Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Navidad 2009"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 17 diciembre 2009 del Inland Register)

Los acontecimientos en nuestro mundo durante el año recién pasado, nos ha dejado pesando en el futuro. La caída económica nos ha llevado a la peor depresión desde 1929. Confiables instituciones económicas, que una vez se creyeron ser estables y firmes, se han derrumbado. El trabajo comercial tiene todavía que recuperarse; el desempleo es el más alto en años.

Globalmente, el fanatismo es una realidad áspera. ¿Cómo detenemos las bombas suicidarías y otros que atacan a inocentes, incluyendo mujeres y niños? ¿Cómo detener a alguien que decide matar cuatro vigilantes funcionarios sentados alrededor de una mesa? Alguien parece ser el blanco, solo por enojo y amargura de alguien. Nuestros jóvenes son tomados por crueles grupos. Abuso de la droga conducen a la adicción y al crimen. Es fácil pintar un cuadro bastante triste de nuestro mundo. Ése es el lado oscuro nuestras vidas.

En una noche ordinaria hace más de 2.000 años, un matrimonio entró a Belén, en busca un lugar donde pasar la noche. Todo lo que estaba disponible fue un establo. Ciertamente los establos no son como describir un hogar. Pero esta noche, en este lugar, un Niño nació que cambio dramáticamente la historia humana. En el primer verso de la carta a los hebreos, el autor habla de cómo “Dios habló de diversas maneras a nuestros padres.” La historia de la creación en el Libro del Génesis relata una historia dinámica, de cómo nuestro Creador tocó nuestro mundo en misterio y novedad.

Moisés oyó a Dios en el arbusto ardiente, la Voz que lo llamó a llevar adelante una jornada especial. Los antiguos profetas fueron intrépidos en proclamar la presencia de Dios y su justicia. Dios llama a la gente a considerar. Pero Dios también es Uno que preserva y restaura. El profeta Isaías usa poderosas imágenes: “El lobo será el huésped del cordero y el leopardo se acostará con el niño. La vaca y oso será vecinos.” son imágenes que dan esperanza al mundo, entonces y ahora.

Como la Carta a los hebreos continúa, “Al fin de los tiempos, nos ha hablado por su Hijo.” En un sentido muy real, el mundo al tiempo del nacimiento de Jesús probablemente no era muy diferente de nuestro mundo hoy. En una de las lecturas de las misas de Navidad oímos de Isaías estas palabras: “Aquellos que moran en la tierra de oscuridad, una luz se nos ha mostrado.” Jesús entra en la oscuridad de la “noche” a un mundo que aguarda ser amado y redimido. La Palabra de Dios, se hizo carne en Jesús, fue más allá del sueño más salvaje que alguien pueda tener. Sí, el Mesías era esperado, pero nunca de esta manera. Todo el mundo puede identificar a un niño en el pesebre. No hay más humilde hogar que un establo. Hay nadie más desvalido que un bebé recién nacido. La escena hoy en nuestras cunas todavía nos deja asombrados cuando miramos y observamos maravillados. Desde los más jóvenes a los más ancianos, somos tocamos.

La escena es una cosa; el mensaje y la misión son otro. El Amante de la humanidad viene, y el mensaje de salvación rápidamente se despliega como una fuerza mayor que se hace real y específica para el pueblo de Dios. Dios nos ama a cada uno de nosotros profundamente, pero la otra realidad es tan profunda. Jesús no es sólo mi Salvador; es nuestro Salvador. El nos salva a todos, y nos conduce a todos al reino.

Sí, hay melancolía hoy. Podemos y debemos reconocer la realidad. Es demasiado fácil ser selectivo sobre la realidad y olvidarnos sobre la plenitud del reino de Dios, la Luz de Cristo en nuestras vidas. Sí, la realidad puede ser dura, difícil y penosa. La historia ha sido siempre así, y así es hoy.

Pero Navidad nos recuerda eso en tiempos buenos y malos, en tiempos de dolor y tiempos de alegría, nuestro Dios amoroso siempre está con nosotros. Hemos sido llamados a ser sus discípulos. Nosotros somos su cuerpo en la Iglesia, y por la palabra y el ejemplo nos esforzamos en ser una luz para el mundo, la sal de la tierra. Esas imágenes no son nuestra invención. Nos vienen a nosotros de Jesús, de su sermón en la montaña.

La celebración de Navidad nos ayuda a aprecia el gran amor de Jesús por todos nosotros. El privilegio y el honor que se nos otorgaron nos llaman a ir adelante en el espíritu de Jesús al cuidado y amor por el mundo, lo mismo que él cuida y ama el mundo. La luz de Jesús superará cualquier oscuridad. En un mundo complejo y con problemas en esta nueva realidad global, se requiere esa Luz más que nunca. Que recibamos cortésmente y con gratitud esa luz, y que podamos reflejar esa Luz en fidelidad y gratitud profunda.

¡Una bendita y Feliz Navidad para todos!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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