Catholic Diocese of Spokane, Washington



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Del Administrador Diocesano
‘Sede vacante’: Aún no tenemos obispo en nuestra diócesis

por el Padre Michael Savelesky, for the Inland Register

(del edición 18 diciembre 2014 del Inland Register)

Father Michael Savelesky Es una tradición que nuestra oficina de comunicaciones en la curia siempre realiza una encuesta para los lectores del periódico diocesano llamado Inland Register, y los encuestados siempre dicen que columna les gusta más. La Columna del Obispo constantemente es identificada como la más leída de todas. Y así debe de ser. La Oficina del Obispo es la principal de nuestra Iglesia diocesana. Esta oficina siempre gobierna y supervisa la predicación, la enseñanza y la santificación de la Diócesis que es de suma importancia.

Es por eso que nuestro periódico diocesano llamado Inland Register le dedica esta columna aquí en la página 5 al tema “Sede Vacante”, que era, por así decirlo, la columna donde el Obispo Cupich siempre escribia en estos pasados cuatro años – así como lo hicieron sus predecesores, los Obispos Skylstad, Welsh y Topel.

La experiencia de la sede vacante (palabras en Latín que significan que la “silla o la diócesis está vacía o no tiene obispo”) hace referencia técnicamente al hecho de que no hay ningún obispo en la diócesis y que no puede sentarse en su silla o Cátedra. La Diócesis de Spokane no tiene obispo, y (muy apropiado para esta temporada de Adviento) esperamos en silencio; esperamos con esperanza que un obispo sea nombrado para nosotros.

Entretanto, la iglesia local se rige por un administrador Diocesano electo por el cuerpo que ahora colabora con él como asesores, el colegio de consultores. Desde mi elección para este papel el mes pasado, he contado con ellos, así como con sus oraciones. Por favor, les pido que oren por mí y por los consultores, para estar abiertos a la sabiduría de Dios para poder orientarlos hasta que recibamos a nuestro nuevo obispo. El proceso está en marcha para hacer la selección. Así que cada mañana cuando llego a la curia, lo primero que hago es realizar una caminata en el Obispado para ver si alguien está sentado en el escritorio del Obispo. Esa silla también esta vacia, como la silla en la catedral.

En las ediciones pasadas del Inland Empire Catholic Messenger, que es el predecesor del precursor periódico diocesano llamado Inland Register, se registra que nuestra diócesis de Spokane experimentó una sede vacante entre los meses de diciembre de 1925 y de febrero de 1927. Entre los obispos A.F. Schinner y Charles D. White, el sacerdote W. J. Metz desempeñó el cargo de administrador Diocesano. Ojalá y no pase tanto tiempo para que tengamos obispo aquí.

Nuestra experiencia actual de la sede vacante – que no sabemos cuánto tiempo vamos a estar sin obispo – es inusual y lleva consigo un sentido de pérdida, de ausencia y de anhelo para tener un obispo. El contexto eclesial no es la única circunstancia en las que podemos experimentar este fenómeno. A menudo, las sillas vacías evidencian corazones vacíos en un hogar donde ha muerto un ser querido, o donde un hijo o hija se ha ido a la Universidad, o donde un padre o una madre están en viaje de negocios. Hay algo que falta.

En todos los contextos, la experiencia es inquietante. Tanto individual como colectivamente, el abordar esta situación lleva su propia bendición. La situación en la diócesis en este momento nos da esa oportunidad. Una diócesis necesita un obispo, su pastor principal, tanto como el propio Obispo necesita de nosotros, los sacerdotes y laicos que servimos a la misión de la iglesia en unión con él. Tanto como la naturaleza de nuestra identidad católica y la sucesión de los apóstoles que son las anclas de nuestra fe, la silla vacía es un duro recordatorio de que la misión de Cristo no empieza ni termina con la persona que se sienta en la silla. El ministerio y la misión no son un concurso de popularidad. El Sacramento del Sacerdocio se expresa en plenitud en la oficina del obispo que es fundamental para la iglesia local, pero la misión del cuerpo de Cristo sigue con o sin él, en un sentido muy real. ¿No nos acordamos de que la enseñanza del Concilio Vaticano II es que todo el pueblo de Dios – el clero y los laicos por igual – compartimos la responsabilidad común para la predicación, la enseñanza y la santificación en el ministerio de la iglesia? ¿No somos cada uno de nosotros ungidos con el crisma sagrado en el bautismo y así tenemos la vocación de ser sacerdotes, profetas y reyes? Nosotros podemos estar esperando en silencio y la esperanza de un nuevo obispo, pero nuestra espera no es nula y sin objetivo; no le falta propósito y una llamada inherente a la responsabilidad por la vida de la iglesia.

Nuestra sede vacante me recuerda una frase de mi madre cuando ella y mi papá se iban de la casa: “Cuando no está el gato, los ratones hacen fiesta” Levantando un poco el tono de su voz, ella siempre había dicho esta frase cuestionándonos de no portarnos mal. Tuvimos que tomar una decisión. Sabíamos lo que quiso decir. El ser responsables cuando nuestros padres no están es la verdadera prueba de nuestra madurez y el sentido de la atención colectiva para el hogar. Daría pruebas de cuánto hemos apreciado el ser una familia respetada y cuidada por el otro y el trabajar juntos para el bien de todos. El recordatorio: papá o mamá no debían estar presentes para asegurar que las tareas se realizaran, esa tarea se completaron, y esa vida familiar es llevada en forma equilibrada y amorosa.

La imagen que viene a nuestra mente en nuestra diócesis es este período de ausencia. La bendición oculta de este tiempo puede ser un llamamiento a la mayor responsabilidad que se nos ha sido confiado. La misión de la iglesia continúa mientras esperamos a un nuevo obispo. Es uno de los elementos fuertes de nuestra tradición católica. La vida pastoral de la iglesia continúa en nuestras parroquias y los sacramentos continuarán proporcionando encuentros de gracia. Las necesidades administrativas de la diócesis seguirán abordándose. Es la prueba de nuestra madurez y nuestro sentido de propiedad de la iglesia.

Este tiempo de sede vacante es también una prueba de nuestro compromiso práctico de las necesidades financieras de la iglesia. Puede haber una tendencia a no donar dinero mientras que no haya un obispo en la diócesis. Pero hay que tener en cuenta, por ejemplo, que nuestras contribuciones a la colecta de Navidad para las Caridades Católicas este año y la Colecta Anual Católica en el 2015 deben de continuar y serán nuestros regalos para la misión de la iglesia. Las necesidades de la misión de Cristo nos siguen desafiando. Debemos de seguir ayudando a la iglesia aunque la silla de la diócesis sea ocupada de manera simbólica por un administrador. El saber resolver esta experiencia como una familia católica es la prueba más difícil de nuestra madurez y de nuestro sentido de misión.

Estamos en Adviento. Esperamos en silencio y nos preparamos para las fiestas de Navidad. ¡Que todas las bendiciones y la paz que se le prometieron al Hijo de María estén con todos nosotros! Durante esta temporada sagrada – y siempre – apoyémonos los unos a los otros con oraciones, con buena voluntad y con un compromiso renovado con la misión de aquel cuyo nacimiento ocupa nuestros corazones en esta época del año.

Dios los bendiga!

(Father Savelesky está el administrador del Diocesano de Spokane.)


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