Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Un tiempo de importantes éticas decisiones"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 20 agosto 2009 del Inland Register)

Más que nunca en la historia, la comunidad mundial está profundamente conectada económica, social, y geográficamente. Somos un pueblo global, juntos nos movemos en tiempos muy complejos.

El otro lado del mundo está presente junto a nosotros con solo tocar el botón de una computadora. Podemos vernos unos a otros, viviendo, a medio mundo de distancia.

También estamos económicamente conectados. Sufrimos juntos cuando tratamos de hacer decisiones para el futuro, en situaciones muy complejas y desafiantes. Evaluando ahora lo que fue mal y qué tipo de decisiones han sido éticamente buenas, que necesitamos hacer para edificar una economía nacional y mundial para el futuro.

Aquí en los Estados Unidos, estamos tratando de resolver el problema del cuidado de la salud que necesita ser reformado. Este esfuerzo ha sido una necesidad urgente, que se necesitaba resolver desde hace tiempo. Los costos continúan subiendo y el número de personas sin seguro sigue creciendo – son unas 45 millones las personas que quedan vulnerables. Así podemos ver el debate acalorado en el congreso, las soluciones no serán fáciles. Nosotros todos necesitamos hacernos presentes en esta ocasión y ayudar a que sea posible.

Por años nuestra nación ha estado luchando con el desafío de solucionar la situación de inmigración, de una manera justa y humana. Por un lado, tanto para nuestra economía nacional - por ejemplo, la agricultura – que se apoya en la labor de mano del trabajador migratorio. Por otro lado, tenemos muchos obreros que no se documentan. El territorio cubierto por nuestra diócesis no es excepción. Una nación tiene el derecho a proteger sus límites, pero teniendo en mente que nuestras cosechas, sobre todo la industria de la fruta, no se cosecharía si no fuera por obreros migratorios. Pobreza, desesperación, y soñando por una vida mejor, todo es parte de la mezcla. Recordemos también, que muchas de nuestras parroquias han sido enriquecidas por el desarrollo del multiculturalismo.

Por naturaleza propia, la Iglesia católica es universal. Esta realidad es un regalo en lo que a menudo no pensamos. Estoy escribiendo esto un par de días antes de volar a Manila para asistir a la Conferencia de Obispos asiáticos, durante una semana. Ésa es parte de la Iglesia con la que no tengo mucho contacto, y espero con placer aprender y observar.

Nosotros también venimos de una tradición de 2,000 años de enseñanza, que es rica en experiencia - a veces con gran éxito, a veces con fracasos, a veces con persecución, pero siempre tratando de ser una Iglesia más auténtica, respondiendo así al llamado del Señor. A través de los siglos la enseñanza de la Iglesia continúa desarrollándose y creciendo.

La reciente encíclica del Santo Padre, Caritas en Veritate (“Amor en Verdad”), es muy oportuna y habla de los valores que debemos considerar cuando hacemos decisiones, en estos tiempos económicamente complejos. La Iglesia siempre ha enseñado la dignidad inherente de la persona humana, sin importar quién es o donde está. Cuando hacemos decisiones para apoyar el bien común, de nuestra propia nación, también debemos estar muy interesados sobre el bienestar de nuestro prójimo, en el otro lado del mundo. Podemos ver a esos prójimos en la pantalla de nuestra televisión cada noche. Quizás algunas de las cosas que vemos nos espantan. ¿Cómo respondemos?

Se deben hacer decisiones económicas, en la base de la dignidad de la persona y el bien común. Como el Santo Padre señala en su encíclica, “La economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento – no de una ética cualquiera, sino de una ética centrada en la persona.” (45) Las decisiones no son fáciles. Necesitan hacerse a la luz de una buena moral. En la reciente Encíclica el Papa Benedicto tiene algo muy importante para contribuir con la discusión y el desarrollo de decisiones.

En cuanto a cuidado de la reforma de la salud, la Iglesia tiene una honda y larga historia de ministerio dentro de este campo. Siempre hemos tratado del cuidado de la salud como un derecho humano básico. Cuando miramos la historia de la Iglesia aquí en el Noroeste, algunas de las primeras instituciones establecidas por las Religiosas fueron instituciones del cuidado de la salud. Cuando el debate continúa, se asegura que la Iglesia católica continuará proclamando el derecho de cada persona no nacida a vivir. Nadie es desechable – ni antes del nacimiento ni después. Como sociedad debemos estar de pie en solidaridad, proporcionar una voz por aquellos que no tienen voz. Debemos esforzarnos por dirigir sabiamente las causas subyacentes que tentarían a las personas a terminar con sus vidas. Debemos ayudar a las personas a procesar sus declaraciones con respecto al final de vida, de manera que nadie llegue a un punto donde piense en asistencia médico para el suicidio como la única solución viable. El sufrimiento redentor puede ser en verdad fermento poderoso y gracia.

Finalmente, cuando atendemos a estas y otras situaciones difíciles y complejas, todos nosotros como Iglesia debemos exigir una discusión respetuosa y diálogo. No retrocederemos en proclamar la dignidad de cada persona. No aceptaremos nunca a un médico que asista a alguien en suicidio. Pero cuando proclamamos la verdad al mundo, debemos hacerlo en un contexto de diálogo civil y discurso. Una cara gritando en la pantalla de la Televisión, o palabras impresas, o en una carta a menudo viola los mismos principios que el escritor u orador trata de manifestar. Debemos juntar información exacta que neutraliza esas ideologías que exageran o dan mala información.

Los aliento a leer la encíclica del Papa Benedicto, Caritas en Veritate (www.usccb.org/jphd/ caritasinveritate) cuando reflexionamos sobre nuestras responsabilidades en el mundo. También oremos por sabiduría por nuestros jefes, que sus decisiones sean consecuentes en mantener la dignidad de la persona humana, protegiendo a los más vulnerables en nuestro medio, y reforzando el bien común.

Bendiciones y paz a todos.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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