Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Un tiempo de transición y de gratitud"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 14 enero 2010 del Inland Register)

Uno de los pensamientos que me vienen con frecuencia como muy verdaderos en nuestras vidas es que las cosas no son nunca lo mismo. Y recuerdo esto ciertamente cuando me voy volviendo más viejo.

Una casualidad reciente ha cambiado dramáticamente cómo se protege a los pasajeros de las aerolíneas. Pronto se fijará un sucesor para reemplazarme, y este evento cambiará mi vida significativamente. Observamos los cambios en nuestra Iglesia en las últimas décadas. El Segundo Concilio Vaticano tuvo un impacto dramático en la Iglesia. Hemos visto las revelaciones muy tristes de abuso sexual por clero, del que ha venido el énfasis especial de la Iglesia en la protección de la juventud y los niños en los escenarios de la Iglesia. Sí, ha habido muchos cambios.

Uno de los recientes cambios en Washington Oriental evoca un sentido de tristeza, pero también sentimientos de gratitud profunda y apreciación. Las Hermana Dominicas de Sinsinawa han cerrado el Centro de las dominicas en el Fort Wright Dr. en Spokane. Las hermanas que necesitan cuidado han sido movidas a la Casa Central de su comunidad en Sinsinawa, Wis. Unos años hace se asimilaron con la Comunidad de las Dominicas de Sinsinawa, las hermanas dominicanas de Spokane. Cuando el Centro Dominicano de aquí se cierra, es importante recordar con gratitud la presencia de las hermanas dominicanas de Spokane y el legado que han dejado.

Mi primer encuentro con las Hermanas Dominicas de Spokane fue cuando era muy joven. Mi familia vivió en una granja en el Valle Methow, y mis padres invitaron a las hermanas a que atendían la Misión St. Mary Misión en Omak cercano a recoger fresas en nuestra tres acres de fresas. ¡No debe de haber sido fácil recoger fresas con sus hábitos!

En el campo de Okanogan, fundaron el Hospital St. Martin en Tonasket, que más tarde se volvió un hospital de la Comunidad. También sirvieron como maestras en la pequeña Escuela católica en Oroville y en la escuela católica de Cristo Rey en la Parroquia en Omak, que más tarde transformo en la Parroquia de Nuestra Señora del Valle en Okanogan, fusionada con la Parroquia St. Agnes en Okanogan.

Su Casa Madre de las Hermanas en la Diócesis se localizó originalmente a medio camino entre Kattle Falls y Colville. Establecieron el Hospital Mt. Carmel en Colville y el Hospital St. Joseph en Chewelah, ahora parte del sistema del Cuidado de la Salud de la Providencia. Hoy ambas de esas instituciones llevan la misión del cuidado de la salud católico y son contribuyentes significativos a las economías locales. Las hermanas también sirvieron en la Escuela St. Mary en Chewelah.

Las Hermanas Dominicanas de Spokane fundaron el Hospital de la Sagrada Familia en el lado norte de Spokane, que también ahora es parte del sistema del Cuidado de la Salud de la Providencia. Las hermanas enseñaron en la Escuela la Asunción de Spokane. Cuando fui pastor allí en los 1970s, las hermanas frecuentemente me invitaban a cenar con ellas. Recuerdo con gran admiración las duras historias de las hermanas de Alemania, quienes me contaron sus penalidades y peligro durante el régimen de Hitler, antes de salir finalmente de su patria. Las Casa Madre original de las hermanas dominicanas de aquí estaba en Espiral, Alemania – esa era la conexión.

Aunque tendremos todavía la presencia de algunas de las Hermanas de Sinsinawa en el área - algunas activas, algunas jubiladas – el cierre del Centro dominicano es un momento significativo de transición y cambio. Necesitamos reflexionar y apreciar su gran legado en esta diócesis y sobre todo en esas comunidades donde las instituciones que fundaron continúan estando muy vibrantes, dando testimonio de la misión por la cual se fundaron. En nombre de todos nosotros, expreso a las hermanas nuestro amor, continúas oraciones, y gratitud profunda. Lo que han hecho en vía de una gran generosidad personal, compromiso, y aceptación de su misión es una gran bendición para todos nosotros.

Nuestra reflexión de su presencia aquí es también una oportunidad para recordar todas las comunidades Religiosas que han servido y continúan sirviendo en el diócesis. La visión de estas mujeres que han dedicado sus vidas a los carismas de sus respectivas comunidades ha tenido y continuarán teniendo un impacto tremendo en nuestra área.

A principios de febrero de cada año, la Iglesia celebra el Día Mundial de la Vida Consagrada. A través de los últimos años, he invitado a las hermanas Religiosas de la diócesis a marcar ese día con oración, una tertulia, y comida en la Casa de Retiro Corazón Inmaculado de Maria en una tarde de domingo, como una manera expresar a ellas nuestra gratitud profunda y apreciación por su servicio amoroso y especializado. Algunas de hermanas ahora son bastante mayores, viviendo en sus respectivas enfermerías y medios jubilatorios, y no puede asistir. Se deben recordar también con gran afecto, amor y gratitud.

Sí, los tiempos cambian. Las cosas no son nunca lo mismo. Pero recuerden el testigo de nuestras comunidades de mujeres Religiosas: mujeres que aceptaron un gran cambio en sus vidas, vivir en comunidad y servir la misión de la Iglesia. Su ejemplo nos recuerda a todos a buscar la guía del Espíritu Santo en estos tiempos tan complejos, y ser fieles a la llamada que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros.

Nuestra misión como Iglesia - de todos nosotros, juntos - continúa. Si somos fieles a esa llamada, entonces el Señor puede usarnos como instrumentos de justicia, de paz y de alegría.

¡A todas las Hermanas, gracias! ¡Bendiciones y Paz siempre!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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