Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"La plenitud de la vida"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 9 abril 2009 del Inland Register)

Para la comunidad que acompaño a Jesús, la mañana del Domingo de Pascua fue un susto. Maria Magdalena encontró la tumba vacía, las sabanas dobladas cuidadosamente a un lado. El cuerpo no estaba. Volver a ver el cuerpo podía haberles proporcionado algún consuelo pequeño; en cambio, había solo un vacío.

La historia cambiaría rápidamente cuando supieron de los hechos. El discípulo amado vio y creyó. Los otros pronto lo siguieron. El mundo de vacío y de perdida se transformo en una realidad muy más profunda en la Resurrección de Jesús con ellos. Tendrían algunos momentos con Jesús en los días hasta su Ascensión, pero ahora entendieron lo que había pasado, algo mucho más allá de lo, que en su salvaje imaginación, pudieran esperar. Los apóstoles y discípulos que se comprometieron con Jesús encontraron vida en él y en sus enseñanzas. Pero este fue sólo el principio.

La tumba vacía se volvió por ellos una fuente poderosa de afirmación y fe. No sólo estaban convencidos por el evento mismo, sino que reconocieron cómo el Jesús Resucitado los acompañaría en su viaje por la fe. La vida no volvería a ser nunca más como antes, ahora, su presencia resucitada les daría vida y fuerza dondequiera que fueran, donde quiera que fueran llamados.

La Pascua es la fiesta más grande de nuestro año litúrgico. Para nosotros, en nuestra tradición católica, este día completa la celebración del Triduo. Los eventos de la propia vida de Jesús, manifiestan poderosamente, que él se había entregado hasta el punto de la muerte. Desde el viernes santo hasta la Vigilia Pascual, nuestras iglesias son desprovistas de toda decoración litúrgica. El altar está desnudo. El tabernáculo vacío. No se celebra ninguna Misa el viernes santo. Hay un espíritu de vacío. Así, gloriosamente, la Vigilia Pascual y las celebraciones de Pascua del domingo comparten con nosotros, que la promesa de Dios se ha cumplido. Cualquier vacío queda como una sombra, ante el evento glorioso de la resurrección de Jesús de entre los muertos.

El simbolismo de la tumba vacía, nos emociona y vive en nuestros corazones. Todo el mundo anhela estar pleno, estar completo. Hay un tipo de inquietud que puede acompañar esta búsqueda. Algunos la llaman inquietud del desenfrenado. La gente busca la plenitud llenura e integridad en toda clase de formas. Atadura inmoderada al dinero, a un alto estilo de vida, paquetes de compensaciones exorbitantes, promiscuidad, drogas, egoísmo: todo lo que los lleva a una desilusión y vacio más grande. Siglos más tarde, las palabras de San Agustín continúan siendo verdaderas: “Nuestros corazones, Oh Señor, está inquieto hasta que descansan en Ti” Una búsqueda fructífera y exitosa siempre nos llevará a Jesús.

La Pascua y el tiempo de la Pascua nos recuerdan que la plenitud de vida viene de la fidelidad a la jornada que Dios Padre tiene para todos nosotros. No hay ningún otro camino que no de un sentido de paz y cumplimiento; ningún otro camino remediará nuestra inquietud. Nadie debe ser tan ingenuo pensando que la jornada es simple o fácil. No lo es. Recordemos la vida de Jesús, cuando se acerca a su propia muerte. Experimenta el aumento de hostilidad; debe sufrir y muere antes de su gloriosa resurrección. Es fiel a su Padre – a la voluntad del Padre.

Para nosotros la búsqueda continúa. Espero que nuestra búsqueda en la vida no se vaya por caminos muertos, pero que se enfoque en cambio en el Señor, y guiados por el Espíritu Santo. Desafíos habrá, si esperamos devastación o golpeó, pero para aquellos que son parte de la jornada de la cruz, finalmente nos llevará a ser elevados a la plenitud de la vida. Una nave a la mar encuentra días bellos y maravillosos, pero también debe pasar por los corredores de tormentas y olas ásperas, si quiere mantener su curso hasta su destino. Y así es para nosotros cuando nos esforzamos a ser fieles en nuestra jornada hacia Dios.

Somos así muy bendecidos ya que no viajamos solos. Somos parte de una comunidad de fe, que acompaña nuestra jornada con el Señor. Lo mismo cuando en la vida buscamos integridad y plenitud, debemos ser bastante sabios para saber que aquí nunca se llenará nuestra integridad. Después de todo somos humanos. Pero a través de los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, debemos tener un sabor suficiente de saber lo que yace, más allá para saber que estamos en el camino recto, que siempre se cumplirá la promesa de Dios. Jesús nos dice que ha venido a darnos vida, y vida en abundancia.

El deseo hondo por plenitud de vida en la jornada debe llevarnos a la fidelidad al Señor. El Cuerpo de Cristo se encuentra sobre todo en la Eucaristía y también en los unos a los otros. Cuando entramos en nuestras iglesias, siempre somos confrontados con la cruz: en acción cuando hacemos la señal de la cruz, en las representaciones simbólicas en todo el edificio. San Ireneo nos recuerda que haciendo la señal de la cruz, hay “mucho en pequeño.” cada vez que lo hacemos, expresamos esa unidad con la Trinidad que tiene, hace, y continúa tocando profundamente nuestras vidas.

Que todos ustedes tengan una Pascua bendita y jubilosa. Que la Pascua nos ayude a apreciar la guía de luz de Jesús, en nuestras vidas. Que nosotros reflejemos esa Luz. ¡El Señor Resucitado esta siempre con nosotros!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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