros estemos cerca del Señor en nuestro caminar por esta tierra; y que usemos las herramientas que tenemos disponibles para mantener nuestra vida espiritual en el camino correcto.

La cruz no es extraña para ninguno de nosotros, pero aceptar la cruz significa que nosotros caminemos como Jesús caminó. Ese sentido de confrontación en nuestras vidas puede ser una tremenda fuente de crecimiento y fortaleza espiritual sabiendo que el Señor está siempre con nosotros. Nosotros no tenemos que entregarnos al mundo de la oscuridad, pero apreciar siempre, como San Pablo nos dice, que la gracia del Señor es suficiente. Pablo sabía eso muy bien.

La tercera característica es un profundo sentido de unidad. El Cristiano que es maduro en su fe trata sinceramente de ser como Cristo cada día de su vida. La implicación de amar al prójimo como a uno mismo, recordando que lo que le hacemos al más inocente de nuestros hermanos o hermanas se lo hacemos a Cristo, debería de ser siempre la fuente de nuestra energía y deberíamos de ver a cada persona como hecha a la imagen de Dios.

Cada vez que nos reunimos alrededor de la mesa del Señor, la Eucaristía nos llama constantemente a este sentido de unidad con el Señor y con los demás. La primera frase del documento del Concilio Vaticano Segundo que se llama Constitución Pastoral de la Iglesia en el Mundo Moderno es profunda: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.” Estas son en verdad palabras poderosas y nos dan un gran reto. Somos parte de la familia humana, estamos conectados los unos a los otros, profundamente conectados a través de nuestro Creador.

Entonces si quieres un reto para esta Cuaresma, aquí lo tienes! Que todos trabajemos para ser discípulos de Jesús más maduros.

— Tradujo Padre Miguel Mejía


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