Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Ungidos"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 29 abril 2010 del Inland Register)

Primavera es siempre una estación maravillosa cuando miramos los campos y bosques que vuelven a la vida. Después de celebrar Confirmación en la Parroquia de la Santa Familia, en Clarkston el domingo pasado, manejé de regreso a casa en dirección contraria, por el lado norte del rio Snake de Clarkston a Wawawai (aproximadamente 30 millas) y entonces subí hasta el cañón que conecta con la Carretera 195 en Pullman. El paisaje era espectacular. Las laderas eran verdes, y la piscina detrás más Bajo La Represa Granito provee una escena pintoresca. Nunca me canso de tan magnífica vista del campo. ¡La naturaleza de Dios es maravillosa!

Ésta es la estación de las Confirmaciones. Siempre las encuentro que son ocasiones muy alegres cuando nuestros jóvenes comienzan una integración total en la Iglesia con la recepción de los sacramentos de Confirmación y Primera Eucaristía. Lo mismo que la belleza de la naturaleza nos hace sentir en una forma maravillosa, levanta el espíritu, igualmente y más importante lo hacen los sacramentos de la unción, una experiencia espiritual que nos consuela y enriquece.

Una ceremonia litúrgica que les pide a los sacerdotes de la diócesis reunirse es la Misa de Crismas. En nuestra diócesis tenemos la tradición de celebrar este evento especial en la mañana de jueves Santo. Muchas diócesis celebran esta Misa más temprano en la semana, una semana o más temprano, por razones pastorales. Este año tuvimos una concurrencia muy buena no acostumbrada para esta significativa liturgia. Ya que se les pide venir a los sacerdotes a la Catedral desde alrededor de toda la diócesis para la celebración, la liturgia también contiene una renovación de su compromiso del sacerdocio, junto con la bendición de los aceites.

Tres aceites se bendicen durante la ceremonia – aceites que se usaran el próximo año en todas las parroquias. Se bendice el Aceite de Catecúmenos y se usa durante la celebración de Bautismo. Ungir con este aceite significa una oración en que esta persona es ungida y es protegida de todo mal.

Se bendice el segundo aceite, el Aceite de los Enfermos. El Sacramento de los Enfermos es un sacramento muy consolador. Se celebra este sacramento cuando una persona está muy enferma o cercana a la muerte. En el ritual se unge la persona en la frente y en las manos. Sobre todo en este tiempo más frágil en una vida, las personas son consoladas por la presencia y oración de la Iglesia cuando se encuentran con Jesús de esta manera especial. El ungido es acompañado por el toque de las manos, que significa presencia amorosa y la solidaridad con quien está enfermo. Muchas parroquias celebran este sacramento regularmente para aquellos que piden recibir el sacramento. En la escena de la comunidad el Sacramento del Enfermo se vuelve más poderoso y significativo.

El Sacramento de los Enfermos antes se le llamaba el sacramento de la Extrema Unción. Se celebraba sólo cuando alguien se estaba muriendo o estaba muerto. Se puede ungir incluso hasta unas horas después de la muerte de una persona. Esa práctica de ungir después de la muerte sin embargo ya no es parte en la teología del sacramento. En cambio, desde el Concilio Vaticano Segundo, se ha cambiado el nombre del sacramento al Sacramento de los Enfermo, se celebra en una manera mucho más significativa con personas que tienen que tratar con sus enfermedades. Pienso que acabamos con los días que solo llamábamos al sacerdote cuando una persona estaba a las puertas de la muerte. Y desde un punto de vista práctico, si una persona va al hospital para una cirugía, el contacto del paciente con el sacerdote de la parroquia para recibir la unción de los enfermos de antemano es lo más apropiado.

El Sagrado Crismas es consagrado en la Misa de Crismas. Básicamente es aceite de oliva, que se mezcla con bálsamo, una substancia muy fragante, que hace el Crismas tan aromático. Se usa Crismas en el bautismo, significa el carácter del sacerdocio en todo de nosotros. En la celebración de la Confirmación, se unge al candidato en la frente y sellándolo con el don del Espíritu Santo. Se usa en la ordenación de los sacerdotes se ungen sus manos abiertas.

Se usa el Crismas en la ordenación de un obispo, vertiéndolo sobre su cabeza. Y finalmente, se usa para consagrar un altar. Sólo recientemente tuve el privilegio de ungir el altar de la Capilla de San Miguel Arcángel en el complejo Estudiantil Universitario Kennedy en el Campus de Gonzaga, lo mismo que hice hace un año por el altar en la capilla del Seminario Bishop White. No se da testimonio de la ceremonia a menudo; normalmente se produce durante la dedicación de una iglesia nueva. Se vierte el Crismas en las cuatro esquinas del altar y en el medio, y entonces el celebrante desparrama el Crismas sobre todo el altar. Una oración muy bella y significativa acompaña esta acción litúrgica.

Estos rituales de ungir es un tesoro real para nosotros en la Iglesia. Nos recuerdan de una manera muy especial nuestros encuentros con Cristo en la celebración de los sacramentos, de cómo el toque de la unción nos afirma y confirma el amor de Jesús y de la Iglesia. Espero que sigamos siendo agradecidos por este regalo y bendición.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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