Catholic Diocese of Spokane, Washington



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Del Administrador Diocesano:
¡Oh, Hermano!

por el Padre Michael Savelesky

(del 21 mayo 2015 Inland Register)

Father Michael Savelesky Lee el titulo otra vez – “¡Oh, hermano!” – y toma un momento para identificar la primera imagen que te viene a la mente relacionada con esta frase. Me imagino que casi todos nosotros relacionamos esta frase con una expresión que uno diría cuando está un poco frustrado, como por ejemplo, cuando nos encontramos en medio de mucho tráfico.

Es interesante como el lenguaje puede orientar y limitar nuestra conciencia. ¿Porque esta frase no nos hace pensar en un estudiante que le está rogando a su maestro que le ayude con un problema de matemáticas? o ¿porque no pensamos en una pregunta que se le hace al cocinero principal acerca de la cena especial de la noche? o porque no nos imaginamos a alguien que está tratando de llamar al atención del director de finanzas de la parroquia que está cruzando la calle?

En estos ejemplos y otros similares – “¡oh, hermano!” – se usa para reconocer a un hombre en la comunidad que ha recibido la vocación de la vida religiosa, pero que no es ordenado.

Un miembro de una orden religiosa católica o instituto, un hermano religioso es un hombre que se ha dedicado a seguir a Jesucristo en la vida consagrada la cual normalmente se caracteriza por los votos de pobreza, castidad y obediencia. Él vive de acuerdo a las reglas de la manera de vivir de la comunidad a la cual se ha unido. La hermandad es una vocación en sí misma, y requiere un tiempo único y una manera única de formación y discernimiento.

Ciertamente, la historia ha demostrado que un hermano normalmente entra en el estereotipo de un hombre triste que no pudo llegar a ser sacerdote. Siendo un hombre que es laico en la Iglesia (no ordenado), un hermano normalmente vive en una comunidad religiosa y trabaja en un ministerio que aprovecha sus talentos y regalos. Un hermano puede ser un eléctrico, maestro, enfermero, doctor, ingeniero, cocinero, artista, abogado, técnico, ministro parroquial o científico. La contribución de sus cualidades a la comunidad a la que pertenece, y a la Iglesia en general, pertenece a la tradición que va más allá del origen de los primeros monasterios y órdenes religiosas.

Los hermanos son miembros de una gran variedad de comunidades religiosas que pueden ser contemplativas, monásticas, o algunas que tienen un carácter apostólico. Algunos institutos religiosos tienen solamente hermanos; otros son comunidades mixtas de hermanos y clérigos.

Ahora en la diócesis de Spokane no encontramos un hermano religioso frecuentemente. Posiblemente si se toma una encuesta entre los fieles puede que encontremos que muchas personas piensan que no hay ningún hermano en la diócesis. Pero eso no es verdad. Hoy un hermano Franciscano vive en el convento de la parroquia de San Francisco de Asís en Spokane. Otros tres hermanos viven en la comunidad Jesuita asociada con la comunidad de Gonzaga.

Históricamente los hermanos han sido parte de la historia de nuestra diócesis desde su comienzo hace más de 100 años. Los hermanos normalmente acompañaron a los primeros misioneros Jesuitas que vinieron a estos territorios del noroeste que ahora pertenece a la diócesis de Spokane. Ellos ayudaron a establecer parroquias, construir iglesias y educar a los primeros americanos así como a los conquistadores en la fe Católica. “¡Oh, hermano!” sin dudar fue un saludo o llamada que se escuchó en esos días.

Los hermanos Cristianos trabajaban en el instituto La Salle, una de las primeras escuelas en la diócesis, localizada en Walla Walla. Ellos estaban en un área muy conocida por su gran cantidad de agua. Los hermanos después se movieron a la costa oeste cuando la diócesis de Walla Walla fue suprimida en 1856 y la sede eclesiástica fue transferida a la diócesis de Nesqually que fue la predecesora a la Arquidiócesis de Seattle. Muchos años después la orden Mariana mando sacerdotes y hermanos a Walla Walla a ensenar en una red de escuelas Católicas ahí.

A través de los años, los hermanos también han estado asociado con los Franciscanos quienes han contribuido muchísimo a la historia de nuestra Diócesis. Y alguno de nosotros podemos recordar el grupo de Hermanos de la Caridad, quien el Obispo Bernard Topel trato de formar en los 1960’s con algunos de los hombres a quienes conoció en la Casa de Caridades en el centro de Spokane. La historia de este grupo fue muy corta por muchas razones pero el ideal era algo bueno.

Ahora que el Papa Francisco ha nombrado este año de la vida consagrada, nuestros pensamientos se vuelven hacia los hombres y mujeres religiosos que han servido a nuestra Diócesis. Muchas de esas órdenes siguen siendo muy conocida en esta parte del Estado de Washington. No podríamos tener un buen anido de la vida consagrada si no reconociéramos a aquellos que nos han servido con sacrificio y dedicación – nuestros hermanos. Porque son pocos, a veces no son nombrados en conversaciones, pero su testimonio a los votos que han tomado es importante.

(¡Oh, hermano!) – Gracias – y que la bendición especial de Dios te guie en tu trabajo y ministerio. Estamos agradecidos por tu continuo testimonio de discipulado y servicio a los demás.

(El Padre Savelesky es el administrador electo de la Diócesis Católica de Spokane.)

– Tradujo Padre Miguel Mejia


Oración para el Año de la Vida Consagrada

Oh Dios, tú que a través de los tiempos has llamado a mujeres y hombres a fin de que vivan la caridad perfecta por medio de los consejos evangélicos de la pobreza, la castidad y la obediencia. Durante este Año de la Vida Consagrada te damos gracias por estos valientes testigos de la fe, que son también modelos de inspiración. Con su empeño por lograr la santidad ellos nos enseñan a ofrecerte nuestra vida de una manera más perfecta. Te pedimos que continúes enriqueciendo a tu Iglesia con hijos e hijas que, habiendo encontrado la perla de gran valor, atesoran el Reino de los cielos por encima de todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos, Amén.


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