Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"El fermento de la bondad"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 11 junio 2009 del Inland Register)

Concluimos el año de San Pablo, declarado por su Santidad el Papa Benedito XVI en el 2,000 aniversario del nacimiento de Pablo. Durante estos meses recién pasados he crecido en la apreciación de las escrituras del santo y prácticamente de cada momento de su vida. Como el Santo Padre nos ha recordado, los discernimientos teológicos de San Pablo, nos proporcionan un gran volumen de enseñanza, que permanece fundamental hasta hoy. Pero sus sugerencias prácticas, para mantener nuestra vida espiritual, dejan también una huella que es muy útil y clara.

En los dos últimos capítulos de su carta a los Gálatas, San Pablo comparte de una manera sumamente práctica, como vivir nuestra vida de modo que sea consistente con el Espíritu que se nos ha dado. En la celebración del Sacramento de la Confirmación, hemos sido sellados con estos dones. ¡Hablando de dones, aquellos que se nos continúan dando! Jesús prometió que el Espíritu continuaría enseñarnos - en verdad es una jornada de toda la vida - larga para todos nosotros. ¡Cuando miramos nuestra conducta personal, cada uno de nosotros - todos nosotros! - sabemos que continuamos necesitando integrar los dones del Espíritu Santo en nuestras vidas. Cuando vivimos como personas del Espíritu, recibimos los frutos del Espíritu como Pablo los dice: amor, alegría, paz, paciencia, bondad, generosidad, fe, suavidad y castidad.

Manejaba el otro día por la ciudad, en un día de pesado tráfico. Me di cuenta que alguien apareció detrás de mi bastante rápido, este compañero manejaba en forma muy agresiva, por decir lo menos. Pronto me pasó y eventualmente lo perdí de vista. Sólo unos bloques más tarde, como el tráfico se estrechó a una senda, una dama cortésmente retrocedió y me dejó entrar. Así contraria fue mi reacción, a este acto momentáneo de bondad, comparado al “pesado carro” que pareció más bien rudo, en su manera de sortear el tráfico.

Quizás ése es un buen paradigma para reflexionar cuando pensamos en nuestra relación con otros. Por un lado los hay como el “pesado carro” síndrome de la manera en que vivimos. Cuando oí a un periodista hace algún tiempo, en una reunión, que no es sin frecuencia que nosotros vemos o oímos “gritar” a líderes en nuestra sociedad. Probamos nuestros puntos de vista poniendo a los demás por debajo de nosotros. De algún modo supongo que esos hechos son como nos sentimos o nos hacemos como “reyes del camino” de la vida.

A veces nos infectamos incluso con esas actitudes dentro de nuestra Iglesia. Actitudes se transforman en lo que Pablo describe en los Gálatas 5: conductas lujuriosas, hostilidades, disputas, celos, arranques de rabia, rivalidades egoístas, disensiones, facciones, y envidias. Ésa es una lista bastante dura, y no incluí todos ellos. Podemos manejar nuestras vidas de esa manera, pero como Pablo nos recuerda, así no vamos heredar el Reino de Dios.

En cambio, la bondad tiene su propio poder, como lo indica el título de un libro recientemente. Por un momento fugaz en el tráfico sentí el impacto positivo de alguien que se sale de su camino, para darme una posibilidad a mí. Hay algo sobre un acto de bondad que es tremendamente humano y respetuoso. Bondad no significa dejar mi creencia en una materia particular, o rendirme en una particular posición moral. Somos bendecidos en la Iglesia con una estabilidad de sus enseñanzas morales, tradiciones que tiene una solida y larga base en las Sagradas Escrituras y/ o en la tradición. Vivir una vida de bondad no significa que soy débil o una azucena marchita. A veces se ve la bondad como señal de debilidad. Todavía, podemos vivir la bondad, radical y efectivamente, como señal de una fuerza interna. Allí yace el poder real y efectivo del ejemplo cristiano. Y debemos tratar de proclamar y vivir el Evangelio de una manera efectiva y verdadera, en una cultura y sociedad pluralista. Bondad puede expresar un tipo de sinceridad y autenticidad que mueve corazones. De nuevo, como Pablo nos recuerda en Gálatas, vivamos nuestras vidas con gran paciencia. Quizás a veces perdemos parte de nuestros nervios. Tomemos confianza y valor para vivir de una manera bondadosa. Quizás tengamos alguna excusa para ser ásperos, arrogantes y juzgar a los demás. Y allí va el síndrome del “carro pesado” de nuevo.

Hay algo sobre la bondad, que nos hace dejar de controlar a otros. Practicar la bondad es un salto de fe, confiar tanto, de algún modo, en otra persona, en alguien que conocemos o en una persona completamente extraño, quien será tocado por un acto que le transformará y le cambiara. El dicho “deja pasar y Dios dirá” contiene mucha verdad y sabiduría.

Les escribo esta columna por el Domingo de Pentecostés. Lo que fue un gran evento en la primitiva Iglesia cuando la gente codifico el poder del Espíritu Santo en sus propias vidas. ¡Lo que se tradujo en una transformación maravillosa! Para los primeros cristianos Pentecostés les abrió a una nueva frontera. Hoy día pienso que nosotros también estamos en un punto de una nueva frontera, en nuestro mundo. ¿Pueden imaginarse lo que pasaría si todos nosotros en la Iglesia viviéramos esa bondad radical? Ese estilo de vida sería un testimonio poderoso, por el hecho de que somos personas del Espíritu. Sería de verdad un hecho de profunda confianza, y solo Dios sabe el efecto de transformación, que esas acciones podrían tener en nuestro mundo.

¡Personas bondadosas, nos permiten continuar nuestra ruta!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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