Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Cuaresma: Un tiempo de bendiciones"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 25 febrero 2010 del Inland Register)

Con el Miércoles de Ceniza, la Iglesia empieza un tiempo especial de oración y preparación para el Triduo Sagrado, culmina con la gran celebración de la Vigilia Pascual. Para nosotros como católicos, la Cuaresma se considera algo más, retiros, apoyados en la oración, el ayuno, la penitencia, y las donaciones.

Cuando se marcan nuestras frentes con la señal de la cruz, con las cenizas, se nos recuerda de lo que verdaderamente somos. Éste es nuestro gran común denominador: Nos dirigimos hacia nuestra muerte, volvemos a la tierra, de lo que nuestros cuerpos están hechos. ¡Lo que es un hogar encantador que Dios nos proporciona para nuestra jornada terrenal - en verdad notable para estos pocos años aquí en tierra! St. Pablo lo refiere como nuestra tienda terrenal, y es una buena analogía.

¿El proceso de nuestro cronometró del envejecimiento todavía es un misterio – que lo causa? – pero se desarrolla en todos nosotros. Cuaresma es un buen recordatorio de este hogar temporal en el que vivimos, mientras viajamos hacia la plenitud del Reino de Dios.

Esa realización debe hacernos considerar seriamente porqué hemos sido creados, lo que realmente nuestras vidas deben ser, y cómo vivimos la buena administración del momento, en nuestra jornada. Para algunos la jornada al cielo es más corta que para otros, pero no importa lo largo, aun así es breve. Debemos estar atentos a Uno que debe ser el primero y adelante entre nuestras relaciones, cómo vivimos esa presencia en nosotros, y cómo lo vemos en los demás. La oración de cualquier tipo automáticamente nos pone en relación con nuestro Dios. Agregar un fervor piadoso en el tiempo de Cuaresma nos proporciona una buena oportunidad para apreciar y ahondar más en esa relación con el Señor.

Hay diferentes oportunidades para enriquecer nuestra vida de oración. Algunos escogen la celebración de la Eucaristía diaria. Algunos asisten a oraciones especiales devocionales durante Cuaresma, tal como las Estaciones de la Cruz, un rosario diario, o una celebración más regular del Sacramento de la Reconciliación. Es tan fácil dejar que el equipaje de nuestros pecados se amontonen, en lugar de regularmente acércanos a este sacramento de perdón y curación. Hace un par de semanas, un parroquiano me dijo cómo se sentía tan libre y alegre después de celebrar este sacramento con su confesor. Todos nosotros conocemos esa experiencia y sentimiento.

De hecho, cuando pensamos en ello, toda la Cuaresma es una experiencia de libertad. Hay una marca dejada en nosotros cuando tomamos este tiempo seriamente.

El ayuno ha sido parte hace mucho tiempo de nuestra tradición católica. El miércoles de Ceniza y Viernes de Cuaresma, se nos pide ayunar - tomar menos comida en esos días de lo que normalmente hacemos. Hay algo sobre ayuno que va muchos más allá de sólo dejar algo. Ser fiel al ayuno pide un tipo de disciplina, asegurarse de que somos fieles a las prácticas que pueden ahondar nuestro sentido de sacrificio por un buen propósito espiritual (también puede ser quizás comer en una manera más saludable). Cuando entramos seriamente en las disciplinas de Cuaresma, puede tener un impacto positivo en toda la vida. Regularmente nos identifica con la cruz de Jesús puede proporcionarnos una perspectiva saludable cuando experimentamos el dolor, las heridas, o la pérdida, de tipo cualquier, por cualquiera razón. En un sentido real hacemos que por el sacrificio el corazón crezca más aficionado. No nos sacrificamos sólo por razón del sacrificio. Con la correcta actitud, el sacrificio nos conduce a una realidad más profunda y apreciativa. ¡Y Cuaresma puede tener un impacto real en esa actitud!

De manera semejante, cuando nos acercamos a la penitencia de una manera positiva, identificándonos con el Señor, puede llevarnos a un lugar muy diferente. En la carta de San Pablo a los Corintios, el hace un gran discernimiento sobre la penitencia y el sufrimiento: “en mi propia carne, llevo lo qué es falta en el sufrimiento de Cristo por causa de su cuerpo, la Iglesia” (1: 24). Hay algo que poderosamente nos une en la comunidad y mutualidad del sufrimiento, nos da. A través de los últimos años he dejado la música en Cuaresma. A mí me gusta escuchar música cuando manejo y cuando estoy en casa. Cuando primero empecé esta práctica de no escuchar música, hace algunos años, no me di cuenta del impacto duradero que tendría durante las semanas de Cuaresma. Me encontré siendo más reflexivo y piadoso mientras conducía. También me di cuenta, cómo a veces lleno mi vida con sonidos, y cuan precioso, positivo y enriquecedor son los tiempos de silencio reflexivo. Otras veces del año ahora, mientras hago viajes más largos, los tiempos de silencio en el carro me proporcionan oportunidades maravillosas para la reflexión piadosa y la gratitud. Sólo dejar la música por dejarla, es poco profundo y superficial.

Finalmente, dar debe ser parte de nuestro DNA católico. La tragedia en Haití nos ha proporcionado una oportunidad maravillosa para nuestra generosidad. La preocupación y la generosidad de muchos han sido evidentes e inspiradoras. Como el Arzobispo Thomas Murphy, el anterior Arzobispo de Seattle, decía, “¿Lo que poseo, y lo que me posee?” Ese comentario proporciona buen material para la reflexión sobre nuestro nivel de generosidad durante este tiempo cuaresmal.

¡Bendiciones y paz a todos que tengan una Cuaresma jubilosa, fructífera y piadosa!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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