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Viviendo la Providencia

por la Hermana Myrta Iturriaga SP

(Del edición 26 octubre 2006 del Inland Register)

Sister Myrta Iturriaga SP La inseguridad de la vida, nos debe llevar a la realización de que estamos en las manos amorosas de Dios. La seguridad no esta en nuestras manos, no sabemos que nos trae el futuro, no sabemos si mañana tendremos trabajo y con ello va alimento, salud, casa, etc. Tampoco podemos asegurar si estaremos saludables o vivos. (Un accidente y no incapacita para el resto de nuestra vida.)

Las autoridades de un país, son los que nos representan, ellos deberían tener como primera tarea, proteger a los más frágiles de la comunidad y no lo están haciendo.

Tenemos una guerra que mantener, lo que ha creado una inestabilidad económica, en ella los más afectados, terminan siendo siempre los más pobres, los más frágiles de nuestra comunidad, incluyendo a las victimas, aquellos participan en la guerra.

Vemos que nuestros ancianos son alimentados por la caridad comunitaria, casas edificadas, por generosos voluntarios, para familias de escasos recursos o para los que han sido afectado por crisis naturales y así poco a poco, nuestros representantes ante el gobierno, van dejando atrás sus responsabilidades, podemos decir que tenemos un país enfermo.

Alguien dijo que “la salud de la comunidad se mide por el trato que reciben los más pobres y débiles de entre nosotros”

Los trabajadores, empleados, no tienen ninguna seguridad, para el futuro, su pensión ya esta gastada.

Ponernos en manos de Dios, no significa cruzarnos de brazos frente a estas realidades. Estamos en tiempo de elecciones y cada uno de nosotros tiene una grave responsabilidad social, tenemos que elegir a quien realmente garantice su preocupación por la comunidad, tenemos que revisar sus actividades en la comunidad, que han hecho por los más delicados y como ha respondido a sus necesidades.

La caridad cristiana es un recurso que debe estar siempre presente, pero no puede ser permanente en la vida de las personas. La justicia social frente a los derechos humanos de cada persona, debe de cuidar y tener presente siempre su dignidad, como ciudadano.

Alguien que ha dado toda su vida al trabajo y ha pagado para tener un digno tiempo de retiro, no puede terminar abandonado en la pobreza, sin la posibilidad de gozar de aquello que han ganado con gran esfuerzo y con grandes sacrificios, a través de su historia personal, cuando aun tenía la posibilidad de trabajar.

Pensamos que no tenemos esclavos, pero estamos haciendo otro tipo de esclavos, hacemos trabajar a los pobres, para hacernos ricos, pagándoles una miseria, con la que les es imposible vivir y atender a sus familias.

Justicia es amar a los demás y darles lo que les corresponde, Dios habla con palabras muy duras sobre la injusticia. ¿Que hemos hecho nosotros con el único mandato que Dios nos ha dado?

“Amanse unos a otros, como yo les he amado, hasta dar la vida por cada uno de ustedes”

¡Es un llamado a todos, o es que no nos sentimos llamados, hacer lo mismo!

Miramos la realidad y nos sentimos agobiados, frente a las urgentes necesidades de la gente, nos sentimos incapaces de resolver aquello que el mundo necesita.

La televisión y los medios de comunicación, nos hacen llegar fotografías y cuadros dramáticos de esta realidad, en forma instantánea. Todo esto nos pone ante dos posiciones, nos produce estrés (angustia), o nos hace indiferentes (fríos), frente a todo lo que pasa.

El “estrés” es el común denominador, es decir un cansancio que nos lleva al límite de nuestras capacidades, no tenemos tiempo para descansar lo necesario y gozar de una relación tranquila y relajada con Dios, con la familia, la naturaleza y las amistades. El estrés es la puerta de entrada, al deterioro de la salud física y mental de los individuos.

Se nos hace imposible tomar tiempo para estar sanos, para reponernos, seguimos sin escuchar a Dios que nos pide “Ama a los demás, como te amas a ti mismo”.

Recuerden que la creación esta en manos de Dios, que nosotros somos administradores, que Dios nos pide hacer lo que podemos, no estamos llamados a resolver “todos los problemas de la humanidad”. A veces pensamos que tenemos esa responsabilidad, (al menos yo), y ponemos en nuestros hombros tareas que exceden nuestras capacidades reales.

¿Qué podemos hacer frente a esta situación?

Podemos hacer un tiempo diario de oración, y en el silencio escuchar lo que Dios quiere de nosotros ese día.

Tomemos con calma cada día, haciéndonos responsables por sólo aquello que podemos hacer. No podemos cambiar o hacer todo, esa es tarea de Dios y de todos nosotros juntos. Un día nosotros nos iremos y otros continuaran nuestra misión. Si yo muero o me enfermo, seguro que el mundo seguirá caminando y que los que vienen asumirán la continuidad de la misión, en forma diferente, por que su realidad será distinta.

Dios en su Amor Providente, quiere trabajar con nosotros, ahora es nuestro tiempo, hagámoslo en forma responsable y mostremos ese gran amor de Dios al mundo, en nuestra Misión, el trabajo de cada día.

1. ¿Con qué puntos de esta reflexión te has sentido/a identificada/o?

2. ¿Qué puedes hacer para mejorar tu trabajo misionero, en la realidad que vives?

3. ¿Cómo podemos ayudar a otros a crecer, en el respeto a la dignidad humana de cada persona? (hoy pareciera que hemos perdido el respeto a la vida)

Estas preguntas pueden ser trabajadas en forma personal o en grupos de reflexión.


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