Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"La necesidad de aprender"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 10 septiembre 2009 del Inland Register)

Cuando el verano llega a su fin, otro año escolar empieza. Es también el tiempo cuando las parroquias empiezan sus programas de educación religiosa. No debemos evaluar en menos, el valor real de la importancia de las oportunidades de aumentar nuestro conocimiento de nuestra tradición de la fe y la enseñanza de la Iglesia, y entonces integrar lo que hemos aprendido en nuestras vidas. Nuestra tradición es rica; el desarrollo de esa enseñanza continúa de muchas formas diferentes. En un mundo rápidamente cambiante, con su tremendo crecimiento en conocimiento e información, el crecer en nuestra propia tradición de fe es igualmente muy importante.

Por lo demás, el pensar en educación religiosa, a menudo nos lleva pensar sólo en la formación por nuestros niños y jóvenes. Por supuesto, eso es muy importante y parte de nuestra responsabilidad mutua como padres e Iglesia – proporcionar lo mejor que podamos por nuestros niños. Los materiales de la educación religiosos continúan mejorando, y está en nosotros continuar buscando y usando los materiales de enseñanza disponibles más eficaces. Cuando era niño, la educación religiosa significó dos semanas cada verano. Ése fue mi entrenamiento de catequesis formal. ¡Hemos caminada mucho desde entonces! Es de conocimiento común hoy día, que cuando se trata de la educación de nuestros niños en la fe, debemos utilizar nuestros mejores recursos y personal.

Algunas de nuestras parroquias han pagado empleados para ayudarles en este esfuerzo, pero muchos otros cuentan con la bondad y la generosidad de voluntarios. He admirado tremendamente la dedicación de muchos hombres y mujeres que han dado años de servicio especializado, a dirigir una clase o vigilar un programa. Por su parte las parroquias deben hacer un esfuerzo especial por proporcionar los mejores materiales y facilidades para tal educación. Admito, que hallar maestros calificados y directores de programa puede ser un desafío. Aliento a aquellos que tienen dones, en esta área, ofrecer sus servicios a la parroquia. Y aliento a los padres a tomar seriamente su responsabilidad de registrar a sus niños en el programa de la parroquia y ayudar a los niños a tomar seriamente esta oportunidad.

Los padres son los primeros educadores de sus niños. La formación de la fe en el hogar es completamente crítica al desarrollo de la vida y de la fe de un niño. El ejemplo y testimonio de un padre, desde el amor incondicional a la práctica fiel de la fe, dejan su marca en los niños, que crecen tan rápidamente en mente, cuerpo y espíritu. ¡Sin duda que ser padres no es tarea fácil! Hoy no es diferente de días que van pasando. El testimonio paternal y ejemplo son críticos hoy como nunca. El vacío creado cuando no hay ningún testimonio también deja su marca. Mi oración es que la iglesia puede encontrar maneras mejores de afirmar y asistir a los padres en este papel tan importante.

Recientemente ha habido nacionalmente mucha discusión sobre la gran necesidad de la formación de la fe y fidelidad a la práctica sacramental en la Iglesia. De hecho, uno de cinco prioridades principales de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos está dirigido a esta área. El sentimiento general es que no hacemos bastante en la Iglesia en proporcionar una formación de fe más eficaz y sólida. Hay también la percepción de que los adultos tienen una gran necesidad, no menos que los niños. Hay un doble aspecto en esto: uno, que como adulto necesito ese tipo de crecimiento en el conocimiento de mi fe y en la tradición de la Iglesia; y dos, que cuando como adultos continuamos aprendiendo, proporcionamos un testimonio valioso a nuestros niños y jóvenes.

No podemos entrar en el pensamiento, de que una vez que hemos terminado con la educación religiosa formal, hemos completado todo que necesitamos saber sobre nuestra fe. ¡No es así! Algunos en la Iglesia hoy indican que nuestro desafío más grande en formación de la fe, no es al nivel de los niños o los jóvenes, sino de nosotros como adultos. Las homilías deben ser útiles y prácticas, pero se requiere más que eso. Muchas veces he oído de los padrinos de los catecúmenos, en el programa RCIA (Rito de Iniciación cristiana para Adultos) cómo han apreciado grandemente caminar con su candidato en el programa, aprendiendo junto con ellos. De hecho, el otoño pasado, cuando los obispos y superiores religiosos del Noroeste se reunieron en la Casa de Retiro del Inmaculado Corazón, para escuchar a un prominente teólogo hablar sobre evangelización y formación de la fe, el nos sugirió que nosotros como Iglesia tomáramos una seria mirada sobre el programa RCIA. Claramente el programa ha sido muy eficaz, y necesitamos investigar las posibilidades de usar este modelo de educación y formación en el futuro.

Para todos nosotros que tomamos esto compromiso seriamente, nos pide preparación y tiempo, tanto en el momento como a largo tiempo. Espero que al empezar este nuevo año de catequesis, podamos mirar seria y personalmente en nuestros propios corazones, para ver cómo podemos hacer todo de esto mejor. Este esfuerzo debe ser una jornada mutua, con un sentido de urgencia, renovada energía y esperanza.

Que Dios les bendiga a todos ustedes y les de paz.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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